El lector encontrará en este texto recorridos distintos, lugares en los que existe algún suceso relevante para el arte contemporáneo. Entre ellos, aparentemente no hay algo que les una, pero no es así porque en todos los casos está lo mismo: la fuerza del sitio.
En los tres ejemplos está presente el Genius Loci que habita los espacios físicos. El poder del lugar y la alargada sombra del dadaísmo. No como instancia histórica, sino como presencia intangible, como culto privado o doméstico: los genii locorum que aparecen cuando visitamos la famosa consulta de Freud en Viena, la casa del Greco en Toledo o el estudio de Francis Bacon y tantos otros. El visitante quiere conocer el territorio, la casa familiar o el taller como lugar en el que han sucedido los hechos del arte, la demiurgia de la creación.
El primer lugar se encuentra en el Museo de Arte de Sabadell, donde encontramos la exposición: «Vicenç Altaió: nómada de las palabras», del 14 de mayo al 28 de junio de 2026. Una propuesta de trabajo colectivo de un máster de la UAB dirigido por Jaume Vidal Olivera y sus alumnos. Unos sesenta piezas representativas del cosmos de Vicente que se distribuyen en seis ámbitos (Poeta y escritor / Creador de revistas y comisario de exposiciones / Los libros de artista / Animador y promotor cultural / Vicente Altaió y la muerte).
Sin embargo, por encima de todo, la singularidad de la propuesta es que plantea un recorrido por la casa del artista, donde se establece un vínculo entre su habitáculo, como una gran cámara de maravillas, y cada una de sus facetas. Esta exhibición, que es la primera que se dedica enteramente a su figura, podría considerarse, en palabras del propio Altaió, como una biografía sin sujeto. Esta actitud es propia de Vicenç Altaió, que considero un activista capaz de encontrar el equilibrio entre la poética dadaísta y la ciencia. Además, nos arroja el desafío de la pregunta: si él no es el sujeto de la biografía, ¿quién es el protagonista? Sin lugar a dudas, el espacio habitable donde suceden las cosas, los eventos. El sitio de los hechos.
Este poder del lugar, donde se producen todos los hechos creativos generados por Vicenç Altaió, lo exploró por primera vez el director de cine Joan Vall Karsunke con el documental "Biblioteca de piedra seca" (2025). En el documento salen muchas personas del arte y la literatura, nombres relevantes que siempre están cerca de él; la lista es muy extensa, hasta 23 y todos son necesarios. Pero la auténtica protagonista es la biblioteca y, sobre todo, el espacio que ocupa y dónde ha sucedido todo.

El segundo lugar de los hechos tiene que ver con la exposición Àngel Jové DE IN TACTU en el Museu Tàpies, del 9.03.2026 hasta el 27.09.2026. La comisaria Maria Josep Balsach y la directora del Museo, Imma Prieto, han programado unas magníficas actividades complementarias a la exposición. Una de estas actividades fue una conferencia de Maria Josep Balsach y un posterior coloquio bajo el título «Cartografía de un viaje: Jové, Rossell y Hac Mor», con Lluís Calvo, Mariona Moncunill y Joaquim Sala-Sanahuja.
Yo me había interesado por ese viaje y así lo escribí en un texto para el libro catálogo de la exposición IN TACTU. La situación es la siguiente: tres amigos, Carles Hac Mor, Benet Rossell y Àngel Jové emprenden un viaje a «El país de Maialussa», un viaje insólito e iniciático que realizan en 1989. Éste se convierte en una peregrinación de diez días, en un coche Renault 4 de color amarillo, por su tierra de Pon, por su tierra de Pon de sí mismos. Éste es el primer motivo.
A otro nivel, el narrador Carlos Hac Mor, «lo repetidor», nos habla de las personas y los hechos que se ve obligado a repetir para recordar, pero también nos habla de la creación y de la nada. Dice: «los mayaluces saben que sólo de la nada es posible crear, y que la creación es lo que de algún modo se mantiene en la nada». Un pensamiento de afirmación de la negación tal y como significaba y decía la palabra Dada.
Pero cuando pensaba sobre el motivo de la aventura, considerando ese elogio de la nada y la deriva dadaísta de los tres, tenía el convencimiento de que había algo más, algo que no entendía, quizá la búsqueda de un rastro y de un sitio concreto. Después de leer el libro de Carles Hac Mor y ver el vídeo de 12 horas de Benet Rossell, en el que vemos que preguntan y repreguntan a la gente, parece que están en la cacería de algo que no sabemos. Me venía al oído la frase de Hac Mor en el libro: «Nuestros sueños individuales confluyen en un sueño común y anárquico».
Conocía a las Polaroid del viaje de Ángel Jové con un título inquietante por su sonoridad: Sidamon, Alamús, Almatret. Son nombres de tres pueblos y miré el mapa para localizar estas tres poblaciones de Ponent. Entre Sidamon y Alamús hay unos 12 km y entre éstas y Almatret, 50 km. Me pareció que existía una triangulación muy curiosa entre las tres. Yo llevaba esto en la cabeza, con la idea de que quizás había otra razón de ese viaje que se me escapaba. Y así fue.
Joaquim Sala-Sanahuja, que conozco desde hace muchos años, siempre me sorprende con algún hallazgo especial y esta vez no fue distinto. Llegado su turno, nos anunció una primicia: Tristan Tzara, fundador y predicador del dadaísmo, iba cada año a Almatret, el lugar de los hechos. Ésta es la trufa que olían estos tres artistas buscadores.

El tercer puesto también implica Àngel Jové y el Museu Tàpies. En colaboración con el Espai Texas, han propuesto el ciclo de cine «Àngel Jové. Morder la imagen». Entre otros, se hace la proyección de Primera muerte (1969), realizada por el llamado Grupo del Freso, con Jordi Galí, Silvia Gubern, Antoni Llena, ocasionalmente Porta/Zush/Evru y, naturalmente, Ángel Jové. Un grupo que estuvo activo hasta 1970. Esta primera obra de videoarte en España se grabó en una casa en el barrio del Maduixer, en Collserola, propiedad de Jordi Galí y Sílvia Gubern, en la que vivían todos ellos junto al hijo pequeño del matrimonio. Un espacio de pura creatividad y convivencia observada de cerca por Alexandre Cirici Pellicer. En 2017, Imma Prieto realizó «Eco de Primera muerte», donde, pasado el tiempo, todos y cada uno de ellos recuerdan lo que sucedió. La casa del Fresero todavía existe y el espacio, con su presencia, se convierte en testigo, notario intangible del lugar de los hechos.