La artista estadounidense Betye Saar, una de las figuras esenciales del movimiento Black Arts y una de las grandes renovadoras del assemblage contemporáneo, ha fallecido a los 99 años en su ciudad natal, Los Ángeles. Su desaparición pone fin a una carrera de más de seis décadas en la que convirtió objetos cotidianos y vestigios de la cultura popular estadounidense en poderosas obras de denuncia social y afirmación identitaria.
Reconocida internacionalmente por su capacidad para resignificar imágenes y objetos vinculados a la segregación racial durante la era Jim Crow, Saar desarrolló un lenguaje artístico propio basado en el assemblage, una técnica escultórica construida a partir de elementos encontrados. Muñecas, tablas de lavar, relojes, jaulas, altares o muebles antiguos pasaron a formar parte de un universo visual en el que memoria, espiritualidad, historia y reivindicación política convivían de forma inseparable.
Su obra desafió los estereotipos raciales profundamente arraigados en la sociedad estadounidense y transformó objetos que habían servido para perpetuar la discriminación en símbolos de emancipación y orgullo afroamericano. Esta capacidad para subvertir el significado de los iconos racistas convirtió a Saar en una referencia imprescindible para varias generaciones de artistas.
Aunque comenzó su trayectoria profesional en el ámbito del diseño, no fue hasta los 35 años cuando decidió dedicarse plenamente a las artes visuales. Desde entonces mantuvo una actividad creativa ininterrumpida, trabajando hasta bien entrada la novena década de su vida. Nacida en Pasadena, formó parte de una activa comunidad de artistas afroamericanos del área de Los Ángeles y siempre señaló las célebres Torres Watts de Simon Rodia como una de las influencias decisivas de sus primeros años.

Entre sus obras más emblemáticas destaca Black Girl's Window (1969), considerada hoy una pieza fundamental del arte estadounidense del siglo XX, aunque su reconocimiento institucional llegó décadas más tarde con su incorporación a la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York en 2019.
Otro de los hitos de su producción fue The Liberation of Aunt Jemima (1972), una obra convertida en icono del arte político contemporáneo. En ella reapropió la figura estereotipada de la criada afroamericana para transformarla en un símbolo de resistencia: el personaje sostiene un rifle y una granada, invirtiendo por completo el significado del imaginario racista que representaba.
Además de su producción artística, Betye Saar desempeñó un papel fundamental como mentora de numerosos creadores afroamericanos, entre ellos el pintor Kerry James Marshall, contribuyendo decisivamente a abrir camino a nuevas generaciones en un panorama artístico históricamente dominado por instituciones y discursos mayoritariamente blancos.
Aunque durante décadas su presencia en los grandes museos fue irregular, el reconocimiento institucional se consolidó en los últimos años de su carrera. En 2019 protagonizó exposiciones individuales simultáneas en el Los Angeles County Museum of Art y el Museum of Modern Art, mientras que en la primavera de 2026 ingresó en la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, uno de los mayores reconocimientos culturales del país.
Hasta sus últimos meses de vida continuó siendo objeto de exposiciones y estudios. En Los Ángeles permanecía abierta una muestra dedicada a sus diseños textiles y de vestuario, mientras que la New-York Historical Society exhibía una amplia selección de las más de cien muñecas que reunió a lo largo de su vida y que constituyeron una fuente constante de inspiración para una obra que convirtió el arte en una herramienta de memoria, resistencia y transformación social.