Coger aire es la nueva exposición de Clara Oliveras, que se puede visitar en la Fundación Valvi de Girona hasta el 25 de abril. Esta muestra ofrece una oportunidad única de revisar el conjunto de su obra y al mismo tiempo poner de manifiesto algunos rasgos comunes, tanto formales como temáticos, que atraviesan su trabajo. A menudo, estas constantes se presentan bajo una apariencia engañosamente amable o accesible, pero esconden una complejidad y profundidad que merecen ser contempladas con detenimiento.

Las obras de Clara Oliveras combinan abstracción poética y emoción, construyendo un lenguaje visual personalísimo. Sus obras juegan con el color, textura y luz, creando capas que transmiten profundidad e intensidad. El diálogo constante entre formas orgánicas y estructuras geométricas, sumado a la fuerza del trazo y la línea, define un universo íntimo y sugerente. Cada pieza invita al espectador a conectar con sus propias emociones y percepciones, revelando una poesía visual que va más allá de la mera representación.
Uno de los elementos más destacables de la trayectoria del artista es la forma en que organiza su obra en etapas diferenciadas. Cada etapa representa una inmersión profunda en la investigación y la experimentación, un proceso en el que el artista se adentra en nuevas formas, materiales o inquietudes, y posteriormente emerge, respira profundamente e inicia un nuevo ciclo. Este ritmo de sumergirse y emerger no sólo dota a su obra de coherencia interna, sino que también permite que cada proyecto o exposición individual se perciba como el resultado de una investigación intensa y concentrada, a la vez que empieza a abrir nuevas posibilidades y caminos creativos.

Su forma de crear invita, así, a un acercamiento pausado y reflexivo. La combinación de delicadeza y rigor, de atracción visual y profundidad conceptual, transforma cada pintura y dibujo en un espacio para la contemplación y la introspección. Con tomar aire en la Fundación Valvi de Girona, Clara Oliveras nos recuerda que el proceso creativo es, a menudo, un equilibrio entre tensión y respiración, entre exploración y pausa, y que en este gesto constante de sumergirse y volver a emerger se encuentra gran parte de la riqueza y el valor de su obra.