En el Museu Tàpies se realiza entre marzo y septiembre de este año 2026 la primera gran retrospectiva de Àngel Jové (Lleida, 1940 – Girona, 2023), con comisariado de Maria Josep Balsach, donde se puede ver una parte de su producción desde la serie Metafísica (1975) hasta los últimos paisajes abs2 . La exposición ocupa las dos plantas del museo y ofrece una visión total de la práctica artística de Jové. A criterio de la comisaria, la muestra se articula de forma anacrónica, creando con las obras de Jové una especie de constelaciones interrelacionadas que hacen dialogar presente, pasado y futuro. Dibujos, fotografías, películas, esculturas y series infinitas construyen un universo único, un espacio en el que se muestra su esencia creativa.
Considerado uno de los creadores más enigmáticos de los años setenta, Jové transitó entre el arte povero, el informalismo y el conceptualismo con obras pictóricas, la fotografía polaroid, la poesía, la palabra, la materia y los objetos. Hay una aureola de enigma en torno a su figura causada por la propia imagen que proyectó en las películas de Bigas Luna, Bilbao y Caniche sobre todo, donde el personaje y el actor parecían la misma persona. Por otro lado, era un artista que rehuyó tener demasiada presencia pública, quizás como reacción a esta actividad como actor. El personaje le situó en una zona oscura del imaginario romántico, hecho de pasiones límite, pero en realidad —y así queda demostrado en el libro hecho con motivo de la exposición— era una persona muy generosa, comprometida y compasiva hacia los demás. Extraña contradicción: juntar la pasión con la compasión.
Jové también es reconocido por haber participado, junto con Antoni Llena, Silvia Gubern, Jordi Galí y Albert Porta (Zush, Evru), en el llamado grupo del Maduixer. Éste no es el momento de revisar la importancia de este momento, pero todos comparten un mismo sentido de la evanescencia formal con los materiales y una fuerte carga de contenidos.

Ángel Jové. Sin título. Serie Metafísica III (1975). Colección familia Bartolozzi.
Las obras objeto-escultóricas en la producción de Ángel Jové son escasas, pero están ahí. Los objetos le interesaban por su fascinación por el oficio de arquitecto, que empezó a estudiar pero que no practicó profesionalmente. Esta dimensión se corresponde con dos exposiciones, tal y como demuestran las piezas que hizo para 21 objetos y Melancolía (2002) y también a la exposición Über Alles , donde colocó una silla y una mesa de madera envueltas con un alambre espinoso, de aquellos que delimitan los espacios entre la libertad y la libertad.
Con el apoyo técnico de Santi Roqueta y en colaboración con Silvia Gubern diseñó la lámpara de mesa para el Zeleste de 1969 y Babel de 1971. No es casual que en ambas la luminosidad fuera matizada con alabastro, hasta el punto de que cuando se promocionaban para ser vendidas se hablaba de su buen uso para hacer confidencias y fines.
El espacio también es parte de su trabajo en la pintura y en los paisajes de las series, pero donde aparece como gran protagonista es en La mirada perdida (2000), una exposición hecha en un espacio singular como es el depósito de agua de Lleida. Un espacio en recuerdo de otro.
Considero la obra La mirada perdida como una de las mejores obras de Àngel Jové de la etapa anterior a las series. La captación del espacio con unas fotos-dibujos ha hecho un verdadero libro de artista que transporta al espectador a los vapores de agua mezclados con los de la memoria. Considero que es un punto y aparte. Como si hubiera cerrado una herida. Como si quisiera la disolución de la memoria a modo de humo o vapor, añadiendo sombra sobre la sombra de los recuerdos, y empezara sólo a mirar el horizonte en sus series —buscando ¿qué?
De Intactu
El título de la exposición De Intactu da a entender muchas cosas. Me gusta pensar que podría hacer referencia a lo que sigue siempre idéntico a sí mismo, sin afectaciones graves, más allá de los avatares de la existencia o frente a una situación difícil. También entiendo que se puede referir a una forma de hacer que se mantiene en el tiempo sin demasiadas alteraciones. En el plano emocional también puede tener un sentido de resiliencia, una manera de resistir las bajadas, las desgracias y salir indemne.
Teniendo en consideración que una vez entró en su vida una videocámara comprada por Jordi Galí, con la que el grupo realizó la primera obra de arte audiovisual en España, Primera Muerte (1969). La idea de una primera muerte sugiere permanencia, continuidad intacta de lo que estaba vivo.
Su manía de trabajar con series también indica continuidad: desde Versus Limbus (2008) a la Fundación Suñol, que constaba de 350 piezas; después con la serie The Rags of Time (2011) de 70 obras; y la tercera y última serie que hizo con el título de Über Alles (2020) de 52 obras. Series que trabaja bajo la luz protectora de sus poetas de cabecera: Màrius Torres, TS Eliot, John Donne, Cesare Pavese y Paul Celan.
En éstas, el horizonte es un continuo eterno, con voluntad de infinito, como si nada pudiera detener su crecimiento, su extensión: una línea perpetua que no puede ser alterada ni por el tiempo ni por las circunstancias, para siempre, sin fina. Paradójicamente, cuando no hay principio ni final, como en estas series, lo que se vale es el instante del presente: un presente eterno. Nada puede afectarlas y permanecerán inalterables: De intactu.

Ángel Jové. Sin título (1990). Colección particular, Gerona.
Figuras sin rostro
Uno de los cuadros más conocidos, utilizado para la promoción de esta exposición en el Museu Tàpies, es un manifiesto de desidentidad y corresponde a la época de la serie Metafísica de 1975. Vemos cinco figuras: cuatro de ellas llevan el rostro cubierto por pelo y una mujer sentada con una vena en la cabeza. Parece una foto familiar, pero no podemos identificar a las personas.
La misma ausencia de rostros que vemos en el cuadro anterior aparece en otra obra de la serie Metafísica III (1976), en la que aparece uno de sus poetas de referencia en estos años: Màrius Torres. Seis personas sin rostro y sólo el poeta que sí se reconoce. En ambas obras, la emulsión de barniz ensombrece la escena fotografiada y la hace mortuoria.
Su amigo Antoni Llena interpreta esta ausencia de rostros y dice que Jové pinta el no rostro de las cosas. Quizá se trate de poner de relieve una expresión “angelica-joveniana” cuando dice que “nada es de uno mismo”. Jové siempre ha querido insistir en que en la creación preferiría no intervenir demasiado en la obra, y le gustaba decir que incluso no hacerla, que él hace poco.
Quizás desea el complemento del otro, de lo que mira. ¿No es ese ensamblaje lo que buscamos siempre cuando paseamos por una exposición? No hacemos más que buscar una ausencia, un vacío, una fisura para poder realizar una proyección sentimental hacia las obras, hacia el autor, buscando una sintonía visual con el otro, tal y como nos gustaría hacerlo con todo.