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Exposiciones

Naturaleza arquitecta

El Museo Moderno de Buenos Aires propone una mirada expandida sobre el arte como ecología de vínculos, territorios y formas de vida.

Naturaleza arquitecta
bonart buenos aires - 17/06/26

El Museo Moderno de Buenos Aires presenta Naturaleza arquitecta, una exposición que podrá visitarse hasta abril de 2027 y que desplaza la idea de naturaleza como fondo o escenario para situarla en el centro mismo de las prácticas creativas, sociales y políticas. Lejos de una representación pasiva del mundo natural, la muestra propone entenderlo como una inteligencia activa que organiza, inspira y transforma los modos en que habitamos el planeta.

La exposición invita a escuchar lo que narran los bosques, a leer los ríos como archivos en movimiento y a pensar los volcanes como escrituras geológicas que condensan tiempo y memoria. En ese desplazamiento de la mirada, los animales aparecen como interlocutores posibles, capaces de desestabilizar la centralidad humana y abrir otras formas de percepción y conocimiento.

Naturaleza arquitecta articula investigación de largo aliento, imaginación especulativa y experiencia sensorial como métodos de conocimiento. En este marco, el arte se entrelaza con la arquitectura, la poesía, la botánica, la cartografía y el activismo ecológico, generando un campo expandido donde las disciplinas dejan de funcionar de manera aislada. La botánica se cruza con la historia social, la zoología con la estética y la cartografía con la escritura poética, en un entramado que entiende el territorio como un espacio en disputa y en permanente reconfiguración.

La exposición reúne artistas y colectivos de Argentina, Brasil, Chile, Zimbabwe y otros contextos, entre ellos Manuel Brandazza, Virginia Buitrón, Adriana Bustos, Ariel Cusnir, Jonathas de Andrade, Julián D’Angiolillo, Cao Guimarães, Artur Lescher, Florencia Levy, m7red, Valeria Maggi, Eduardo Navarro, Rivane Neuenschwander, Rayana Rayo, Casa Río Lab, Florencia Rodríguez Giles, Sebastián Roque, Tomás Saraceno, Felix Shumba, Paulo Tavares y el proyecto Utopía del Sur vinculado a la Fundación Nicolás García Uriburu. También se incorporan referencias al legado de artistas y pensadores como Raúl Zurita, en diálogo con una sensibilidad que cruza poesía y territorio.

Comisariada por Patricio Orellana en diálogo con Victoria Noorthoorn, la muestra se organiza en dos grandes espacios que funcionan como recorridos complementarios. En la Sala A, el montaje adopta la forma de una gran mesa río que opera como dispositivo de investigación y encuentro. Allí, las obras se presentan como nodos de un sistema vivo que conecta prácticas artísticas con procesos ecológicos y sociales que se despliegan a escala regional y global.

En este primer tramo, el pensamiento de Paulo Tavares resulta clave para entender la idea de bosque cultural como una forma de diseño colectivo donde naturaleza, historia y política se entrelazan. Las investigaciones de Tomás Saraceno sobre las telarañas como estructuras colaborativas entre especies amplían esta noción hacia una ecología de relaciones interdependientes. Proyectos como m7red y Casa Río Lab exploran territorios fluviales y sus dinámicas sociales, mientras que Florencia Levy aborda paisajes atravesados por el extractivismo, donde la materia y la memoria se inscriben en capas de conflicto. El programa Utopías del Sur retoma el legado de Nicolás García Uriburu al vincular arte, activismo ambiental y educación.

La Sala B propone un desplazamiento hacia una experiencia más sensorial e inmersiva. En este espacio, la naturaleza se manifiesta como intensidad perceptiva, atravesada por colores, movimientos y sonidos que transforman la manera de habitar el tiempo expositivo. Los ríos aparecen como formas de conocimiento que cruzan fronteras y reorganizan geografías, mientras que las prácticas artísticas exploran celebraciones, rituales y narrativas donde conviven lo humano y lo no humano.

Las obras también se detienen en aquello que permanece oculto o subterráneo, desde raíces y formaciones volcánicas hasta capas geológicas que revelan otras temporalidades del mundo. En conjunto, estas propuestas amplían la sensibilidad del visitante y proponen una forma de atención expandida hacia lo vivo.

El recorrido culmina en un gran mural que evoca un bosque habitado por presencias múltiples, donde la naturaleza se presenta no como paisaje estable sino como campo de relaciones en constante transformación. En ese gesto final, Naturaleza arquitecta plantea una pregunta abierta sobre cómo habitamos el planeta y qué otras formas de convivencia aún pueden ser imaginadas desde el arte.

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