El escultor catalán ha transformado la antigua iglesia Sainte-Anne de Montpellier, un templo desacralizado convertido en espacio para el arte contemporáneo, en un lugar de recogimiento donde la contemplación se erige como respuesta a la agitación del presente.
Bajo el título Mirage (Espejismo), la exposición se articula en torno a dos esculturas monumentales situadas en la nave central del edificio. Construidas mediante delicadas mallas metálicas, ambas representan rostros humanos de gran escala que llevan un dedo índice a los labios. El gesto, universal e inmediato, trasciende la simple petición de silencio para convertirse en una invitación a recuperar la escucha interior. Frente al ruido informativo, las guerras y la creciente polarización política que caracterizan el contexto actual, Plensa reivindica un espacio de introspección donde el individuo pueda reencontrarse consigo mismo.
La elección del emplazamiento resulta esencial para la lectura de la muestra. Sainte-Anne, construida en el siglo XIX y desacralizada en 1986, conserva intacta buena parte de su atmósfera espiritual. Desde 1991 funciona como centro de exposiciones, pero las vidrieras, la verticalidad neogótica y la presencia del antiguo órgano mantienen viva una sensación de trascendencia que dialoga de manera natural con la obra del artista. La luz coloreada que atraviesa los vitrales proyecta manchas cambiantes sobre el suelo y las esculturas, introduciendo una dimensión casi inmaterial que refuerza el carácter meditativo del conjunto.

Más allá de las dos piezas centrales, la exposición despliega cinco esculturas que profundizan en temas recurrentes de la trayectoria de Plensa: el sueño, la identidad y el recogimiento. Entre ellas destaca Le Rêve de Martine (El sueño de Martina), una obra realizada en alabastro que presenta la cabeza y las manos de una figura femenina sumida en el descanso. Los ojos cerrados y la serenidad del rostro condensan una idea recurrente en el universo del escultor: el silencio no como ausencia, sino como un estado de plenitud y escucha.
Especial interés despierta también una pieza inédita formada por tres cabezas femeninas talladas en madera de caoba negra. Situada en el altar de la nave, la obra combina la monumentalidad con una poderosa carga simbólica. La madera procede de las vigas de un edificio centenario derrumbado en Bélgica, una circunstancia que añade una dimensión temporal y arqueológica al conjunto. Las vetas, cicatrices y manchas cobrizas del material evocan la memoria de aquello que desaparece para adquirir una nueva vida a través del arte.
La exposición confirma la capacidad de Plensa para generar experiencias que trascienden la mera contemplación estética. Sus esculturas no buscan imponerse por la espectacularidad de sus dimensiones, sino activar una reflexión íntima en el espectador. En Mirage, la monumentalidad funciona como paradoja: cuanto más grandes son las figuras, más invitan al recogimiento.
Segunda muestra programada en el Carré Sainte-Anne tras la reapertura del espacio en 2025, después de dos años de obras y una exposición inaugural del artista francés JR, Mirage se presenta como una de las propuestas más significativas de la temporada cultural en el sur de Francia. Más que una exposición, constituye una experiencia sensorial y espiritual que recuerda que, quizás, el silencio sea hoy una de las formas más urgentes de resistencia.