La memoria no es un territorio estable. Se transforma, se fragmenta, se reescribe y, a menudo, sólo sobrevive gracias a los rastros que decidimos conservar. Esta es la premisa de El archivo de la memoria volátil, una propuesta expositiva que reúne a las artistas África Morgui Súnico, Ana Lucía Garcia Hoefken, Jazmín Olesa Sancho, Irene Trujillo Villegas, Agustina Fioretti, Alba Acebes Macià, Cristina Cebrecos Noriega, Maria Rodon Peyrí y Nicole Vindel qué intentamos preservarlo.
Lejos de entender el archivo como un dispositivo de clasificación inmutable, la exposición lo presenta como un organismo vivo, capaz de transformarse al mismo ritmo que lo hacen las experiencias humanas. El recorrido establece un diálogo entre memoria individual y colectiva, entre historia y biografía, proponiendo una mirada crítica sobre la necesidad casi obsesiva de fijar lo que, por definición, es fugaz.

PRODUCTO TERMINADO & EXTRACCIONES - Ana Lucia Garcia Hoefken.
Uno de los hilos conductores es la relación entre territorio y recuerdo. Ana Lucía Garcia Hoefken, con El estático en movimiento , observa el paisaje como un cuerpo vivo sometido al paso del tiempo. Sus piezas cuestionan el impulso humano de controlar la naturaleza, mostrándola como una realidad que acaba siempre escapando a cualquier intento de dominio. El paisaje deja así de ser un escenario para convertirse en una metáfora de la memoria: aparentemente estable pero en permanente transformación.
Este vínculo con la tierra continúa en la obra de Jazmín Olesa Sancho, que en Parcelas sin título traslada fragmentos de territorio al espacio expositivo. Al descontextualizarlos, convierte la materia en documento y plantea una pregunta sugerente: ¿hasta qué punto la memoria también habita los materiales? La obra propone una arqueología del presente donde la tierra se convierte en depósito de tiempo acumulado.
La construcción del record desde el deseo aparece con fuerza en Altar para una memoria que nunca existió pero que incluye más de cincuenta caballos , de Irene Trujillo Villegas. La pieza explora la capacidad de la memoria para inventar relatos, demostrando que recordar nunca es un acto objetivo, sino una reconstrucción condicionada por las emociones, ausencias y expectativas.

Herencia - Jazmín Olesa Sancho / Pensar cajones, traducir contornos - Maria Rodon.
La idea de archivo adquiere una dimensión política en el trabajo de Agustina Fioretti. Con ¿Cómo devolver portables las cosas? , el artista amplía el concepto de documento más allá de los registros institucionales y reivindica las historias familiares y afectivas como espacios de resistencia. Su trabajo evidencia que cualquier archivo es también una selección y, por tanto, un posicionamiento sobre qué merece ser recordado.
Esta mirada coral se completa con Alba Acebes Macià, que en Como algo que permite ser grieta y hacha a la vez construye un archivo de voces diversas en torno a las relaciones entre amor y rabia. La obra desplaza a la autoría individual para dar protagonismo a una memoria compartida, construida desde múltiples experiencias que conviven, se complementan y también se contradicían.
La desaparición de los recuerdos es el punto de partida de Cristina Cebrecos Noriega. En Sistema de tuberías no intenta reconstruir una memoria completa, sino atender a sus residuos. Su propuesta pone el foco en las huellas, en los fragmentos que permanecen cuando el recuerdo se desvanece, convirtiendo la pérdida en materia de creación artística.
Por su parte, Maria Rodon Peyrí, con Pensar cajones, traducir contornos , cuestiona la idea lineal del tiempo. Los cajones funcionan como metáfora de los espacios mentales en los que se acumulan vivencias que no siguen ningún orden cronológico. El pasado aparece así como una estructura abierta, en la que cada evocación reorganiza la historia personal.
El recorrido concluye con Nicole Vindel y Privilegi de una falsa abundancia , una obra que dirige la atención hacia los gestos más cotidianos y aparentemente insignificantes. Archivar unos platos sucios o los restos del día a día significa reconocer que la memoria también se construye desde lo ordinario, desde los detalles que habitualmente pasan desapercibidos pero que acaban definiendo una época y una forma de vivir.
El archivo de la memoria volátil ofrece una lectura contemporánea de la memoria alejada de cualquier nostalgia. Las obras no buscan preservar el pasado de forma inmutable, sino evidenciar que recordar es siempre un acto de transformación. El conjunto destaca por la coherencia conceptual y la diversidad de lenguajes con que las artistas abordan una misma cuestión, convirtiendo la exposición en una reflexión sobre la fragilidad de los relatos que construimos y sobre la imposibilidad de retener el tiempo sin modificarlo. Más que conservar el recuerdo, la muestra nos recuerda que toda memoria es, inevitablemente, una forma de creación.