Un modelo de residencia basado en el acompañamiento, la investigación y la convivencia transdisciplinar que redefine el papel de las instituciones culturales contemporáneas. Esta podría ser una primera definición de lo que es y simboliza el Centro de Residencias Artísticas (CRA), ubicado en la Nave 16 de Matadero en Madrid. Un espacio que se ha consolidado como uno de los espacios de referencia para la creación contemporánea en España. En este entorno de trabajo compartido, artistas, músicos, educadores y agentes culturales desarrollan procesos de investigación alejados de la presión de la exhibición inmediata, en un marco que apuesta por el tiempo largo, la experimentación y la convivencia interdisciplinar.
Desde su consolidación como programa estable en 2017 dentro del complejo cultural Matadero Madrid, el CRA ha apostado por fortalecer el tejido creativo de la ciudad a través de un modelo de residencia que prioriza el intercambio y la colaboración. Sus instalaciones —con puestos de trabajo personalizados y espacios comunes como el auditorio, el cubo negro, la sala de edición, el office o los talleres— no solo funcionan como infraestructuras de producción, sino como dispositivos de relación: lugares donde las ideas circulan entre residentes, mentores y agentes invitados, generando una comunidad de trabajo en permanente transformación.

MP3, residents de música electrónica, 2024. Fotografías: IDC Studio/Matadero Madrid.
En ese ecosistema, el CRA se define menos como una máquina de resultados que como un espacio de proceso. "Lo que más me atrajo del Centro fue volver a trabajar mano a mano con los artistas", explica su responsable desde marzo de 2024, Luisa Espino, historiadora del arte, crítica de arte y gestora cultural, en declaraciones a Bonart. "Vivir el día a día del proceso creativo, con sus dudas, sus certezas y sus retos, es un lujo". Su incorporación ha reforzado una línea de trabajo que pone el acento en el acompañamiento, la escucha y la construcción de contextos más que en la producción de objetos cerrados.
EMERGENCIA CLIMÁTICA. El CRA puede acoger hasta 19 proyectos simultáneos de naturaleza diversa: residencias de artes visuales, música, cine (con convocatoria ahora abierta en colaboración con Cineteca Madrid, arte y educación o investigación situada (esta última convocada por Medialab Matadero). A este ecosistema se suman iniciativas de colectivos como Debajo del Sombrero, centrado en la creación con personas con (dis)capacidad intelectual, o AMECUM, la Asociación de Mediadoras Culturales de Madrid, lo que amplía aún más la dimensión social y relacional del espacio. "La convivencia entre perfiles es uno de los aspectos más enriquecedores del centro", señala Espino, subrayando la riqueza de un modelo donde la "diferencia" disciplinar se convierte en motor de pensamiento.

Debajo del sombrero, 2026. © Matadero Madrid / Arde Visual.
En su nueva etapa, el CRA ha incorporado también líneas curatoriales específicas. Una de las más destacadas es la convocatoria centrada en la emergencia climática, que busca incorporar una reflexión transversal sobre el medio ambiente en los procesos de creación contemporánea. "No se puede entender el arte del siglo XXI sin tener en cuenta la crisis climática", afirma Espino. En esta línea, los proyectos abordan cuestiones como el agua, la energía, los cultivos intensivos, el extractivismo o la botánica, configurando un campo de trabajo donde el arte se cruza con los debates urgentes del presente.
PROCESOS ABIERTOS Y PUERTAS ABIERTAS. Otra de las apuestas recientes es la invitación a artistas de media carrera para desarrollar proyectos situados en el contexto específico de Matadero Madrid. En 2024, con motivo del centenario del complejo, se encargaron proyectos a creadores como Fernando Sánchez Castillo o el dúo formado por Marta de Gonzalo y Publio Pérez Prieto, que exploraron desde la memoria histórica del espacio hasta la construcción de relatos colectivos sobre lo público. Actualmente, el centro prepara nuevas colaboraciones, como la de María Jerez, que abordará la relación entre maternidad y práctica artística.Las residencias, en este modelo, no se conciben como etapas "productivas" cerradas, sino como procesos abiertos. "No respondemos a la lógica productivista a la que estamos acostumbrados", apunta Espino. "No se exige un resultado final, aunque muchos proyectos acaban generándolo". El acompañamiento —a través de mentorías con perfiles como la comisaria Bea Espejo o el artista Antonio Ballester Moreno — se convierte en una pieza clave del dispositivo, garantizando una interlocución constante que permite a los artistas situar y repensar sus investigaciones.

