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Exposiciones

Fe Blasco: brotes negros

Brotes negros y colores vivos en el arte de Fe Blasco que ponen a prueba la aceptación y rechazo en el mundo contemporáneo.

Fe Blasco: brotes negros

En el Ayuntamiento de Tarragona se inauguró el pasado 27 de marzo una exposición de la pintora Fe Blasco (Barcelona,1952) que permanecerá abierta hasta el 15 de abril. No la conocía, sólo sabía que había estudiado en la Escola Massana, en Eina y que alguien me había comentado que era amiga de Mariscal en los años ochenta. A su trayectoria seis exposiciones y una gran antológica en el Torreón Fortea de Zaragoza, comisariada por Maria Luisa Grau y Antonio Ansón en mayo del 2024, el año de su muerte. La muestra está organizada por quienes fueron los psicoanalistas de la pintora desde 1992, mostrando obras relacionadas con la experiencia de sus brotes psicóticos.

La primera impresión es de una obra con el sello figurativo, colorista y pop de los años ochenta, que conocí bien en el auge posmoderno y el regreso a la figuración. En Madrid expuso en la Galería La Kábala desde 1989 y por entonces conectó con un público joven, que en concordancia con la época de la “movida” captó el sentido de su obra, como lo hacía con Ceesepe o Ouka Leele, Nazario, Max, Mariscal. Como en ellos, la pintura de Fe Blasco tiene mucha ilustración de que en aquellos años era un valor destacado, cabe pensar que en 1984, Ceesepe, con un lenguaje muy cercano al de Fe Blasco, fue el artista que más vendió a Arco 1984. Esta circunstancia propicia, auguraba la conquista de Madrid, pero no fue su negros, y los constantes cambios de residencia no lo permitieron.

Sus imágenes son delirantes, resultado de un estado de máxima intensidad, pero nunca dejan de tener un orden constructivo muy riguroso, es como si los racionalistas Mondrian o Teo Van Doesburg hubieran incorporado sus pesadillas al orden que buscaban. Todo es estructura del espacio y de las formas, desarrolladas en formatos cuadrados de 60x60 que es el formato de los más exigentes reestructuradores del espacio junto al círculo y el triángulo. Las medidas se ampliaban hasta un metro o más o menos en función de los diversos estudios en los que ha pintado, pero siempre cuadrados. En algunos bocetos existen incluso acotaciones y proporciones en el interior. Sus imágenes están dibujadas con precisión, por lo que en lenguaje del cómic, del que se nutre, se llama la línea clara frente a la línea “chunga” de Crumb y otros. Su dibujo es apolíneo, la línea domina el perfil de todo, personas, objetos y alucinaciones, lo que añade más intriga a su proceso de trabajo. Este ansia de claridad se enfatiza por la tendencia a utilizar colores limpios y claros que también ordena por tamaños y franjas, en sus bocetos previos: 1,3/2,6/0.6, /4, 8… pero siempre colores intensos. Los temas domésticos, sin importancia, se convierten bajo su mirada en una extraordinaria rareza. Las figuras y el espacio están tratados sin perspectiva y la planimetría permite crear un hieratismo simbólico propio de las culturas sumeria o egipcia que tanto admiraba. Su obsesión por las cabras quizás tendrá que ver con el “Carner dels Matolls” de hace casi cuatro mil años que se exhibe en la Galería de Mesopotamia del Museo Británico de Londres, donde vivía.

Todo está en su sitio, menos ella y sus brotes negros. En algún caso ha pintado o esbozado bajo este estado alterado de la conciencia, para volver, una vez recuperada de la crisis, repitiendo la obra de forma exacta. Un ejercicio de revisión fascinante del propio delirio. Paradójicamente, toda esta precisión se convierte en una fuente de intangibilidad, pues, en expresión de Enrique Vila-Matas es: "una pintora de lo indecible" y en palabras de quien la conocía mejor, su compañero de vida el editor y escritor Enrique Murillo es: "una pintora secreta".

Figuración: aceptación o rechazo

Enrique Murillo, su compañero de vida deja claras sus preferencias estéticas a las artes plásticas, como también lo hace en su libro Personaje secundario. La oscura trastienda de la edición un gran éxito que en pocos meses ya va por su tercera edición. Desde las primeras páginas deja claro que a él, lo que le gusta encontrar en una novela es lo que le pasa al ser humano, sus avatares, los gozos y las miserias narradas de una manera atractiva. No le interesa la especulación del lenguaje ni la conceptualización excesiva. Suele subrayar que los editores: no publican en un vacío sino para una sociedad específica. Por eso prefiere la narración, es decir la novela que se dirige al ser humano y sale del ser humano, contra lo que llama como literatura vanguardista representada por autores como Juan Benet y otros, aunque salva a Javier Marías. Por eso mismo la pintura figurativa sería la narración y el arte conceptual equivaldría a la literatura especulativa. Esta preferencia por la narratividad, por la escritura de la experiencia humana, le llevó a descartar la publicación de las obras iniciales de Enrique Vila-Matas porque a su criterio escribía con demasiada veneración por el vanguardismo. Cierto es que quien acepta y rechaza debe pedir, a veces, disculpas, como él hizo con Vila-Matas. Nadie en el ámbito galerístico, institucional, de las artes plásticas ha hecho algo parecido a lo que ha hecho Enrique Murillo. Es decir dejar claro lo que prefiere y lo que no. Hay que buscar a alguien que se atreva a hacerlo.

