A los 73 años, Roy Lichtenstein seguía buscando nuevas formas de construir imágenes. En 1997, el año de su muerte, el artista trabajaba en pinturas, grabados, esculturas y murales, mientras ampliaba los límites de un lenguaje visual que había contribuido decisivamente a definir el Pop Art. El Whitney Museum of American Art recupera ahora ese momento de especial intensidad creativa en Roy Lichtenstein: 1997, una exposición que podrá visitarse hasta el 1 de junio de 2027.
La muestra, instalada en la tercera planta del museo, reúne estudios, grabados, maquetas y otros materiales procedentes en buena parte de la colección del propio Whitney. Más que plantear una mirada retrospectiva sobre su carrera, la exposición se concentra en un único año para observar cómo Lichtenstein afrontaba una nueva etapa de su producción y cómo, lejos de acomodarse en las fórmulas que le habían dado reconocimiento internacional, continuaba explorando posibilidades.
Lichtenstein había alcanzado una posición central en la historia del arte contemporáneo a partir de sus imágenes inspiradas en los cómics, la publicidad y la cultura de consumo estadounidense. Sus colores primarios, los puntos Ben-Day y los contundentes contornos negros se convirtieron en signos reconocibles de una nueva relación entre arte e imágenes populares. Pero en sus últimos trabajos ese vocabulario comenzó a desplazarse.

En 1997 amplió radicalmente su paleta con verdes menta, turquesas, corales y cianes, al tiempo que experimentaba con contornos de diferentes colores y con composiciones más planas. En algunas obras desaparece incluso uno de los elementos más asociados a su producción: la línea negra que delimitaba las figuras. El resultado abre su trabajo hacia una estética que, retrospectivamente, puede relacionarse con la transformación de la cultura visual provocada por las nuevas tecnologías digitales.
Ese interés por las posibilidades de la imagen no implicaba, sin embargo, abandonar sus estrategias anteriores. Lichtenstein continuaba reutilizando motivos procedentes de su propia trayectoria, como las pirámides o las pinceladas, y estableciendo diálogos con referentes de la historia del arte. Leonardo da Vinci y Henri Matisse aparecen entre las fuentes visuales que el artista volvió a citar y reinterpretar, prolongando una práctica de apropiación que había atravesado buena parte de su carrera.
La dimensión experimental de aquel último año también se refleja en la diversidad de proyectos en los que estaba trabajando. Además de su actividad pictórica en el estudio, Lichtenstein desarrollaba dos encargos murales, varias esculturas de gran formato y una nueva serie de grabados. Su muerte interrumpió de manera inesperada este proceso. En agosto de 1997 enfermó y falleció en septiembre a causa de complicaciones derivadas de una neumonía, dejando diferentes trabajos sin terminar.

Algunos de esos proyectos fueron posteriormente fabricados o completados de manera póstuma; otros permanecieron únicamente como bocetos y estudios. La exposición del Whitney permite precisamente aproximarse a ese territorio intermedio entre la obra acabada y la posibilidad que quedó abierta, mostrando cómo el pensamiento de Lichtenstein se desplegaba también a través de dibujos preparatorios, maquetas y pruebas.
El interés de Roy Lichtenstein: 1997 reside así en desplazar la mirada sobre uno de los grandes nombres del Pop Art. Frente a la imagen de un artista asociado a un repertorio visual perfectamente reconocible, la exposición recupera a un creador todavía inquieto, capaz de revisar sus propios códigos y de incorporar nuevas soluciones formales cuando se encontraba en el tramo final de su vida.
Su último año coincide, además, con un momento de transformación profunda de la cultura visual. Internet comenzaba a extenderse y las imágenes entraban en una nueva fase marcada por la tecnología digital. Lichtenstein no llegó a desarrollar plenamente ese nuevo escenario, pero sus experimentos con superficies más planas, nuevos colores y la desaparición de los contornos negros parecen situarse, de manera especialmente sugerente, ante ese cambio de paradigma.