"La cerámica es una escultura de revolución", esta frase del propio Antoni Cumella i Serret (Granollers, 1913- Barcelona, 1985) se convierte en el eje principal de la exposición Antoni Cumella. Arquitectura de las formas que, comisariada por Ricard Bru, revisa su obra cerámica como algo escultórico; como una práctica que interviene en el espacio tanto si se trata de piezas de torno, objetos, murales o relieves. Fascinado por los volúmenes y comprometido con la innovación de su tiempo, fue uno de los creadores que hizo participar a este lenguaje de nuevos planteamientos, nuevos tratamientos y de una nueva morfología, liberándola, definitivamente, de su original utilitarismo. Una firme voluntad de investigación, junto con la práctica de un buen oficio y de los entramados de la tradición dio como resultado una cerámica concebida como un arte puro, que defiende la materia con todas su palpitación y cualidades intrínsecas. Su principal aportación fue encontrar un perfecto equilibrio entre la necesidad de permanencia y la investigación; entre el deseo clasicista y el vertido a la ruptura contemporánea.
La exposición Arquitectura de las formas que presenta Artur Ramon Art muestra piezas autónomas con poesía volumétrica y placas pensadas para integrarse en el espacio arquitectónico. Ambas líneas comparten una misma coherencia conceptual en la que la forma y la materia se construyen desde un pensamiento unificado.

El concepto específico de escultura se revela en Cumella desde sus inicios artísticos y configurará el denominador común de todos sus trabajos. En este sentido, encontró un idioma propio que le conectó con las inquietudes de la escultura y la arquitectura internacionales. La relación de muchos de sus resultados con la obra de Hans Arp, Max Bill, Naum Gabo o Henry Moore y la herencia del catalán Llorens Artigas, pone de manifiesto cómo fue capaz de conseguir con un material tradicional unas formas libres en estrecha relación con la vanguardia, convirtiéndose en uno de los renovadores incontestables de la cerámica europea. La cerámica que es barro, agua y fuego, o sea mutación de la materia, será para Cumella un material -en particular el gres- que podrá tornear, modelar, grabar, esculpir o esmaltar, rompiendo la barrera entre lo que se ha dado en llamar "artes aplicadas" y la creación estética tridimensional en su más elevada acepción.
En sus formas esenciales (vasos, cuencos, jarrones) inspiradas en la austeridad, sobriedad y en estilización de la cerámica oriental, de perfiles armoniosos, de suave contorneado y de volúmenes moldeados y severamente proporcionados, el artista otorgó a sus obras un concepto de especulación tridimensional. Con un extremado perfeccionamiento de las superficies -mates o brillantes- y de cualidades auténticamente epidérmicas, Cumella las trató con una querida limitación de esmaltes, con sutiles gradaciones monocromáticas para intervenir básicamente en el hecho escultural. Cumella entendía la materia (arcilla y gres) como un "interlocutor vivo", escuchando sus posibilidades y limitaciones. Esto le lleva a una experimentación constante con esmaltes y cocciones de alta temperatura que conferían a sus piezas una vida y una vibración únicas.

A partir de la década de 1950, del humilde turno de alfarero, que modela formas utilitarias, llega a crear relieves cerámicos construidos en relación con la arquitectura; el módulo aislado, la placa matérica o la escultura abstracta, en todo momento desde unas estrictas exigencias espaciales. El artista moldea la cerámica de forma que las diferentes piezas juegan y se recrean con espacios vacíos y agujereados tanto interiores como exteriores, uniendo forma y materia para traspasar las fórmulas convencionales.
En cuanto a sus relieves murales, éstos nos remiten a una representación abstracta de la naturaleza, a formaciones geológicas e incluso a una flora petrificada en el tiempo. Obras atrevidas y abiertas al espacio que investigan las posibilidades de la forma con un carácter a la vez óptico y táctil. Su enfoque se basaba en la expresividad de la materia (piel expresiva) y el volumen para crear un diálogo directo con el espacio construido.
La intervención más destacada de Cumella fue el mural monumental para el Pabellón de España para la Feria Mundial de Nueva York (1964-1965), diseñado por el arquitecto Javier Carvajal. Fue un hito que consolidó su prestigio internacional, capaz de elevar ese material a un lenguaje puramente arquitectónico. El mural se concibió como un homenaje a Gaudí, integrando texturas y relieves que dialogaban con la luz y la sombra; una constante en la obra de Cumella que buscaba dotar a la arquitectura de una piel vibrante. Para Cumella, Nueva York representó uno de los tres vértices geográficos de su carrera (junto a Roma y Madrid), marcando su evolución hacia una cerámica industrializada, pero de alma artesanal que hoy continúa el taller familiar de la mano de su hijo Toni Cumella.

Apuntes biográficos
Antoni Cumella i Serret (Granollers 1913-1985) es considerado un ceramista conocido internacionalmente que aprendió el oficio en el obrador familiar junto con su hermano mayor Joaquim Cumella. Su formación continuó en la Escuela del Trabajo de Barcelona con Josep Maria Jujol y Josep Lluís Sert y donde conoció la obra de Gaudí. Se casó con Agnès Vendrell en 1942 y tuvieron dos hijos. En 1936 expuso individualmente por primera vez en Barcelona y fue becado por la Generalitat para realizar sus estudios en París, pero la llegada de la Guerra Civil no le permite quedarse. Durante la guerra trabajó como sanitario y finalmente terminó en el campo de concentración Porta Coeli en Valencia, donde estudió alemán, latín y matemáticas y del que salió con libertad vigilada y sin derechos en 1940.
En los años cincuenta inicia una trayectoria de exposiciones en Madrid, donde entra en contacto con intelectuales críticos con el franquismo, y colabora activamente con el Grupo R, involucrándose en el ámbito de la arquitectura como otra vertiente de su creación: el arte y el espacio construido son parte de un mismo organismo vivo. A partir de su participación en las Trienales de Milán (1936, 1951 y 1957), fue reconocido en toda Europa por sus piezas de gres esmaltado de una gran pureza y belleza formal. En 1956 viaja a Alemania, donde trabaja en murales y exposiciones y recibe ofertas académicas. En 1958 participa en la creación del primer museo de arte contemporáneo de Barcelona y en 1959 funda, con Alexandre Cirici y Romà Vallès, la Escuela de Arte del FAD, además de colaborar con Subirachs en el mural Las Tablas de la Ley en la Facultad de Derecho de la UB.
En Barcelona destaca el mural para el antiguo edificio Sandoz, ubicado en la Gran Via de les Corts Catalanes. Los murales cerámicos del vestíbulo destacan por su textura orgánica y por el uso de esmaltes con tonalidades ocres, característicos de su etapa informalista. La reciente rehabilitación ha generado debate a causa de su nueva disposición y visibilidad. Asimismo, ejecutó obras singulares como el tapón de una botella de Osborne diseñada por Dalí. A partir de los años ochenta trabaja en litografías y medallas, entre las que destaca la del Parlament de Catalunya. Fue reconocido con la Medalla de Oro de la Trienal de Milán (1936,1951, 1957); el Premio Nacional de Artes Plásticas (1980), concedido por el Ministerio de Cultura; la Cruz de San Jorge (1981), la Medalla de Oro Mérito Artístico (1982), recibido de manos del Ayuntamiento; la Medalla de Oro del FAD (1982) y el título de hijo predilecto de Granollers.
Antoni Cumella. Arquitectura de las formas
Artur Ramon Art. Bailén, 19. Barcelona
Del 29 de enero al 13 de marzo de 2026