Hasta el 6 de noviembre, Héctor Francesch (A Coruña, 1977) presenta en la galería Moret Art de A Coruña (C. Uruguay, 1) su exposición A outra verdade ('La otra verdad'). Una mirada tan personal como irónica sobre la realidad cotidiana, aderezada con su característico relato pictórico.
Con una trayectoria consolidada a partir de la pintura, su ámbito de investigación predilecto, Francesch se ha ido adentrando de forma paulatina en otras disciplinas como la escultura, la instalación, la serigrafía, el diseño gráfico o la ilustración, y ha desplegado una extensa obra con un estilo tan original como reconocible. De hecho, su obra se ha expuesto en diferentes galerías e instituciones de Barcelona, A Coruña, Madrid, Berlín, Lisboa, Nueva York o Adelaide.

Además de su personalísima paleta cromática, su técnica impecable o el mimo y la precisión de sus composiciones —que alterna con su ingenio y su proverbial retintín—, la obra de Francesch se caracteriza por su lenguaje visual propio e inconfundible: los objetos que reproduce son portadores de una carga simbólica inapelable.
A outra verdade parte de una sesuda reflexión sobre su capacidad para construir y narrar una verdad propia, al margen de la veritas. Francesch reivindica su libertad como pintor para elegir «qué contar y desde qué perspectiva, o qué realidad construir. No tengo que ser objetivo. Expongo mi punto de vista sobre un tema y decido cómo contarlo. Soy libre», asevera. Y, a partir de tales premisas, articula un relato alternativo, un mundo mágico en el que lo onírico se amalgama con elementos reconocibles, símbolos y mucha ironía.
Algunas reflexiones
Desde esa perspectiva, Francesch explora esa tensión entre lo conocido y lo imaginado. Y, en efecto, acierta a reinterpretar la realidad desde su particular universo creativo y a convertir incluso sus escenas en testimonios de una época. Cada una de sus obras desvela un pequeño microcosmos con múltiples referencias a Galicia y, sobre todo, a su ciudad natal, a sus espacios y costumbres. A través de su mirada lúdica, transforma la cotidianidad y consigue que personajes, objetos y situaciones familiares devengan iconos de una generación.

"Dicen que la historia que conocemos es un conjunto de acontecimientos a los que un narrador da forma desde un punto de vista objetivo. Si lo razonable es pensar que la subjetividad es algo que nos es implícito, conseguir la objetividad pura al narrar los hechos que han tenido lugar a lo largo de la historia no debe ser tarea sencilla…", subraya.
"Como seres humanos —es decir, como mentes que observan y piensan—, vamos hilando historias propias a partir de la experiencia, de nuestros puntos de vista y anhelos". Para Francesch, la praxis artística es algo parecido: "Tal y como se emplea un papel en blanco para escribir los hechos registrados en los libros, los pintores disponemos de un lienzo, un soporte también en blanco, para contar una historia".
Pero el artista parte con ventaja respecto al historiador: «No tenemos que ser objetivos». La exposición habla de «esa verdad que queremos ver, ya sea caprichosa o mágica, cruda o cómica». Y esa es la propuesta de Francesch: "Un mundo en el que se mezclan elementos o hechos conocidos de la realidad, digamos, “oficial”, lo onírico y lo fantástico, alumbrando así otra verdad: la mía…", apostilla.
Con esta exposición, la galería Moret Art vuelve a apostar por la creación contemporánea gallega y por el trabajo de artistas capaces de construir universos propios.