"Mis obras no pretenden ser un ensayo más, ni literario ni artístico, sino un documento vivo, doloroso y brutal", Josep Bartolí
Josep Bartolí, el dibujante olvidado que supo plasmar el horror del exilio republicano en Francia. Ilustrador catalán, Bartolí sobrevivió a varios campos de concentración franceses después de la Guerra Civil y transformó el horror vivido en dibujos de una intensidad sobrecogedora. Sus obras, de gran carga dramática, se caracterizan por un trazo semirealista, rápido, limpio, directo, preciso y profundamente sensible.
Rodeados de alambres, hambre, violencia y humillación, sus dibujos constituyen un testimonio visual imprescindible de una tragedia a menudo silenciada. Bartón fue un hombre que sobrevivió al exterminio y que logró escapar de los campos para iniciar un largo exilio que le llevaría primero a México. Allí estableció una estrecha amistad con Frida Kahlo y siguió desarrollando su carrera artística. Más adelante, en Estados Unidos, trabajó pintando decorados para grandes producciones de cine histórico en Hollywood.

Ahora, el Museo Memorial del Exilio (MUME) expone Josep Bartolí: Dibujar es luchar que podrá verse hasta el 31 de mayo. Su obra, marcada por la experiencia de la represión y el exilio, es hoy un legado fundamental para entender la memoria visual del siglo XX y el papel del arte como herramienta de resistencia y denuncia.
A partir de los fondos conservados en el Memorial de Ribesaltes, formados por esbozos y dibujos preparatorios del dibujante y artista Josep Bartolí Guiu (Barcelona, 1910 – Nueva York, 1995), la exposición propone un recorrido por la evolución de su proceso creativo. Se trata de dibujos realizados entre 1939 y 1941 que, años más tarde, serían publicados en México, en 1944, por Ediciones Iberia, dentro del volumen Campos de concentración (1939-194…) .
Esta obra, que combina los textos de Narcís Molins y Fàbrega (Tortellà, Garrotxa, 1901 – Cualta, México, 1962) con las ilustraciones de Bartolí, nació con la voluntad explícita de dejar constancia de la realidad de los campos de concentración franceses. Los dibujos, concebidos inicialmente como apuntes y esbozos, se convierten así en un testimonio gráfico directo y sobrecogedor de una experiencia marcada por la represión, el exilio y la supervivencia.