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Viterbo enciende su ‘campanario que camina’ en honor a Santa Rosa

Un centenar de «facchini» transporta a hombros una monumental torre de luz por las calles de la ciudad en una de las tradiciones más espectaculares de Italia.

Viterbo enciende su ‘campanario que camina’ en honor a Santa Rosa
bonart viterbo - 05/09/26

Cada 3 de septiembre, cuando cae la noche sobre el municipio de Viterbo, la ciudad italiana se transforma en el escenario de una de las celebraciones más singulares de Europa. Desde las inmediaciones de Porta Romana hasta el santuario de Santa Rosa, una monumental torre iluminada avanza lentamente por las calles del centro histórico llevada a hombros por un centenar de hombres. Es la Macchina di Santa Rosa, una tradición que combina devoción religiosa, memoria colectiva, artesanía, esfuerzo físico y espectáculo y que, desde 2013, forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

La ceremonia tiene lugar en vísperas de la festividad de Santa Rosa, patrona de Viterbo. Su origen se remonta a una antigua tradición vinculada al traslado de los restos de la santa desde la iglesia de Santa Maria del Poggio hasta la iglesia de San Damiano, donde actualmente se encuentra el santuario dedicado a ella. La primera referencia documentada a la celebración de la Macchina se sitúa en el siglo XVII y, con el paso del tiempo, aquella manifestación religiosa fue adquiriendo unas dimensiones cada vez más monumentales.

La protagonista es una estructura efímera concebida como un gigantesco campanario, aunque en realidad no se trata de una torre convencional. Cada cierto tiempo se convoca un concurso para diseñar una nueva Macchina y, desde hace décadas, el modelo se renueva aproximadamente cada cinco años. La versión actual, Dies Natalis, fue diseñada por el arquitecto Raffaele Ascenzi y comenzó su ciclo de transportes en 2024. Con sus 33 metros de altura, representa el nacimiento y la vida de Santa Rosa a través de una composición vertical de figuras y símbolos.

Su construcción es también una demostración de ingeniería y de artesanía contemporánea. Para Dies Natalis se han empleado materiales más ligeros y resistentes que permiten mantener unas dimensiones extraordinarias dentro de los estrictos límites de seguridad establecidos para el transporte. En 2026, la estructura fue sometida a la tradicional prueba de pesaje antes de su salida y registró 5.071 kilos.

Pero la verdadera fuerza de la celebración reside en los facchini di Santa Rosa, los hombres encargados de sostener y hacer avanzar la estructura. Vestidos de blanco, forman una comunidad estrechamente vinculada a la tradición y al ritual. Bajo sus hombros descansa una torre que puede superar los treinta metros de altura y cuyo peso se concentra sobre una formación humana que debe coordinar cada movimiento con absoluta precisión. El grito de mando del capofacchino, «Sollevate e fermi!» —«¡Levantad y quietos!»—, marca uno de los momentos esenciales de la ceremonia.

El recorrido comienza en Piazza San Sisto, junto a Porta Romana, donde la Macchina es ensamblada antes de la celebración. A partir de las nueve de la noche, la estructura inicia un trayecto de poco más de un kilómetro por las calles del centro histórico hasta alcanzar el santuario de Santa Rosa. El itinerario incluye varias paradas en puntos emblemáticos de la ciudad, entre ellas Piazza Fontana Grande, Piazza del Plebiscito, Piazza delle Erbe, Corso Italia y Piazza Verdi. Las pausas permiten a los facchini recuperar fuerzas, pero también forman parte del lenguaje ceremonial del acontecimiento.

Durante el transporte, las calles permanecen prácticamente a oscuras y la iluminación de la propia Macchina adquiere todo el protagonismo. Miles de pequeñas luces convierten la estructura en una aparición luminosa que parece desplazarse por encima de la multitud. Por eso los viterbeses la llaman también el «campanile che cammina», el campanario que camina. La oscuridad no es únicamente un recurso escénico: permite que la torre se convierta en el centro absoluto de la mirada y acentúa el carácter casi sobrenatural de la procesión.

El momento culminante llega en los últimos metros. Después de atravesar las calles del centro, los facchini afrontan el tramo final hacia el santuario, donde la Macchina llega ante la tumba de Santa Rosa. Allí termina un recorrido que exige una extraordinaria combinación de fuerza, equilibrio, disciplina y coordinación. Lo que para el espectador puede parecer un prodigio espontáneo es, en realidad, el resultado de una compleja organización colectiva y de unos conocimientos transmitidos de generación en generación.

Precisamente esa dimensión comunitaria explica su reconocimiento internacional. La UNESCO incluyó en 2013 las celebraciones de las grandes máquinas procesionales llevadas a hombros de Italia, que reúnen las tradiciones de Viterbo, Nola, Palmi y Sassari. En el caso de Viterbo, el organismo destaca no solo la espectacularidad de la Macchina, sino también la cooperación entre los participantes, la transmisión de conocimientos y técnicas y el sentimiento de identidad compartida que genera la celebración.

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