La Sala de Exposiciones el Matadero del Museo del Empordà acoge hasta el 29 de marzo una mirada inédita sobre la obra de Jordi Puig, en una retrospectiva que recorre más de tres décadas de trayectoria artística. La exposición, titulada Jordi Puig no es fotógrafo , comisariada por Jordi Falgàs, propone una lectura diferente de su práctica, alejándose del concepto tradicional de la fotografía para subrayar su capacidad de generar imágenes cargadas de significado y reflexión.
A través de una cuidada selección de obras que abarcan desde finales de los años noventa hasta la actualidad, Puig revela una mirada sensible e introspectiva, donde cada imagen se convierte en un espacio de diálogo con el espectador. Su obra no busca sólo capturar lo visible, sino evocar emociones y cuestiones más profundas sobre la realidad y percepción.

Jordi Puig, Farmacéutico del Empordà, 2003.
Reconocido por un estilo profundamente personal e inmediatamente identificable, Jordi Puig se aleja de la noción convencional de fotógrafo como registrador de la realidad, por situarse como creador de universos visuales propios, cargados de significado y reflexión. Esta retrospectiva ofrece la oportunidad de sumergirse en su evolución artística, descubriendo cómo cada imagen, cada encuadre y cada luz expresan una mirada única sobre el mundo que le rodea.
Recorrer la exposición es adentrarse en el universo de Jordi Puig, una inmersión que permite captar su mirada única y reflexiva. El comisario de la muestra, Jordi Falgàs, subraya la necesidad de esa retrospectiva. Por un lado, es importante para el propio Puig, puesto que le ofrece “una visión global de su trabajo y de su aportación a lo largo de más de treinta años de oficio”. Por otra, es imprescindible para el público, ya que, en un mundo saturado de imágenes a menudo banales, superficiales y narcisistas, “todavía toma más valor detenerse y darse cuenta de que existe un trabajo profesional, elaborado con intención y significado, como el que hace Jordi Puig”.

Jordi Puig, Choco, Colombia, 1992.
Según Falgàs, la exposición es, en esencia, "una reivindicación de ese oficio, de ese arte que es la fotografía", una invitación a reconocer la profundidad y la dedicación detrás de una obra que trasciende la simple imagen para convertirse en experiencia y reflexión.