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Exposiciones

Cuando el telar se convierte en algoritmo: el tiempo plegado de Marie-France Veyrat

El Ciclo de Arte Contemporáneo en la Sala Fortuny presenta una instalación que conecta origen y futuro a través del tejido, convertido en estructura de pensamiento y metáfora radical del arte digital.

Cuando el telar se convierte en algoritmo: el tiempo plegado de Marie-France Veyrat
bonart reus - 20/02/26

La obra de Marie-France Veyrat se ha caracterizado, desde sus inicios, por una sostenibilidad atemporalidad y una clara voluntad de universalidad. Sus figuras no pertenecen a ningún territorio concreto ni se inscriben en una cronología estable; aparecen como presencias transversales, casi extradimensionales, capaces de articular un lenguaje común entre posibles realidades. En su universo visual, el arte no habita simplemente el tiempo: le precede y, de alguna manera, lo activa.

Esta mirada toma cuerpo en la exposición que se puede visitar hasta el 4 de abril en el Ciclo de Arte Contemporáneo en la Sala Fortuny, comisariada por Aureli Ruiz. Aquí, el textil emerge como núcleo conceptual de una investigación que conecta origen y futuro en un mismo gesto. El tejido no es entendido como soporte ni como superficie ornamental, sino como estructura de pensamiento. Tejer, en la práctica de Veyrat, equivale a codificar; entrelazar hilos es construir sistemas. El telar deja de ser una ancestral herramienta para convertirse en una tecnología del conocimiento.

El artista propone así una lectura del textil como dispositivo primigenio que anticipa los principios de la computación contemporánea. Trama y urdimbre dialogan con circuito y pantalla; el patrón se convierte en protoalgoritmo. Esta correspondencia cuestiona el relato lineal del progreso técnico y plantea, en cambio, una temporalidad plegada, en la que origen y futuro coexisten en una misma operación material.

Las prendas no se presentan como reliquias, sino como vestigios activos orientados hacia el mañana. Son artefactos que custodian una memoria paradójica: no la de lo que ya ha pasado, sino la de lo que está por llegar. Esta idea conecta con la noción de Vorerinnerung –el “pre-recuerdo”–, la inquietante intuición de que el futuro puede dejar huella en el presente.

En sintonía con el pensamiento de Martin Heidegger, el tiempo no se concibe como una línea que avanza hacia un lejano horizonte, sino como una fuerza estructurante que emerge desde la futuralidad. La obra activa, así, una experiencia temporal expandida en la que memoria y anticipación se confunden, y el textil —entendido como sistema— se convierte en metáfora y mecanismo para repensar el arte digital.

La instalación se inscribe también en la búsqueda escultórica de Veyrat en torno a la forma totémica y el volumen de raíz brutalista. El tótem no aparece como símbolo folclórico, sino como estructura primaria: un cuerpo vertical que concentra materia, energía y memoria en un eje de tensión. El espacio expositivo no se despliega de forma cronológica, sino ontológica. Las obras comparten una misma dimensión atemporal en la que el arcaico, el tecnológico y el especulativo conviven sin jerarquía.

El resultado es una experiencia corporal e inmersiva, casi ritual, que invita a repensar la relación entre tradición y tecnología, entre gesto manual e inteligencia artificial, pasado ancestral e imaginario digital. Más que una mirada nostálgica hacia el origen, la propuesta plantea el origen como territorio latente: un espacio desde el que todavía es posible imaginar el futuro.

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