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Exposiciones

La Sombra de la memoria

Joan Crous convierte el cristal, la ceniza y los vestigios del presente en una poderosa reflexión sobre la destrucción y persistencia humana.

Foto: Yurian Quintanas
La Sombra de la memoria
bonart banyoles - 12/06/26

La iglesia del Monasterio de Sant Esteve de Banyoles acoge hasta el 13 de agosto La Sombra. La città degli uomini , una instalación monumental del artista y artesano banyolí Joan Crous (Banyoles, 1962), afincado en Bolonia desde la década de los noventa. Concebida a lo largo de más de cinco años de trabajo, la prenda representa una de las propuestas más ambiciosas, personales y radicales de su trayectoria. La muestra está organizada por La Bombonera y la Fundación Lluís Coromina e Isern, con el apoyo de la Diputación de Girona y la colaboración de bonart, una alianza institucional que hace posible que esta propuesta artística de gran formato se presente en un espacio patrimonial tan significativo como el monasterio banyolí.

La obra, una gran superficie escultórica de siete metros de ancho por cuatro de altura, está formada por 770 baldosas de pasta de vidrio, suelo y miles de fragmentos moldeados en moldes de arena. Su fuerza visual nace de una profunda reflexión sobre el bombardeo de Gernika de 1937 y establece un diálogo inevitable con la memoria ética y visual del Guernica de Picasso, en el contexto de la conmemoración del próximo aniversario de ese trágico episodio histórico.

  • Foto: Yurian Quintanas

Sin embargo, Crous no pretende representar la guerra ni reconstruir sus horrores de forma narrativa. La Sombra se mueve en un territorio mucho más sutil: ese espacio frágil donde el recuerdo deja de ser relato para convertirse en rastro, sedimento y materia. La obra no habla de la explosión, sino del silencio que viene después; no muestra el evento, sino lo que persiste cuando el tiempo ha pasado: los restos, las ausencias y las sombras.

Esta idea toma forma mediante una técnica desarrollada por el propio artista, conocida como el “envoltorio”, un proceso de fosilización material en el que objetos abandonados, fragmentos de la cotidianidad, polvo, cenizas y sedimentos quedan atrapados dentro de la transparencia del vidrio. Privados de su función original ya menudo también de su identidad reconocible, estos elementos se transforman en testimonios silenciosos de un tiempo que se desvanece.

  • Foto: Yurian Quintanas

La práctica artística de Joan Crous se construye así como una auténtica arqueología del presente. La memoria no se conserva a través del documento o del relato, sino que emerge directamente de la materia: en una grieta, en una superficie erosionada, en una forma que todavía conserva la huella de lo que existió.

Polvo de vidrio, ceniza, transparencias y fracturas recorren toda la instalación. Todo parece hablar de una realidad en proceso de desaparición, pero la pérdida nunca es absoluta. Bajo la superficie aparentemente inerte todavía late una presencia mínima, una memoria latente que resiste al paso del tiempo. Es en esta tensión entre desaparición y permanencia donde La Sombra despliega su dimensión más conmovedora: una meditación poética sobre la fragilidad humana y sobre la capacidad de la materia de conservar todavía el eco de las vidas que la han atravesado.

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