Las suertes | Performance de Marta de Gonzalo y Publio Pérez Prieto comisariada por el CRA dentro de la programación Matadero, 100 años. ©IDC Studio-Matadero.
A lo largo del año, el CRA articula además una programación pública que abre parcialmente sus procesos al exterior. Las Jornadas de Puertas Abiertas, las próximas el 12 y 13 de junio, o el programa Se abre el telón, junto a encuentros como En boca de artista, funcionan como momentos de exposición del proceso más que del resultado. En ellos, los artistas comparten sus investigaciones en conversación con comisarios y agentes culturales, ensayando narrativas y formas de comunicación en un entorno distendido.
En este sentido, el CRA se entiende hoy como un laboratorio de pruebas, un espacio donde el error, la deriva y la experimentación no solo son posibles, sino necesarios. Un lugar donde el arte no se presenta como producto acabado, sino como proceso vivo en constante transformación, sostenido por una comunidad que se piensa a sí misma mientras trabaja.

Performance Vos a nos a otras de Hodei Herreros, dentro del programa Se abre el telón, 2026. Créditos: © Matadero Madrid / Arde Visual / Fernando Tribiño.
EL ARTE DESDE DENTRO: VISIÓN SISTÉMICA. En un sistema del arte cada vez más interconectado, la trayectoria profesional de Luisa Espino atraviesa distintos ámbitos —de la prensa especializada a las instituciones públicas, pasando por galerías y centros internacionales—, una experiencia que, según explica, ha configurado una mirada transversal sobre el ecosistema cultural contemporáneo. "Todo suma", señala. Haber trabajado en esos distintos eslabones le ha permitido entender cómo se articula el sistema del arte desde dentro. La crítica, apunta, ofrece una formación basada en la observación y la escritura como herramienta de análisis; las galerías, en cambio, acercan a la relación directa con el proceso de producción artística y al mercado como estructura de sostenibilidad profesional; mientras que las instituciones se sitúan como el lugar de visibilización final de procesos iniciados en estudios, residencias o espacios de producción. "Todo está conectado y se retroalimenta", resume.
Esa visión sistémica también atraviesa su lectura del papel del comisariado contemporáneo. Para Espino, la figura del "comisario estrella" ha dado paso a modelos más horizontales, centrados en el acompañamiento. El valor hoy, sostiene, reside en el diálogo sostenido entre comisario y artista, una relación menos jerárquica y más cercana a la escucha y la colaboración en los procesos de trabajo.
EL PAPEL DE LAS MUJERES Y LOS JÓVENES. Preguntada por el papel de las mujeres en el sistema del arte, Espino reconoce los avances de los últimos años, pero subraya que las desigualdades estructurales persisten. Recuerda datos todavía recientes sobre la escasa representación femenina en colecciones institucionales y apunta a la necesidad de seguir trabajando en esa dirección. En este sentido, menciona el papel de asociaciones como la Asociación de Mujeres en las Artes Visuales (MAV), clave en la vigilancia del cumplimiento de la Ley de Igualdad. Desde el Centro de Residencias Artísticas (CRA), afirma, estos criterios se tienen en cuenta de forma activa en los procesos de selección.
Sobre los desafíos actuales de las instituciones culturales, Espino señala uno especialmente urgente: mantener su capacidad de conexión con las generaciones más jóvenes en un contexto dominado por la circulación acelerada de imágenes y contenidos digitales. La cuestión, sugiere, no es solo programática, sino también de formatos, lenguajes y ritmos. Pero es al hablar del futuro del Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid donde su discurso se vuelve más insistente. Para Espino, el objetivo principal es consolidar un espacio donde los artistas puedan apropiarse plenamente del contexto de trabajo. "Lo importante es que los residentes hagan el espacio suyo y puedan crecer en sus proyectos", afirma. Un lugar donde el tiempo de investigación no esté condicionado por la urgencia del resultado, sino por la posibilidad de profundizar, explorar y abrir nuevas vías de trabajo.

En el estudio de Elisa Pardo Puch, residente de Artes visuales, 2026. © Matadero Madrid / Arde Visual.
Ese crecimiento, añade, depende también de la escala colectiva del proyecto. Ese crecimiento, añade, depende también de la escala colectiva del proyecto. El CRA es uno de los programas que conforman el centro de creación Matadero Madrid, que dirige Jose Luis Romo. Funciona como una estructura coral en la que participan el equipo interno, Isabel Galán y Mercedes Álvarez, junto a Daniel Pietrosemoli, al frente del FabLab, y todos los departamentos de Matadero que hacen posible su funcionamiento. Se suman también todos los comisarios y artistas participan en los procesos de selección y seguimiento, y los críticos de arte, galeristas, coleccionistas y público general que visitan el centro. En ese tejido amplio de relaciones se sostiene un modelo de residencia que, más que producir obras, busca sostener condiciones para que estas puedan imaginarse.