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Tess Jaray, la geometría como memoria

Fallece a los 88 años una de las grandes renovadoras de la abstracción británica, cuya obra tendió puentes entre la pintura, la arquitectura y el espacio público.

Tess Jaray, la geometría como memoria
bonart londres - 26/06/26

La historia de Tess Jaray (Viena, 1937 – 2025) es la de una artista que convirtió la precisión geométrica en un lenguaje profundamente humano. Pintora, grabadora y docente, fue una de las figuras más singulares de la abstracción británica de la segunda mitad del siglo XX, desarrollando una obra en la que el color, el ritmo y la arquitectura dialogaban con la memoria, el espacio y la percepción. Su fallecimiento, a los 88 años, pone fin a una trayectoria de más de seis décadas marcada por la experimentación y una extraordinaria coherencia artística.

Nacida en Viena en el seno de una familia judía vinculada al mundo de la cultura, su infancia quedó inevitablemente marcada por el ascenso del nazismo. Tras la anexión de Austria por la Alemania nazi en 1938, Jaray huyó junto a sus padres al Reino Unido, donde la familia se estableció en el condado de Worcestershire. Aquella experiencia del exilio convivió siempre con el recuerdo de los familiares que no lograron escapar: algunos fueron deportados a los campos de concentración de Theresienstadt y Auschwitz, mientras que su tío Richard Jaray fue asesinado en el gueto de Łódź. Aunque su pintura nunca abordó de manera explícita estos episodios, la idea de la memoria y del lugar atravesó silenciosamente toda su producción.

Su formación artística comenzó en la St Martin's School of Art y continuó en la prestigiosa Slade School of Fine Art de Londres, donde se graduó en 1960. Ese mismo año obtuvo una beca para viajar por Italia, una experiencia decisiva que despertó una fascinación permanente por la arquitectura clásica y el urbanismo. Desde entonces, edificios, pavimentos, escaleras y trazados urbanos se convertirían en referencias constantes dentro de una pintura que nunca buscó representar la realidad, sino captar sus estructuras esenciales.

A comienzos de la década de 1960 desarrolló el lenguaje que definiría su carrera: composiciones de abstracción geométrica construidas mediante líneas nítidas y superficies perfectamente delimitadas. Alejada del gesto expresionista, Jaray concebía cada obra a partir de numerosos dibujos preparatorios y una meticulosa planificación. El uso de cintas de enmascarar eliminaba cualquier huella del pincel, reforzando la limpieza visual de unas composiciones que evocaban fachadas, recorridos arquitectónicos o secuencias espaciales sin llegar nunca a describirlas literalmente.

Con el paso del tiempo su investigación formal incorporó nuevos materiales y tecnologías. En series realizadas a partir de los años 2000, como Thorn, sustituyó el lienzo por soportes metálicos pintados con acrílico sobre los que intervenía mediante corte láser, profundizando aún más en la relación entre superficie, luz y geometría.

La arquitectura dejó de ser únicamente una inspiración para convertirse también en un campo de trabajo. Desde la década de 1980 recibió numerosos encargos de arte público que integraban su lenguaje abstracto en espacios de uso cotidiano. Entre los más destacados figuran el pavimento de la estación Victoria de Londres, la plaza de ladrillo de la catedral de Wakefield o el suelo de piedra de la iglesia de St. Mary's, en Nottingham. Estas intervenciones consolidaron su reconocimiento más allá del ámbito pictórico y le valieron, en 1995, el nombramiento como miembro honorífico del Royal Institute of British Architects, un reconocimiento excepcional para una artista visual.

Su influencia se extendió también al ámbito de la enseñanza. Entre 1968 y 1999 dirigió el programa de posgrado de la Slade School of Fine Art, donde formó a varias generaciones de artistas británicos, entre ellos Martin Creed, ganador del Premio Turner. Más que transmitir un estilo, defendía una manera rigurosa de entender el proceso creativo, basada en la observación, la disciplina y la investigación constante.

Los reconocimientos institucionales llegaron con naturalidad a una carrera ya consolidada. En 2010 fue elegida miembro de la Royal Academy of Arts y, siete años más tarde, recibió el título de profesora honoraria de la Norwich University of the Arts, en reconocimiento a su contribución tanto a la creación artística como a la educación.

La obra de Tess Jaray ocupa un lugar singular dentro de la abstracción contemporánea. Lejos de los excesos del gesto o de la espectacularidad formal, construyó un universo silencioso donde la geometría se convertía en experiencia sensorial y la arquitectura en una forma de pensamiento. Sus pinturas, grabados e intervenciones públicas siguen recordando que las líneas más precisas también pueden contener emoción, memoria y tiempo.

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