En un momento en que muchas exposiciones inmersivas corren el riesgo de convertirse en simples dispositivos espectaculares, Gaudí-Miró-Gomis: Deconstructed llega con una ambición distinta: no tanto la de impresionar al espectador como la de abrir un nuevo campo de lectura sobre tres nombres fundamentales de la cultura catalana del siglo XX. La muestra, coorganizada por la Fundació Joan Miró y Casa Batlló Contemporary, se inauguró el 8 de julio en la Casa Batlló y se convierte en la segunda gran exposición del programa artístico del edificio, en el marco del Año Gaudí 2026.
Comisariada por Joana Seguro, desde Casa Batlló Contemporary, y Ester Ramos, desde la Fundación Joan Miró, y desarrollada por el estudio creativo Tomorrow Bureau, la exposición propone un ejercicio de desmontaje -y, por tanto, también de reconstrucción- de las relaciones entre Antoni Gaudí, Joan Miró y Joaquim Gomis. La palabra deconstructed no es aquí un simple recurso estético o terminológico: define una metodología. La exposición toma las formas, gestos e imaginarios de los tres creadores, los fragmenta, los observa con herramientas contemporáneas y los restituye en un nuevo régimen de percepción.

Tomorrow Bureau, 2026 © Sucesión Miró, 2026.
La propuesta reúne esculturas y obra gráfica de Joan Miró, fotografías de Joaquim Gomis y una serie de instalaciones audiovisuales, sonoras y digitales que actúan como una capa de lectura contemporánea sobre este legado. Pero lo más relevante no es tanto la coexistencia de obra histórica y tecnología como la forma en que esta convivencia se resuelve. En lugar de someter la obra a un dispositivo decorativo o ilustrativo, Tomorrow Bureau utiliza recursos como la fotogrametría, el escaneo 3D, la animación y la inteligencia artificial generativa para explorar las piezas desde su materialidad, su volumen, su estructura y su memoria visual.
Este punto es especialmente visible en el tratamiento de la obra escultórica de Miró. Por primera vez, una selección de sus esculturas ha sido digitalizada, lo que no sólo amplía las posibilidades de conservación y difusión de su legado, sino que modifica radicalmente su recepción. Las esculturas aparecen casi como cuerpos arqueológicos recientemente exhumados: las superficies son cartografiadas, las texturas amplificadas, los volúmenes sometidos a un análisis que revela una dimensión latente. Lo que a simple vista podía parecer una forma compacta se despliega ahora como una geografía de pliegos, rugosidades, tensiones y huecos. La tecnología, en ese caso, no suplanta la mirada, sino que la fuerza a afinarse.

Gaudí XIII, Joan Miró, 1979. Fundación, Joan Miró, Barcelona © Successió Miró, 2026.
Esta operación, sin embargo, no se centra exclusivamente en Miró. La exposición funciona sobre todo como una constelación de correspondencias. Gaudí, Miró y Gomis no se presentan como tres genios aislados, sino como figuras que comparten un mismo ecosistema sensible: una Barcelona, un paisaje, una cultura visual y una determinada relación con la naturaleza y con la materia. En este sentido, uno de los aciertos de la muestra es evitar la rigidez de la cronología o la tentación de una lectura puramente historiográfica. El relato no pregunta sólo qué hizo cada uno de ellos, sino cómo sus prácticas se tocan, se contaminan y se reflejan entre sí.
La presencia de Joaquim Gomis es clave en esta articulación. Su fotografía, a menudo ubicada en un lugar subsidiario dentro del relato de la vanguardia catalana, emerge aquí como una pieza fundamental para entender la modernidad visual del país. La mirada de Gomis fue determinante en la difusión de la obra de Gaudí, pero también en la construcción de una sensibilidad que permitía leer la arquitectura, la escultura y el paisaje como lenguajes en transformación. Sus imágenes no son sólo documentos: son dispositivos de pensamiento, encuadres que reordenan el mundo y que, en esta exposición, dialogan con la libertad formal de Miró y con la pulsión orgánica de Gaudí.

Tomorrow Bureau, 2026 © Sucesión Miró, 2026.
La muestra se articula en torno a conceptos como la naturaleza, la materia, la vida, el instinto o el espíritu. Podría parecer un campo semántico demasiado amplio o demasiado abstracto, pero el montaje evita la retórica vacía y trabaja estos ejes desde la proximidad física con las obras y sus reverberaciones digitales. La naturaleza, por ejemplo, no aparece sólo como tema iconográfico, sino como principio constructivo: Gaudí, como arquitectura viva; en Miró, como energía telúrica y signo metamórfico; en Gomis, como mirada que detecta ritmos y estructuras dentro de lo visible.
En este sentido, Gaudí-Miró-Gomis: Deconstructed no es una exposición sobre influencias en el sentido convencional del término, sino sobre profundas afinidades. Existe una voluntad de mostrar que la obra de los tres creadores no se desarrolla en paralelo, sino en un estado de conversación permanente, aunque esa conversación sea a veces subterránea, intuitiva o diferida en el tiempo. El proyecto de Tomorrow Bureau traduce esta intuición en un espacio inmersivo que no busca cerrar significados, sino multiplicarlos.

Tomorrow Bureau, 2026 © Sucesión Miró, 2026.
La cuestión, cómo no, es hasta qué punto la mediación tecnológica consigue sostener esta complejidad sin banalizarla. Y es ahí donde la muestra encuentra su principal valor crítico. Lejos de la fascinación acrítica por la innovación, la tecnología es utilizada como instrumento de análisis y no como finalidad en sí misma. No existe una estetización vacía del recurso digital, sino una voluntad de investigar qué ocurre cuando una obra es traducida, escaneada, expandida o reanimada por otros lenguajes. El resultado no es una sustitución del original, sino una fricción entre presencias: la de la obra material y la de su proyección contemporánea.
Esta fricción es probablemente el espacio más fecundo de la exposición. Porque es allí donde el visitante deja de ser un simple espectador de efectos para convertirse en lector de estratos, en observador de una obra que se muestra y al mismo tiempo se interroga. Gaudí-Miró-Gomis: Deconstructed no sólo pone en relación tres nombres esenciales de la cultura catalana; también ensaya una pregunta de fondo sobre cómo mirar hoy el patrimonio artístico sin convertirlo en pieza de museo ni en espectáculo de consumo rápido.