La fragilidad también puede ser una forma de resistencia. Desde esta premisa, el cineasta y fotógrafo venezolano-ecuatoriano Will Álava articula La persistencia de lo frágil, una exposición que puede visitarse en el Museo de Manta, en Ecuador, hasta el 1 de noviembre. La muestra reúne dos proyectos, Flor de combate y Piel de Ángel, que exploran las relaciones entre cuerpo, memoria, identidad y territorio a partir de experiencias personales y colectivas vinculadas a la costa ecuatoriana.
La propuesta parte de una reflexión sobre la subalternidad y las dificultades de representar las voces que históricamente han sido desplazadas hacia los márgenes. En diálogo con el pensamiento de Gayatri Chakravorty Spivak, Álava cuestiona las formas en que se construyen los relatos sobre estas comunidades y plantea la necesidad de revisar las condiciones sociales, materiales e ideológicas que perpetúan su silenciamiento. Más que limitarse a preguntar quién puede hablar, la exposición desplaza la cuestión hacia las posibilidades de vivir, establecer vínculos y encontrar espacios de pertenencia.
En este contexto, la fotografía y el cine se convierten en herramientas para explorar la intimidad sin desvincularla de las estructuras de poder que la atraviesan. El afecto, el cuidado y la memoria adquieren una dimensión política, mientras el territorio deja de ser un simple escenario para participar activamente en la construcción de las identidades y las experiencias que el artista aborda.

En Flor de combate, Álava construye un archivo emocional a partir de retratos y relaciones familiares y afectivas. La serie pone en relación la ruralidad, la migración y las violencias estructurales que afectan a los cuerpos disidentes en la costa ecuatoriana. La flor que da título al proyecto se convierte en una metáfora de la persistencia de las formas de vida que, incluso en entornos adversos, preservan su sensibilidad y su capacidad para crear comunidad.
Los vínculos queer en Manabí, la revisión de los afectos familiares y la colaboración con la Casa de Acogida Trans de Guayaquil sitúan la práctica fotográfica en un espacio de implicación política. La proximidad y el cuidado orientan la construcción de unas imágenes que no buscan únicamente documentar una realidad, sino reconocer la complejidad de las relaciones y las experiencias que la conforman.
Por su parte, Piel de Ángel es un cortometraje de ficción que aborda la infancia queer y los rituales de la masculinidad que condicionan la experiencia de crecer. Filmada en distintos territorios de Manabí, la película sigue a Ángel, un niño cuya sensibilidad entra en conflicto con las dinámicas de su entorno familiar y comunitario, marcado por una violencia que se manifiesta en los gestos cotidianos y en las relaciones personales.
A través de su recorrido, Álava examina cómo la violencia se aprende, se hereda y se reproduce, pero también cómo el afecto, el cuidado y la imaginación pueden abrir pequeñas posibilidades de resistencia. El paisaje de Manabí adquiere aquí una presencia activa, estrechamente vinculada a la memoria, el deseo y la construcción de la mirada del protagonista.