Una piscina contemplada desde las alturas, un televisor antiguo, un Pinocho que parece desplazado de su propio relato, las ruinas de una ciudad o unos cuerpos que buscan su lugar en una realidad desconocida. Las imágenes que articulan Nostalgia remiten a experiencias aparentemente cotidianas que, al observarlas con detenimiento, revelan algo más profundo: la manera en que construimos nuestra identidad a partir de los lugares que habitamos, las historias que heredamos y los recuerdos que conservamos.
La exposición, que puede visitarse en Gallery Poulsen, en Copenhague, del 26 de septiembre al 7 de noviembre de 2026, reúne a cinco artistas vinculados a la escena contemporánea colombiana bajo el comisariado del artista Germán Téllez. A través de lenguajes y sensibilidades diferentes, Germán Téllez, Gonzalo García Gaitán, Esteban Ocampo, José Rosero y Gabriel Angel exploran las relaciones entre memoria, cultura visual, pertenencia y transformación. Se trata de la primera exposición colectiva que la galería danesa dedica a artistas con raíces en Colombia, una ocasión para aproximarse a la diversidad de perspectivas que atraviesan sus prácticas.

Esteban Ocampo ‘Piscina con Palmeras’ 2026.
En Nostalgia, el pasado no aparece como un territorio cerrado al que regresar, sino como una presencia que continúa condicionando nuestra manera de interpretar el presente. Los objetos, las imágenes y los espacios cotidianos funcionan como depositarios de experiencias personales y colectivas. Un televisor puede evocar una época en la que la pantalla reunía a la familia alrededor de una misma programación; una piscina puede activar recuerdos de veranos pasados; un edificio abandonado puede conservar las huellas de una vida que ya no está. Sin embargo, aquello que reconocemos también puede volverse extraño cuando nuestras expectativas chocan con la realidad.
En un mundo sometido a cambios constantes, la nostalgia surge como una respuesta a la pérdida de referencias conocidas. La aceleración tecnológica convierte en obsoletos los objetos que hasta hace poco parecían indispensables, mientras los espacios urbanos y las formas de convivencia se transforman. Incluso nuestra percepción del mundo está condicionada por imágenes y relatos que cambian con el tiempo. El deseo de aferrarse a lo familiar puede convertirse así en una forma de resistencia ante lo incierto, pero también en una oportunidad para revisar críticamente aquello que recordamos y las ideas que damos por sentadas.

Gabriel Angel ‘Pinochos Fort-da’ 2026.
La obra de Germán Téllez (Bogotá, 1986), impulsor y comisario del proyecto, parte de la experiencia del extrañamiento y de la búsqueda de un lugar propio. Sus pinturas muestran manos y cuerpos que se extienden, intentan alcanzar algo o parecen orientarse en un entorno que no siempre responde a sus expectativas. Desde su experiencia como migrante en Estados Unidos, el artista aborda el encuentro entre la cultura de origen y los códigos sociales, las costumbres y las ideas del lugar de acogida. Sus imágenes se sitúan en el punto de fricción entre la vida imaginada y la realidad experimentada, entre la identidad que uno lleva consigo y aquella que se redefine en contacto con un nuevo contexto.
La memoria también atraviesa el trabajo de Gonzalo García Gaitán (Bogotá, 1981), quien investiga la influencia de la tecnología y los medios de comunicación en nuestra percepción del mundo. En la serie Panopticopías, los televisores antiguos se convierten en protagonistas de una reflexión sobre la cultura visual y la vida doméstica. Aquellos aparatos de tubo de rayos catódicos, hoy prácticamente desaparecidos de los hogares, fueron durante décadas ventanas privilegiadas a los acontecimientos políticos, culturales y personales que conformaban el imaginario colectivo. García Gaitán recupera su presencia mediante la acuarela, una técnica de ejecución pausada y manual que contrasta con la velocidad de las imágenes televisivas. La obsolescencia del dispositivo no implica, sin embargo, la desaparición de los discursos e imaginarios que contribuyó a difundir.
En las pinturas de Esteban Ocampo (Manizales, 1987), la memoria se construye a partir de escenas reconocibles de la vida cotidiana. Piscinas, familiares, partidos de fútbol y vacaciones de verano conforman un repertorio visual que parece suspendido en un tiempo y un espacio indeterminados. La perspectiva aérea transforma estas imágenes familiares en composiciones cercanas a la abstracción, desplazando el interés desde la anécdota hacia la estructura visual del recuerdo. Sus obras sugieren que la memoria personal nunca es completamente individual: en ella confluyen experiencias íntimas, imágenes compartidas y referencias culturales que dan forma a nuestra manera de recordar.

German Tellez 'Study of a Skull' 2026.
Por su parte, José Rosero (Pasto, 1988) dirige la mirada hacia lugares abandonados o deteriorados, espacios donde la ausencia de sus antiguos habitantes no ha borrado por completo las señales de una vida anterior. Sus pinturas, de carácter surrealista, transitan entre el pasado y el presente, lo familiar y lo inquietante. Figuras y objetos irrumpen en escenarios que parecen suspendidos fuera del tiempo y abren nuevas posibilidades de interpretación. La ruina deja de ser únicamente el testimonio de una desaparición para convertirse en un territorio de transformación, capaz de acoger otros significados y formas de existencia.
Gabriel Angel (Bogotá, 1992) amplía esta reflexión hacia las imágenes, los mitos y los relatos que participan en la construcción de nuestro imaginario colectivo. Sus pinturas combinan referencias procedentes de la historia del arte, la cultura popular y el universo visual de la infancia, articulando motivos de épocas y contextos distintos. Los iconos y las narraciones conocidas aparecen como vehículos de significados que se transmiten desde los primeros años de vida y que contribuyen a establecer normas, deseos y expectativas sobre quiénes debemos ser. El artista también examina cómo cambian las ideas vinculadas al deseo y al erotismo cuando un motivo procedente de la mitología antigua se incorpora a la cultura visual contemporánea.
Las cinco propuestas reunidas en Nostalgia no ofrecen una visión uniforme del pasado ni plantean un regreso idealizado a un tiempo perdido. Por el contrario, exploran las contradicciones que aparecen cuando los recuerdos se confrontan con las transformaciones del presente. Los objetos se convierten en archivos emocionales; los espacios, en escenarios de pertenencia y desarraigo; y las imágenes heredadas, en construcciones culturales susceptibles de ser revisadas.