En 2026 Artur Ramon Art celebra cien años de trayectoria como anticuario. En octubre de 1926, Artur Ramon Vendrell se presentaba como anticuario en un anuncio publicado en L'Amic de les Arts, la revista sitgetana que, durante aquellos años, se convertiría en uno de los principales espacios de debate y difusión de las vanguardias artísticas catalanas. Aquel anuncio constituye el hito documental que la familia ha escogido para conmemorar un siglo de actividad, pero la historia de los Ramon en el mundo de las antigüedades se adentra aún más en el tiempo. Sus orígenes se remontan a Reus, en 1893, cuando el bisabuelo de la actual generación empezó a orientar hacia el sector de las antigüedades una actividad que hasta entonces estaba vinculada a la joyería familiar.
Poco después, la trayectoria de los Ramon quedaría estrechamente ligada a Sitges, un municipio que en aquellos años vivía una profunda transformación y que se convertiría en punto de encuentro de artistas, coleccionistas, intelectuales y una nueva burguesía internacional atraída por su condición de ciudad de veraneo. En este contexto aparece una de las primeras figuras fundamentales de la historia de los Ramon: Miquel Utrillo. Artista, ingeniero, crítico y uno de los principales impulsores del proyecto cultural que acabaría cristalizando en el Palacio de Maricel, Utrillo mantuvo amistad con Artur Ramon y le vendió aproximadamente doscientas piezas antiguas. Parte de ese conjunto se conserva hoy en el Palau de Maricel y constituye un testimonio excepcional de aquella intensa actividad de recuperación, adquisición y circulación de antigüedades que se producía en Sitges.
La historia de estas piezas está también vinculada a Charles Deering, el industrial estadounidense que había encargado a Utrillo el proyecto del Palau de Maricel. Las desavenencias económicas entre ambos acabaron provocando la ruptura de la relación y la marcha de Deering de Sitges hacia Estados Unidos, concretamente hacia Chicago. Con él viajó buena parte de su extraordinaria colección. Entre las obras que abandonaron Cataluña estaba la conocida mesa de Sant Jordi y la princesa, de Bernat Martorell, hoy considerada una de las piezas más destacadas de la pintura gótica catalana.

Para los Ramon, esos años significaron mucho más que el inicio de una actividad comercial. El bisabuelo empezó a organizar exposiciones, participar en subastas y desarrollar una actividad que combinaba el conocimiento de las antigüedades con una lectura atenta de las transformaciones sociales del momento. El turismo que empezaba a llegar a Sitges, la urbanización de Terramar y la voluntad de convertir la villa en un destino equiparable a las grandes localidades de la Costa Azul francesa contribuyeron a crear un nuevo mercado para el arte y las antigüedades.
La trayectoria familiar pasó después a manos del abuelo, también Artur Ramon, pero la Guerra Civil interrumpió bruscamente esa evolución. Encarcelado en el barco Argentina, vivió uno de los episodios más traumáticos de una historia familiar marcada, como tantas otras, por la fractura provocada por el conflicto. Cuando fue liberado, Ramon iniciaron una nueva etapa en Barcelona. Sin embargo, tuvieron que hacerlo prácticamente desde cero: la guerra había hecho desaparecer buena parte de lo que habían construido hasta entonces.
Barcelona se convertiría así en el nuevo escenario de una actividad que, desde 1942, ha tenido en la calle de la Palla uno de sus puntos de referencia. El traslado a la calle de Bailèn, 19, en el 2017, abrió una nueva etapa sin romper con esta herencia. A lo largo de cinco generaciones, la familia ha mantenido una misma dedicación en el mundo de las antigüedades, pero también una capacidad de adaptación a las transformaciones del mercado, del coleccionismo y de la misma idea de patrimonio.
Hoy Artur Ramon Art está liderada por Artur Ramon Navarro, con su hermana Mònica como socia y directora de la galería, y con la incorporación plena de la generación representada por Artur Ramon Renau. La galería combina la actividad comercial con una programación expositiva propia y una presencia continua en las principales ferias internacionales. En este recorrido, las antigüedades ya no se presentan únicamente como objetos del pasado, sino como piezas capaces de establecer diálogos con la contemporaneidad, a menudo a través de la mirada de comisarios, historiadores y artistas.
Esta voluntad de abrir el patrimonio al presente se hace especialmente visible en la participación de la galería en citas internacionales como Frieze Masters, en Londres, y TEFAF Maastricht, dos de los grandes escaparates mundiales del mercado del arte y las antigüedades. Es en estos espacios donde Artur Ramon Art proyecta internacionalmente una forma de trabajar construida durante un siglo y basada en la combinación de conocimiento, investigación, coleccionismo y sensibilidad contemporánea.
Para conmemorar los cien años, el 27 de octubre la galería inaugurará una exposición concebida como síntesis de esta trayectoria. El proyecto reunirá a una treintena de obras de una calidad extraordinaria y procedentes de diferentes épocas, estilos y disciplinas, con artistas y maestros como Zurbarán, Meléndez, Ribera, Goya, Ramon Casas, Picasso y Miquel Barceló. Más que construir un relato estrictamente cronológico, la selección quiere poner en relación distintos momentos de la historia del arte y mostrar la continuidad de una mirada que ha ido pasando de generación en generación.
La exposición coincidirá con la presentación de La pervivencia de una mirada, un libro dedicado a la historia de Ramon ya su papel en la evolución del anticuariado y el coleccionismo en Cataluña. El volumen recogerá también una selección de algunas de las obras más significativas que han pasado por la galería durante estos cien años, recuperando una memoria hecha de piezas, exposiciones, clientes, coleccionistas y episodios que cuentan parte de la historia cultural catalana.
Cien años después de aquel anuncio en L'Amic de les Arts, Artur Ramon Art sigue vinculando el pasado con el presente. La fecha de 1926 marca oficialmente el centenario, pero el relato familiar comienza en 1893 y pasa por Reus, Sitges y Barcelona; por la joyería y las antigüedades, por las subastas y las exposiciones, por Utrillo y Deering, por la Guerra Civil y por la reconstrucción posterior. Una historia que ha sobrevivido a una guerra, a cambios de ciudad y de generación, así como a la profunda transformación del mundo del arte y del coleccionismo.