Bien adentrada en barro, en bronce, subo claridad de idea, por las raíces más oscuras al gran estallido del sueño. ('Formas y palabras')
Salvador Espriu era un hombre de una cultura vastísima, de una narrativa espléndida, creador de un magnífico teatro y una poesía excelsa. Todo sumado a una inteligencia clara, sarcástica e irónica; hombre racional, intelectual y existencial. Todo era pasado siempre por el canal de la razón. Vinculado al mundo del arte, Espriu consideraba que el arte tiene una razón de ser si tiene un pensamiento detrás, nunca dejado al azar, donde el contenido está en plena reactualización. Curiosidad enciclopédica. Partiendo de la premisa de que tenía una curiosidad enciclopédica hacia cualquier tipo de arte derivada de la tradición del humanismo liberal, debe decirse que Espriu y el mundo de las artes visuales siempre tuvieron una relación circunstancial; eso sí, sin prescindir de las contribuciones plásticas y musicales ni del legado histórico o del testimonio contemporáneo.
El poeta de La piel de toro tenía cierta prevención por el arte contemporáneo, desconfiaba del gesto espontáneo, del instinto, del racionalismo, del nuevo espíritu de las formas y del impulso. Examinaba el color, la mancha, la línea y las señales en busca de la definición de la esencia del arte. Poseía una biblioteca llena de libros de arte y de catálogos del momento, también de figuras clásicas como Velázquez, Goya, Patinir y sobre todo Pieter Brueghel y su hilo directo con los Haikus, en los que sobresalían exposiciones que se realizaban en Barcelona, con un peso clave de la Sala Gaspar, ya que no olvidemos que Elvi de Espriu tenía juntos al Instituto Alemán de Barcelona) y posteriormente con Joan Gaspar, de ahí estará la relación con un artista clave en la vida de Espriu, Joan Pere Viladecans, o Joan Miró.

El arte entendido como destreza adquirida con abnegada aplicación. Ironía sutil y aguda, junto a una habilidad personalísima que caracterizaba a Espriu, veía el arte entendido como destreza adquirida con abnegada aplicación. "El arte transcurre por tres caminos bien claros: camino de conocimiento, camino de comunicación, camino de investigación. Si los tres caminos se pueden dar a la vez, entonces has hecho dominó total." Con Manel Cusachs, el escultor mataronense, en los muchos momentos que convivieron, sobre todo a partir de la interpretación escultórica del libro de poemas El caminante y el muro, consideraba: “El proceso de una escultura es laborioso, del barro al yeso, del yeso al bronce oa la piedra. de escultores de hoy no saben del oficio, y eso, como el idioma, no debería perderse nunca.” Lejos de la glosa descriptiva, el autor espriuanizaba el pretexto, en la contemplación comprensiva de la obra del artista, encontrando nuevos impulsos y estímulos para ensanchar la espiral de sus creaciones literarias.
Esta comunicación en Espriu nada tiene que ver con el paternalismo vulgarizador, más bien busca en el lector entrelazar pequeñas verdades íntimas de los artistas con los que a lo largo de los años ha tenido más relación, en la que sobresale la figura de Joan Pere Viladecans (junto con Raimon, los consideraba los hijos que nunca había tenido), o el Calsina o Josep Beulas. A estos, junto a Miró, Amelia Riera o Freixanet, les tenía adjudicada la categoría de cosmócratas, ya que son artistas apreciados por Espriu.

Si existe un fenómeno común en buena parte de la literatura y del arte de distintos momentos del siglo XX es el desplazamiento de la realidad externa a favor del análisis de los mecanismos internos de la creación. Aquí entrarían dos figuras primordiales como son Apel·les Fenosa (su querido maestro amigo) y Josep Maria Subirachs. Del primero, a raíz de la exposición en el Palacio de la Virreina de 1983, considera: "La obra de arte resulta de la combinación de tres factores: la inteligencia, la visión y la mano, y los tres, cambiando sin cesar, evolucionan y permanecen a la vez. Y eso es natural". Fenosa le consideraba un hombre abierto a todas las inquietudes artísticas y un hombre que no ha tocado nada sin embellecerlo. Perdurabilidad de formas contemplativas llenas de belleza en forma de figuras tridimensionales. En Formas y palabras glosó 40 cantos de 21 esculturas de Fenosa.
De Subirachs nos demuestra que Espriu tenía asiduidad por las relaciones con figuras vinculadas a la plástica, creando un binomio de inspiración y resonancia recíproca. Imagen y palabra se juntaban con ambos, como podía ser el caso del libro Aproximación a tres esculturas de Subirachs y otros textos, una manipulación directa de la materia para arrancar formas y dar coherencia humana a la naturaleza, hilo directo con las obras Salm, Tekel o Mundo de Subirachs, dejando palabras como “cuánta auténtica implacable aprendizaje, del dominio de una artesanía, de un oficio, ¡que es el indispensable punto de partida del impulso creador!”. Con Subirachs, le transportaba a un mundo mediterráneo, expresionista, abstracto y neofigurativo. Madola y Joan Pere Viladecans.

Este dar forma a la palabra lo encontramos representado con Madola en 1967, cuando la joven ceramista llamaba a la puerta de Salvador Espriu para pedirle el prólogo de su primera exposición en Barcelona. El artista admiraba al poeta, sobre todo a partir de Canciones de la Rueda del Tiempo , que realizó Espriu junto con Raimon y portada de Joan Miró. Madola en ese momento tuvo ganas de conocer al autor y pedirle una visita a su taller. Espriu accedió y, después de explicarle lo que quería expresar, realizó una gran presentación de la exposición. Espriu tenía una gran afición por los vestigios arqueológicos.
En esta forma de vincular a Espriu a diferentes artistas, sobresale la figura de Joan Pere Viladecans. Un inicio que nos transporta a la década de los sesenta, con un Viladecans muy joven y que empezaba a exponer en Barcelona, pasando por las diferentes portadas que realizó para Libros del Mall donde cada libro/portada era un emblema con figuras geométricas, vectores, cifras y letras y un final que lo marca Sinera (universo mítico) 2013 por Enciclopèdia Catalana a raíz del Año Espriu, donde se relee de nuevo Espriu a partir de las imágenes, pero que siempre nos hace ir al azul característico de Arenys y del mar con su renovación permanente. El arte, un largo miedo a camino, la puerta del frío silencio que aconteces, cuando las cosas son mar de tu naufragio.