Es muy importante esta declaración de intenciones por parte del editor o del crítico, ya que hace que la aceptación o rechazo obedezcan a unas coordenadas que el candidato a pintor o escritor deberían conocer para no perder el tiempo llamando a la puerta equivocada, generando decepción y frustración por el rechazo. Precisando con qué criterios se decide qué se publica o expone y qué se deja de exponer y publicar. Un editor o un crítico que deja bien claro que lo que le gusta es la fuerza narrativa, que la historia que se narra es lo principal, facilita mucho las cosas. El editor con la escritura y el crítico de arte con la pintura que declaran que sólo les interesa tal o cual otra tendencia o más que otra cosa, la pintura figurativa, dice a los cuatro vientos que artistas conceptuales y abstractos, no pierdan el tiempo conmigo.

En correspondencia con este criterio no debe sorprendernos, su defensa de la pintura figurativa. Pero sí sorprende que alguien que ha ejercido de "influencer" de la literatura española con un criterio parcial y con claras preferencias como asesor de grandes editoriales, se extrañe de que los colegas críticos de arte hagan algo parecido y lo hagan con su mujer. Aquí está el gran nudo, la gran paradoja. Se lamenta respecto a la obra de Fe Blasco, diciendo que la pintura figurativa, que su mujer practicaba, tiene un sitio en las grandes instituciones en Gran Bretaña y otros países europeos, y no tanto en España. Es cierto que en la Gran Isla hay una tradición bien clara por el dibujo y la figura como demuestra la pintura de Bacon, Freud o Hockney y que continuó con el proyecto de los hermanos Saatchi & Saatchi hacia 1970 que abrieron aún más sus puertas a la figuración, a modo de gran editorial multinacional. Convencido, de que también en otros países europeos existe un gran interés por la pintura figurativa, el editor se lamenta de que, en España, salvo excepciones domina el arte conceptual, las instalaciones… dice: “en España los funcionarios, comisarios, galeristas y críticos sólo están pendientes de la última moda en instalaciones, conceptualismo… la gente que sólo pinta”.

Esta predilección se proyecta en la obra de Fe Blasco que empezó siendo abstracta, y poco a poco, por sugerencia de Enrique, se pone ante la pantalla de cine y hace una versión de Marilyn, después vinieron: Frida, personajes con rostros enmascarados, malabaristas, pajaritos, animales, la cabra y tantos otros. En una obra de 2008 pinta en un papel esta tendencia a la narración con unas letras pintadas muy significativas: "Crónicas. América profunda. E. Murillo".

Brotes Negros

Ya he utilizado dos veces la expresión brotes negros. Está en el título de un libro demoledor publicado en 2022 por Eloi Fernández Porta: Los brotes negros: en los picos de ansiedad en la editorial Anagrama. La misma a la que Enrique Murillo ejerció de brazo ejecutor de proyectos literarios generando esta nueva narrativa mencionada, sin embargo, él ya no estaba. Por caprichos del destino la publicó Jorge Herralde con quien hace un ajuste de agravios y es uno de los momentos más dramáticos del libro de Enrique Murillo sobre el mundo editorial.

El dolor, el desasosiego, las patologías enumeradas a veces por los artistas como Camila Cañeque que también fue del interés de Vila-Matas y sobre la que escribí en bonart (18/11/2024) u Ortesia Cabrera(27/03/2026) que hace unos días en papel de no binaria, neurodivergente y discapacitada, superviviente de abuso sexual infantil y autista. Indicios de malestar que Ortesia Cabrera los utiliza como argumentos de lucha contra el sistema. En este caso, el dolor se convierte en el motor de la acción artística y social. El malestar en la política, o la política del malestar como demuestra el libro de Alicia Valdés, politóloga y psicoanalista “lacaniana” (Debate, 2024) pero también incluye en el arte, el pensamiento y la literatura, es una condición del tráfico entre siglos. Lo he escrito (ego surfing) en mi libro "Arte y Transformación. Una mirada de fin de siglo" (2022).

Eloi Fernández Porta escribe: “¿Qué queda de una persona cuando mi cabeza es mi enemigo?”. Fe Blasco es una pintora que refleja en todo momento, corroborado por su compañero de vida, sufrimiento psíquico y la ansiedad permanente, las ideas autodestructivas. Su pintura es reflejo autobiográfico del dolor pero pintado con colores vivos, incluso con humor. La relación entre la pintura, la mente y el dolor están presentes en el arte desde el momento en que el artista se emancipó del encargo y empezó a abundar en sus monstruos interiores. Esto ocurrió en los albores del romanticismo alemán y aún perdura. La realidad del desasosiego y que el malestar existe, es el axioma principal del que parto. El malestar en el arte contemporáneo ha supuesto el descenso a los infiernos del neo-pos-románticismo. Hemos visto el tránsito milenarista por el nihilismo y el pesimismo, la incertidumbre del momento, la verdadera o falsa complejidad de ideas y tecnologías, la disolución de la frontera entre lo verdadero y lo falso. Todo ha sido un conflicto en torno al arte y la vida, con una buena dosis de dolor desde el siglo XVIII en el que se abre la herida, cuando nace el conflicto entre la identidad y la diferencia. Es aquí donde cifro el inicio del arte contemporáneo.

En estas condiciones dolorosas de la creatividad actual. En este jardín de brotes negros, ¿cómo podemos dictaminar la aceptación o el rechazo, por decir que sí y por decir que no? ¿Acaso los criterios estéticos y el propio juicio crítico quedan sustituidos por la compasión y el silencio?

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