Mientras paseo entre riadas de gente y paradas que huelen a papel y flores, me detengo ante un libro de un rojo fuerte, casi insultante. En portada, Cartas de amor , de Frida Kahlo (edición de Suzanne Barbezat para Blume). El título me hace cosquillas en el cerebro y me dispara una pregunta de esas que nos hacemos a las tres de la madrugada o después de la tercera copa de vino con las amigas: ¿Cuántos amores nos tocan por barba en esta vida?
Tenemos la idea romántica, y quizás, algo caducada, que sólo hay "El Amor", así en mayúsculas y en singular. Hemos oído hablar tanto del amor de nuestra vida que hemos acabado por creer que sólo hay uno. Pero abres este libro y Frida te deshace el esquema en un segundo. Ella no amaba poco, ni poco a poco, ni con miedo a la catástrofe. Ella amaba con un apetito feroz, casi indecente. Y leyendo sus cartas, te das cuenta de que la respuesta a mi pregunta no es un número, sino una capacidad.
Todos conocemos el binomio Frida-Diego. Ese "accidente" más grave que el del tranvía, como decía ella. Pero en estas páginas descubrimos que el corazón de Frida era un piso compartido de muchas habitaciones. Hay letras a Alejandro Gómez Arias, el primer amor de juventud; mensajes cargados de deseo para el fotógrafo Nickolas Muray; palabras de fascinación para mujeres como Chavela Vargas o Jacqueline Lamba; y una ternura infinita para amigos que eran, en realidad, amores transformados.
Y esto me ha hecho pensar inevitablemente en nosotros. Vivimos en la era del amor líquido, del ghosting , de los vínculos con fecha de caducidad y de las etiquetas que dan más miedo que ilusión. Parece que amar demasiado sea sinónimo de ingenuidad. Que demostrar interés sea perder poder. Que sentirse profundamente sea quedar expuesto.
Y entonces aparece Frida -desde una época más lenta, pero también más cruda- y te recuerda que acumular grandes amores no es un fracaso sentimental: es haber vivido varias vidas dentro de una sola.
Lo que me gusta del estilo de esta recopilación es que no nos vende un amor idealizado de película del domingo por la tarde. Es un amor que escuece, que te obliga a escribir porque el cuerpo ya no puede contener las palabras. Hay una vitalidad en su voz que conecta directamente con nosotros, con ese primer amor, inocente.

Este artículo podría ser un drama pero hoy es Sant Jordi y quiero ponerme positiva. ¿Cuántos amores nos tocan? Yo digo que todos los que seamos capaces de sostener. Porque Frida nos enseña que se puede estar rota físicamente, pero tener una arquitectura emocional inquebrantable. Ella escribía cartas de amor mientras el mundo se colapsaba, y quizá ésta sea la lección: el amor (o los amores) es lo único que nos mantiene con los pies en el suelo cuando el suelo decide desaparecer.
No es un libro, o no sólo, para fans del arte mexicano. Es un manual y un recordatorio para aquellas que, como yo, miramos de reojo las aplicaciones de citas con un punto desconfianza, pero todavía nos emocionamos cuando vemos a alguien leyendo en el metro. Es una invitación a ser valientes, a escribir "te quiero" sin miedo a que nos dejen en "visto", porque el valor no está en la respuesta, sino en la capacidad de sentirlo.
Así que este Sant Jordi me he regalado a mí misma este libro rojo. Para recordarme que no es necesario elegir un solo camino, que la vida es demasiado corta para amar con prudencia y que, si nos preguntamos cuántos amores nos tocan por barba, la mejor respuesta siempre será: uno más.