El capítulo 10 de la tercera temporada de Inclassificables nos invita a entrar en la casa-taller de Antoni Miralda, en Poblenou de Barcelona, en una conversación que confirma por qué el artista es, literalmente, inclasificable. Referente internacional y creador del concepto de cultura cotidiana como herramienta de reflexión política, Miralda despliega una trayectoria donde el arte, el ritual y la alimentación se convierten en lenguaje crítico y celebración colectiva.
Junto al crítico gastronómico Salvador Garcia-Arbós, el episodio explora las múltiples conexiones entre alimentos y arte : comida como símbolo, como memoria, como acto social y también como gesto político. Una conversación fluida y reveladora que atraviesa disciplinas e invita a repensar lo aparentemente ordinario.
Conducido por David Escamilla y Ricard Planas —creadores, directores y voces del podcast—, Inclassificables es el podcast de arte de Catalunya Ràdio – 3Cat que recorre el territorio catalán en busca de espacios de arte, estudios creativos, museos y fundaciones. Su objetivo: generar diálogos cercanos y divulgativos con figuras de gran relevancia mediática, en un tono distendido que acerca la creación contemporánea al gran público.

En esta ocasión, la parada en Poblenou no es sólo geográfica: es una inmersión en un universo donde la vida cotidiana se convierte en materia artística y donde comer es, también, una forma de pensar el mundo.
En Poblenou, Miralda vive, crea y piensa. El barrio se convierte en territorio creativo, en extensión natural de su universo artístico, donde lo cotidiano es materia prima y la comida, lenguaje. Después de un largo periplo que le llevó de París a Nueva York, el artista regresa a Barcelona con una mirada destilada por el mundo, pero arraigada al gesto más elemental: compartir, cocinar, celebrar.
Su obra ha situado el alimento en el centro del discurso artístico. Proyectos fundamentales como Food Cultura abrieron una nueva forma de entender la relación entre arte, sociedad y ritual, convirtiendo el hecho de comer en una acción simbólica, colectiva y política. Más recientemente, Sant Stomak continúa esta exploración, sacralizando el estómago como espacio de encuentro entre cuerpo, memoria y cultura.
Para Miralda, la vida es un ritual y un vivir la vida: una sucesión de actos compartidos que construyen comunidad y sentido. La comida deja de ser sólo nutrición para convertirse en celebración, crítica y relato. En su trabajo, el arte no se expone, se vive; no se observa, se participa. Y es desde este Poblenou creativo —entre cocinas, mesas e ideas— que Miralda sigue pensando el mundo a través del cual comemos y cómo lo compartimos.