Hay paisajes que no se dejan observar con nitidez. Espacios en los que la mirada se ve condicionada por la materia, la luz, el tiempo e incluso por la propia capacidad del cuerpo de orientarse. En estos territorios, la fotografía deja de ser únicamente un instrumento de representación para convertirse en una herramienta de descubrimiento. Ésta es la premisa de Turbio. Territorio y visiones submarinas , el proyecto de Jonás Forchini que presenta el Museo de Arqueología de Cataluña, una investigación artística que toma como punto de partida los restos sumergidos del antiguo faro de la isla de Buda, en el delta del Ebro, para construir una reflexión sobre la memoria, el patrimonio, el paisaje y la desaparición.
La exposición se articula en torno a un elemento casi olvidado. El faro de Buda, inaugurado en el siglo XIX para facilitar la navegación en la desembocadura del Ebro, acabó sucumbiendo a los cambios del litoral hasta desaparecer bajo las aguas. Hoy sus restos permanecen sumergidos, convertidos en un yacimiento arqueológico contemporáneo que habla tanto de la historia industrial del país como de la constante transformación de los paisajes.

Pero Forchini no llega hasta ese vestigio únicamente desde el interés histórico. Su proyecto nace de una doble condición: la de artista visual y la de buceador operador vinculado al Centro de Arqueología Subacuática de Catalunya (CASC). Esta relación directa con el trabajo científico ha acabado definiendo buena parte de su forma de entender la fotografía.
"Este proyecto surge a raíz de una residencia artística centrada en la fotografía submarina en el litoral tarraconense y de las Terres de l'Ebre. Paralelamente, yo trabajo con el Centro de Arqueología Subacuática como buceador operador. Esta doble vinculación permitió establecer una colaboración muy natural entre la investigación.
Esa complicidad dio lugar a una expedición con un objetivo muy concreto: localizar los restos del faro de Buda. La paradoja es que, pese a formar parte del patrimonio catalán, nadie conocía con precisión su ubicación. "En los archivos del CASCO aparecía documentado el hundimiento del faro, pero había muy poca información. No existía prácticamente documentación fotográfica y la localización era muy imprecisa. Cuando empezamos la búsqueda no sabíamos exactamente dónde estaba."
La búsqueda terminó convirtiéndose en una experiencia compartida entre arqueólogos y artista. "A partir de esta iniciativa artística involucramos a los equipos científicos. Finalmente lo localizamos, se hizo una datación exprés bajo el agua y generamos toda una documentación visual que hoy constituye una parte muy importante de la exposición."
Este origen define ya buena parte del proyecto. Turbio no es una reconstrucción histórica ni tampoco un reportaje documental convencional. Es una investigación en la que arte y arqueología comparten metodología, dudas y descubrimientos.
El faro como metáfora
Para Forchini, el faro de Buda es mucho más que una desaparecida arquitectura. Su valor simbólico es tan importante como el patrimonial. "Que un faro construido para elevarse sobre el paisaje, para iluminar el horizonte y representar una idea de progreso se encuentre hoy bajo el agua me parece profundamente revelador. Es casi una metáfora del declive de la modernidad."
El artista observa ese desplazamiento con una mirada crítica. "Cuando consultas la documentación histórica descubres que este faro llegó a convertirse en un símbolo tecnológico. Incluso se expuso una réplica en la Exposición Universal de París. Comparar esa iconografía triunfal con la realidad actual invita inevitablemente a reflexionar sobre la obsolescencia de ciertas tecnologías pero también sobre cómo".

La estructura, concebida para dominar el paisaje desde las alturas, acaba convertida en un fragmento arqueológico oculto debajo del mar. "Es como un faro que se ha apagado dos veces: primero dejó de iluminar a los navegantes y después también desapareció casi de la memoria colectiva. Sólo la gente del territorio conserva un recuerdo vivo."
Ese desplazamiento es, precisamente, lo que interesa a Forchini. Más que recuperar un monumento, lo que busca es activar una reflexión sobre lo que desaparece sin hacer ruido.
Aprender a mirar desde la incertidumbre
El título de la exposición condensa toda una forma de entender la práctica artística. El término turbio describe la condición física de unas aguas cargadas de sedimentos, pero también una experiencia perceptiva. "El primer significado del turbio es técnico. Tiene que ver con la dificultad de ver debajo del agua. Pero esta dificultad acaba convirtiéndose en una experiencia mucho más profunda."
Para el artista, la primera lección del buceo en estos entornos es la frustración. "Siempre digo que el turbio es un aprendizaje de la frustración. Tienes que aceptar que muchas veces no podrás ver lo que buscas. Las condiciones meteorológicas, las corrientes, los sedimentos... todo condiciona la mirada."
Este aprendizaje acaba transformando la forma de habitar el paisaje. "La incertidumbre deja de ser un problema técnico y se convierte casi en una cuestión filosófica. Aprendes a situar el cuerpo, la mirada y la cámara en un espacio que apenas tiene horizonte."
Forchini defiende que estas limitaciones no reducen las posibilidades creativas, sino que las amplifican. "Es un espacio muy limitado visualmente, pero precisamente dentro de esta limitación aparecen otras formas de ver. Éste es el potencial que me interesa explorar."
Cuando la cámara ve más que el fotógrafo
Uno de los aspectos más sugerentes del proyecto es la reflexión sobre la fotografía misma. En Turbio , la cámara no actúa únicamente como un dispositivo de registro. "Aquí la fotografía funciona casi como una prótesis de la mirada."
La artista explica que la tecnología digital es capaz de captar información de que el cerebro no llega a procesar durante la inmersión. "Cuando buceas en aguas tan opacas no eres plenamente consciente de lo que estás viendo. Es cuando revisas las imágenes que realmente comprendes el espacio donde estabas. La fotografía supera mi propia percepción."
Las cámaras actuales permiten generar cientos de imágenes en una sola inmersión. "Las nuevas sensibilidades de los sensores digitales interpretan el turbio mejor que nosotros mismos. Las imágenes acaban construyendo una topografía que el cuerpo había sido incapaz de percibir."
La fotografía se convierte así en una herramienta de conocimiento compartido entre artista y arqueólogos. "Estas imágenes nos permiten entender mejor la configuración del suelo submarino y reconstruir una realidad que, durante la inmersión, nos había pasado prácticamente desapercibida."

