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Opinión

Sirat o el cine como travesía: una odisea sensorial rumbo a los Oscar

La película de Oliver Laxe compite por mejor filme internacional y mejor sonido, mientras Los pecadores, de Ryan Coogler, hace historia con 16 nominaciones.

Sirat o el cine como travesía: una odisea sensorial rumbo a los Oscar

Sirat no es solo una película: es un tránsito. Una experiencia que avanza como una caravana incierta por el desierto, donde cada paso parece definitivo y, al mismo tiempo, provisional. Desde sus primeros minutos deja claro que no juega a tranquilizar al espectador. Aquí no hay promesas de control ni de caminos previsibles: diez segundos pueden cambiarlo todo, y esa es precisamente su mayor virtud.

La película se sostiene en una tensión constante, casi física. El suspense no proviene de grandes giros efectistas, sino de la sensación persistente de amenaza, de la fragilidad de los cuerpos y de las decisiones tomadas en un entorno que no perdona. Sirat exige abandono: no se la mira, se la atraviesa.

Uno de sus pilares fundamentales es el trabajo sonoro, espectacular y envolvente, que convierte el desierto en un organismo vivo. El viento, los silencios y los estallidos sonoros construyen una atmósfera que amplifica la angustia y empuja la narración más allá de la imagen. Es un sonido que no acompaña: manda.

En el centro de todo está Sergi López, en una interpretación de una intensidad abrumadora. Su presencia es magnética, incómoda, profundamente humana. López compone un personaje lleno de aristas, capaz de transmitir vulnerabilidad y amenaza en un mismo gesto, sosteniendo el peso emocional de la película con una precisión devastadora.

Que Sirat haya obtenido dos nominaciones a los Premios Oscar no es solo un reconocimiento industrial, sino la confirmación de que estamos ante una obra que trasciende fronteras. Una película áspera, valiente, que apuesta por el riesgo narrativo y sensorial en un panorama cada vez más domesticado.

La película de Oliver Laxe entra en la carrera por las estatuillas con dos nominaciones de peso: mejor película internacional y mejor sonido, un doble reconocimiento que subraya tanto su ambición artística como su potencia sensorial. En el otro extremo del espectro, Los pecadores, de Ryan Coogler, irrumpe en la temporada de premios con fuerza arrolladora y firma un récord histórico al acumular 16 nominaciones, consolidándose como uno de los fenómenos del año. Dos propuestas radicalmente distintas que, desde lenguajes y pulsiones opuestas, confirman la amplitud y la vitalidad del cine contemporáneo en la gran cita de Hollywood.

Sirat no ofrece respuestas claras ni finales reconfortantes. Como toda odisea auténtica, deja huellas, incomodidades y preguntas. Y cuando termina, el espectador no sale indemne: sale transformado, todavía con arena en los oídos y el eco del desierto resonando dentro.

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