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Figuración contemporánea y experiencia vital en la obra de Eva Armisén

La vida pintada, en el Real Círculo Artístico de Barcelona, traza una cartografía emocional donde la cotidianidad, los vínculos y la ciudad se convierten en materia pictórica.

Figuración contemporánea y experiencia vital en la obra de Eva Armisén
bonart barcelona - 25/01/26

La obra de Eva Armisén (Zaragoza, 1969) se inscribe en la figuración contemporánea como una exploración sensible y sostenida de la experiencia vital. Artista visual con una práctica que abarca la pintura, el dibujo, el grabado, la escultura y el arte público, Armisén ha desarrollado un lenguaje inmediatamente reconocible, de carácter poético y emocional, que sitúa la vida cotidiana en el centro del relato artístico.

Sus trabajos articulan un universo iconográfico poblado de figuras femeninas, corazones, interiores domésticos y paisajes urbanos que operan como metáforas de los vínculos humanos. Amor, familia, infancia, fragilidad, cuidado y memoria aparecen no como temas anecdóticos, sino como estructuras fundamentales de su pensamiento visual. Alejada de cualquier gesto épico o grandilocuente, su obra reivindica lo íntimo y compartido como espacio de resistencia emocional y de trascendencia cotidiana.

El Real Círculo Artístico de Barcelona presenta La vida pintada , una exposición que reúne la obra de madurez de Eva Armisén y que se podrá visitar del 22 de enero al 19 de abril en las salas del Palau Pignatelli. Se trata de una gran muestra monográfica que consolida el retorno del artista a la ciudad en la que se formó y donde decidió establecerse, después de años de una sólida proyección internacional. Barcelona no está sólo un telón de fondo, sino un elemento activo del discurso expositivo: escenario, memoria y estructura emocional.

Comisariada por Lola Durán, La vida pintada se articula como una cartografía afectiva que atraviesa distintas capas de la experiencia vital. El recorrido parte del espacio urbano -la ciudad vivida, caminata y sentida- para avanzar progresivamente hacia territorios más íntimos. En este desplazamiento, Armisén construye un relato visual que interroga la relación entre cuerpo y ciudad, identidad y pertenencia, tal y como evidencian obras como Un mapa único o Aquí estoy , donde Barcelona se convierte tanto en paisaje físico como en arquitectura mental.

La exposición se adentra posteriormente en una dimensión interior marcada por la introspección, naturaleza y mar, entendido como espacio de calma, memoria y reparación. Los vínculos humanos –el amor, la familia, la complicidad– ocupan un lugar central en una obra que habla de fragilidad y alegría, pero también de resistencia y capacidad de recomposición. El corazón, símbolo recurrente en el imaginario de Armisén, actúa como eje narrativo y conceptual: no como emblema romántico idealizado, sino como fuerza vital, vulnerable y transformadora.

Colorear la vida, en este sentido, se convierte en un gesto ético y político: una forma de habitar el mundo con atención, cuidado y gratitud. La celebración de lo cotidiano, la ternura compartida y la capacidad de sostener al otro atraviesan toda la muestra, que propone una mirada sensible y comprometida con la experiencia humana contemporánea. La vida pintada no sólo recoge una trayectoria consolidada, sino que invita a pensar el arte como un espacio de resistencia emocional y de reconocimiento del que nos mantiene unidos.

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