El cuerpo también fotografía
El trabajo bajo el agua está determinado por factores muy distintos a los que condicionan la fotografía terrestre. El tiempo de inmersión es limitado. El aire disponible determina cada decisión. "El primer condicionante es siempre el tiempo. Cada fotografía es también una gestión constante del aire que llevas encima."
Pero existe otra limitación aún más profunda: la pérdida de referencias espaciales. "Pasamos mucho tiempo intentando comprender el espacio porque, sencillamente, estamos perdidos." En estas condiciones, el cuerpo se convierte en una herramienta de percepción tan importante como la cámara. "Tienes que aprender a moverte casi anticipando el paisaje. Muchas veces lo conoces antes con el tacto que con la vista."
La fotografía incorpora esa experiencia física. "Hay mucho azar. A menudo no soy consciente de lo que estoy fotografiando. A veces separo la cámara de mi rostro y sigo haciendo imágenes sin verlas directamente. Es una prolongación del cuerpo más que de la mirada." Este componente corporal aleja radicalmente el proyecto de los códigos tradicionales de la fotografía documental.
Nuevos imaginarios del mundo submarino
Forchini cuestiona también los imaginarios visuales que han dominado durante décadas la fotografía submarina. "La mayor parte de las imágenes que consumimos siguen reproduciendo una idea muy estética del mar: aguas transparentes, arrecifes de coral, peces exóticos... Es un imaginario muy consolidado."
Según el artista, esta iconografía procede tanto de la industria turística como de los primeros grandes relatos audiovisuales sobre el mundo submarino. "El arte y la ciencia son hoy prácticamente los únicos ámbitos que están generando nuevos imaginarios. Ya no se trata sólo de mostrar belleza, sino de contar otros paisajes y otras experiencias."
En este sentido, Turbio reivindica los espacios aparentemente anodinos. "La fotografía contemporánea terrestre lleva muchos años trabajando sobre lo ordinario. En cambio, la fotografía submarina todavía está empezando este camino. A mí me interesa precisamente dirigir la mirada hacia esos lugares que nadie considera espectaculares."
El patrimonio frente al cambio climático
El proyecto también conecta con una problemática cada vez más acuciante: la fragilidad del patrimonio subacuático. Cataluña conserva cientos de yacimientos arqueológicos bajo el mar, muchos de los cuales se ven afectados por los temporales, la regresión del litoral o los efectos del cambio climático. "Los episodios extremos hacen aflorar nuevos yacimientos, pero al mismo tiempo aceleran su degradación."

Para Forchini, esta situación obliga a replantear el papel de la documentación. "Es imposible conservarlo todo. Muchas cosas se perderán. El gran reto es documentarlas para que esta memoria pueda seguir existiendo aunque el paisaje desaparezca."
Aquí el arte vuelve a conectar con la ciencia. "La documentación no sólo tiene un valor patrimonial. También permite construir discursos críticos sobre la desaparición de los paisajes, sobre la pérdida de territorios y sobre las transformaciones que está viviendo el litoral."
El faro de Buda es, en ese sentido, un ejemplo paradigmático. "Estos restos nos cuentan una cartografía que ya no existe. El paisaje actual es diferente, pero las imágenes nos permiten comprender lo que había antes y lo que hemos perdido." Lejos de plantear una mirada nostálgica, Forchini defiende que esa aceptación de la desaparición forma parte del proceso creativo. "Al final todo vuelve a la misma idea: la aceptación de la pérdida. No sólo la pérdida de los objetos, sino también de los paisajes, de las memorias e incluso de las formas de mirar."
Con la exposición temporal Turbio. Territorio y visiones submarinas del MAC, presentada en paralelo al montaje del Escaparate del Museo Abelló de Mollet del Vallés de hace unos meses, Jonàs Forchini invita al visitante a cuestionar la forma en que observamos el paisaje, pero también lo que queda fuera de nuestro campo de visión. En este proceso, la fotografía se convierte en una herramienta fundamental de exploración, capaz de revelar realidades que a menudo permanecen ocultas en la mirada.