Albert Serra vuelve al Festival de San Sebastián con Seize momentos de ma vie , un nuevo ejercicio cinematográfico que se sitúa lejos de las convenciones narrativas y que toma como protagonista a Ingrid Caven, cantante y actriz alemana vinculada a algunos de los episodios más singulares del cine y la cultura europea de las décadas de los sesenta y setenta. El cineasta de Banyoles, nacido en 1975, construye un retrato que no busca explicar una biografía de forma convencional, sino aproximarse a la figura de Caven a través de la música, la presencia escénica y la memoria.
El punto de partida es un concierto celebrado en el Théâtre des Bouffes du Nord de París, donde Caven interpreta un repertorio formado por dieciséis canciones autobiográficas. Cada pieza remite a un momento de su vida y permite a Serra construir una especie de autorretrato fragmentario en el que la voz, el gesto y el tiempo adquieren tanta importancia como cualquier elemento estrictamente narrativo. La artista alemana, actualmente octogenaria, se convierte así en el centro de una propuesta que observa el paso de los años sin necesidad de convertirlo en un relato cronológico.
La película cuenta con la participación de Ingrid Caven, Marc Verdaguer, Ferran Font y Enric Juncà, mientras que la música incorpora el trabajo de Ferran Font, Enric Juncà, Joe Robinson y Marc Verdaguer. La fotografía es de Artur Tort, responsable de dar forma visual a un dispositivo que se mueve entre el documental, el registro de la actuación y la experimentación cinematográfica.

En lugar de situar a Caven frente a una cámara destinada a reconstruir su trayectoria, Serra deja que sean las canciones las que articulen el relato. El concierto se convierte en espacio de memoria y música, en una vía de acceso a una personalidad artística marcada por su relación con el cine, el teatro y las vanguardias europeas. El resultado es una pieza que parece interesarse menos por explicar quién es Ingrid Caven que por observar qué queda de una vida cuando ésta es evocada a través de la interpretación.
La propuesta mantiene, de esta forma, algunas de las constantes del cine de Serra: el interés por las figuras que desbordan las categorías convencionales, la tensión entre realidad y representación y una particular concepción del tiempo cinematográfico. El director no busca acelerar el relato, sino permitir que los momentos escénicos respiren y que la personalidad de Caven emerja progresivamente a través de su voz y su presencia.
La relación de Serra con el Festival de San Sebastián añade una nueva capa a este estreno. El cineasta catalán logró la Concha de Oro con Tardes de soledad , una obra que generó un amplio debate en torno a su mirada sobre el mundo taurino y que posteriormente dio paso a Los domingos como ganadora del máximo galardón del certamen. Ahora, Serra vuelve a la programación donostiarra con una obra de una naturaleza muy distinta, pero igualmente alejada de los mecanismos más previsibles del cine convencional.