¿Qué sucede cuando la identidad deja de entenderse como una categoría estable y se convierte en un espacio abierto, atravesado por migraciones, memorias y transformaciones? Esta pregunta vertebra Diasporican Abstraction: Identities Beyond Representation —Abstracciones diasporican: identidades más allá de la representación—, una exposición que propone revisar las narrativas del arte abstracto en Puerto Rico, el Caribe y Estados Unidos desde la perspectiva de la diáspora. Presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (MAC), la muestra reúne obras de más de sesenta artistas de distintas generaciones y procedencias, cuyas prácticas establecen una red de relaciones que desborda los límites de las historias nacionales y las categorías convencionales de pertenencia.
La exposición, abierta del 26 de septiembre de 2026 al 28 de marzo de 2027, se articula a través de distintos ecosistemas temáticos que agrupan las obras según sus afinidades conceptuales, formales y procesuales. En lugar de ofrecer una lectura lineal de la abstracción, el recorrido propone constelaciones y conexiones entre artistas que, desde contextos geográficos y culturales diversos, han encontrado en este lenguaje una vía para explorar la experiencia, la memoria y la identidad. Las salas dedicadas a María Emilia Somoza, Myrna Báez, Arnaldo Roche Rabell y Julio Rosado del Valle forman parte de este entramado expositivo.
El proyecto parte de una revisión crítica de los relatos que han condicionado la interpretación del arte abstracto, a menudo entendido como un lenguaje universal desvinculado de su contexto histórico y político. Para la historiadora del arte y curadora Cecilia Fajardo-Hill, la abstracción no puede reducirse a la oposición tradicional entre realismo y figuración, ni considerarse una expresión artística homogénea, desprovista de contenido y capacidad de intervención. Por el contrario, constituye un campo plural en el que las formas, los materiales y los procesos pueden articular discursos complejos sobre las condiciones sociales y culturales en las que se producen.

Raphael Montañez Ortíz, Archeological Find #22: The Aftermath, 1934, © Raphael Montañez Ortíz.
En el contexto puertorriqueño, esta perspectiva adquiere una dimensión particular. La abstracción abre una fisura en los discursos identitarios construidos alrededor de la nación, la territorialidad y la condición colonial de Puerto Rico. Frente a las definiciones que pretenden fijar una identidad colectiva dentro de unos límites determinados, las prácticas reunidas en la exposición reivindican otros modos de pertenencia, capaces de incorporar la diversidad de experiencias de quienes viven entre territorios, lenguas y culturas.
La diáspora ocupa, por tanto, un lugar central en esta revisión. La separación habitual entre la producción artística desarrollada en Puerto Rico y la realizada por artistas puertorriqueños establecidos en Estados Unidos, Canadá, Europa, Australia y otros lugares ha contribuido a fragmentar una historia cultural que comparte experiencias, influencias y preocupaciones. Diasporican Abstraction trata de recomponer esas conexiones y de reconocer la pluralidad de voces que participan en la construcción del arte contemporáneo de la región.
El comisario de la muestra en el MAC, Abdiel D. Segarra, señala que el proyecto establece relaciones intergeneracionales entre artistas procedentes de distintas geografías y contextos culturales. Su objetivo es tender puentes sobre los vacíos historiográficos que durante décadas han limitado la incorporación de las experiencias diaspóricas a la historia del arte puertorriqueño y estadounidense. Al mismo tiempo, la exposición plantea la abstracción como un lenguaje capaz de superar las dicotomías entre nación y colonia, sin renunciar a la complejidad política e histórica de los contextos en los que surge.
La apuesta por lo abstracto también implica resistirse a las representaciones que reducen las experiencias individuales y colectivas a estereotipos inamovibles. Las obras no buscan necesariamente ofrecer imágenes reconocibles de una comunidad, sino explorar las posibilidades de expresión que aparecen cuando la identidad permanece abierta, en transformación y en diálogo con otras realidades. La opacidad, la intuición y la experimentación formal se convierten así en herramientas para cuestionar las miradas dominantes y reivindicar la capacidad de las comunidades para definir sus propios relatos.
Esta voluntad de apertura conecta la exposición con una reflexión más amplia sobre la función cultural del arte. Abstraerse de los códigos figurativos convencionales no significa abandonar la realidad, sino encontrar otras maneras de abordarla. El color, el gesto, la estructura y la materia pueden articular experiencias que no se dejan traducir fácilmente en imágenes estereotipadas ni en categorías geopolíticas cerradas. En este sentido, la abstracción aparece como un espacio de libertad crítica desde el que pensar las migraciones, las herencias culturales y las múltiples formas de pertenencia.

La exposición quiere, asimismo, rendir homenaje a la memoria y al legado de las comunidades migrantes, cuyo trabajo cultural ha contribuido a cuestionar los prejuicios y a ampliar los imaginarios colectivos. Para el museo, acoger a artistas que, desde territorios distantes y a lo largo de distintas décadas, han desarrollado lenguajes capaces de escapar de las representaciones impuestas constituye una oportunidad para reconocer la fuerza de estas experiencias y su aportación a la historia del arte.
Marianne Ramírez, directora ejecutiva y curadora del MAC, subraya que la muestra responde al compromiso de la institución con la educación de sus públicos y con la presentación de perspectivas críticas sobre las transformaciones de la creación artística. El proyecto pretende hacer visibles los silencios de los relatos históricos, ampliar los cánones del arte en Puerto Rico, el Caribe y Estados Unidos, y favorecer el intercambio entre generaciones y geografías.