La fotografía de Vari Caramés (Ferrol, 1953) encuentra en lo cotidiano un territorio de descubrimiento. Sus imágenes rehúyen lo explícito y lo evidente para adentrarse en una realidad más ambigua, donde las manchas, los reflejos y los desenfoques abren nuevas posibilidades de interpretación. Esta particular manera de mirar, desarrollada a lo largo de más de cuatro décadas, le ha valido el Premio Nacional de Fotografía 2026, concedido por el Ministerio de Cultura y dotado con 30.000 euros.
El jurado ha destacado la vigencia y la contemporaneidad de su trabajo, así como su aportación a la fotografía artística y su contribución a la renovación cultural gallega desde los años ochenta. También ha subrayado la capacidad del artista para ampliar las posibilidades expresivas del medio fotográfico, acercándolo a la abstracción pictórica mediante recursos visuales que han acabado definiendo un universo propio y reconocible.
Frente a la voluntad de mostrarlo todo, Caramés propone una fotografía que sugiere más de lo que revela. Sus imágenes invitan a detenerse ante aquello que habitualmente pasa inadvertido y a descubrir, bajo la apariencia de lo familiar, una dimensión poética y misteriosa. La evocación, la incertidumbre y los mundos ocultos en la realidad cotidiana constituyen algunos de los ejes fundamentales de una obra que ha mantenido su personalidad a lo largo del tiempo.
El reconocimiento también pone en valor el papel de Caramés en la renovación de la cultura fotográfica gallega. Desde sus primeras exposiciones en A Coruña, en 1980, el fotógrafo ha desarrollado una trayectoria marcada por la experimentación y por una mirada singular sobre el entorno. En 1986 participó en la segunda edición de la Fotobienal Vigovisión, un proyecto que reunió a seis fotógrafos de distintos países para retratar Vigo durante una semana.
Posteriormente, su trabajo se ha presentado en exposiciones individuales en Madrid y Barcelona, además de formar parte de muestras colectivas en distintas ciudades de España, Portugal y Francia. Esta presencia expositiva ha contribuido a consolidar una obra que trasciende la documentación de los lugares para explorar sus resonancias emocionales y visuales.
El mar, los puertos, las estaciones ferroviarias, las calles y las personas que se detienen por un instante conforman algunos de los motivos recurrentes de su fotografía. A través de ellos, Caramés transforma lo ordinario en extraordinario y construye escenas que parecen situarse entre la realidad y el sueño. Sus desenfoques y reflejos no son meros recursos formales, sino instrumentos para cuestionar la percepción y desplazar la imagen hacia un territorio de sugerencias.