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Exposiciones

Paulo Bruscky encuentra el azar en Brusque

El pionero brasileño del arte conceptual convierte una coincidencia geográfica en un laboratorio de imágenes, lenguaje, comunicación y experimentación.

Paulo Bruscky encuentra el azar en Brusque
bonart lisboa - 19/09/26

La coincidencia puede ser también una forma de creación. Para Paulo Bruscky (Recife, 1949), uno de los grandes pioneros del arte conceptual brasileño, el azar, los juegos del lenguaje y las conexiones inesperadas han constituido desde los años setenta una materia fundamental de trabajo. Su trayectoria se ha construido precisamente en ese territorio fronterizo donde arte, comunicación y tecnología se encuentran para generar nuevas posibilidades de pensamiento y experimentación.

La Galeria Zé dos Bois de Lisboa presenta hasta el 30 de septiembre Bruscky in Brusque, una exposición que recupera una de las series más singulares de la extensa producción del artista brasileño. El origen del proyecto se encuentra en un desplazamiento realizado por Bruscky a comienzos de los años ochenta hasta Brusque, una ciudad del estado brasileño de Santa Catarina cuyo nombre guarda una evidente proximidad con el suyo. Una coincidencia aparentemente anecdótica que el artista transforma en punto de partida para una investigación sobre la identidad, el territorio y las posibilidades poéticas de la comunicación.

Durante aquella visita, Bruscky comenzó a recopilar materiales vinculados a la ciudad: postales, fotografías, señales informativas, rótulos urbanos y otros elementos encontrados en el espacio público. Estos objetos, desprovistos en principio de una consideración artística, fueron posteriormente manipulados y reorganizados para construir una serie en la que la realidad cotidiana aparece atravesada por el juego conceptual. Bruscky in Brusque convierte así una coincidencia lingüística en una operación artística basada en la observación, la apropiación y la transformación.

El episodio resulta especialmente representativo de una práctica que Bruscky ha desarrollado durante más de cinco décadas. Desde comienzos de los años setenta, el artista ha explorado la poesía visual y sonora, la performance, el libro de artista, el cine, las instalaciones, las intervenciones urbanas y los nuevos medios, además de desarrollar una importante investigación alrededor del Xerox art y el fax art. Su trabajo también está estrechamente vinculado a los movimientos de poesía/proceso y mail art, ámbitos en los que la circulación de mensajes, imágenes y objetos se convierte en parte esencial de la propia obra.

En Bruscky, la comunicación nunca aparece como un simple instrumento. Es, en sí misma, un territorio artístico. El artista ha utilizado tecnologías y sistemas de transmisión que en diferentes momentos fueron considerados periféricos o ajenos a las prácticas artísticas convencionales para cuestionar las fronteras entre original y copia, presencia y ausencia, autor y receptor. El fax, la fotocopia, el correo o los dispositivos de reproducción se incorporan así a un lenguaje en el que la circulación de la información puede ser tan importante como la imagen final.

Esta dimensión experimental está acompañada por una concepción profundamente semiótica de la creación. Bruscky no busca necesariamente significados literales, sino asociaciones capaces de abrir nuevas lecturas. El juego, la casualidad y las coincidencias funcionan como mecanismos de producción de sentido. Una palabra puede activar una imagen; una imagen puede generar un desplazamiento; un objeto encontrado puede convertirse en una pieza artística a través de una mínima intervención.

Es precisamente esta relación entre azar y lógica la que permite entender Bruscky in Brusque más allá de la anécdota de su título. La semejanza entre el nombre del artista y el de la ciudad actúa como detonante, pero el verdadero interés de la serie reside en cómo Bruscky convierte ese encuentro fortuito en un sistema de observación. La ciudad se transforma en archivo y sus elementos cotidianos pasan a formar parte de una cartografía personal construida mediante fragmentos.

La exposición de Zé dos Bois recupera así una obra en la que el territorio no es únicamente un escenario, sino un agente activo de la creación. Postales, señales, fotografías y signos urbanos dejan de funcionar como simples documentos para convertirse en piezas de un juego conceptual donde realidad y representación se contaminan mutuamente.

A lo largo de su carrera, Bruscky ha mantenido esta voluntad de experimentar con los límites del arte y con los canales mediante los que se produce, se transmite y se recibe una obra. Bruscky in Brusque condensa buena parte de esa metodología: partir de una coincidencia, observar sus posibilidades, intervenir sobre aquello que aparece y permitir que el resultado permanezca abierto a nuevas interpretaciones.

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