El proyecto Entre lo profundo y lo distante , creado expresamente para el IVAM por Andrea Canepa, se inspira en el libro The Spell of the Sensuous (El hechizo del sensible) de David Abram. Partiendo de la filosofía fenomenológica y de diversas cosmovisiones indígenas, Abram plantea que el tiempo no es lineal sino inscrito en el paisaje: el pasado y el futuro coexisten en el presente y tienen una ubicación espacial. El pasado se encuentra enterrado, acumulado en estratos de tierra, anillos de coral o zonas ancestrales del cerebro, y sustenta el presente. El futuro, en cambio, se vislumbra en el horizonte, un umbral que se aleja a medida que debemos alcanzarlo.

Exposición Andrea Canepa © Juan García - IVAM.
"La exposición trata sobre cómo el tiempo se inscribe en el paisaje […] Todo está organizado en capas: los sedimentos del suelo se reflejan en las paredes, hay esculturas que remiten a los anillos de los árboles que rodean todo el espacio de la galería, y el visitante puede desplazarse entre ellas", explicó Canepa durante la presentación.
A partir de este planteamiento que podrá verse hasta el 12 de abril, la instalación de la planta inferior invita al espectador a explorar las formas invisibles del pasado inscritas en el espacio. La obra genera una sensación de interioridad —caverna, tierra, cuerpo, inframundo o útero— y dispone las piezas de forma envolvente, lo que permite un recorrido entre capas que remiten a los anillos de los árboles oa los pliegues de las cuevas. En el centro, se sugiere la presencia de una serpiente mítica, criatura ancestral que habita en el imaginario subterráneo de diversas culturas.

En la planta superior, una línea metálica recorre el perímetro de la sala, evocando el horizonte, y se ve interrumpida por esculturas que alteran su trazado. Esta intervención rememora el sistema de cecas del mundo andino precolombino, una red de líneas sagradas que conectaba el centro de la ciudad con huacas —lugares sagrados— y que marcaba los momentos clave del calendario inca. Las esculturas que rompen la línea funcionan así como estas marcas de tiempo, recordando la relación intrínseca entre espacio y temporalidad.
Ambas instalaciones se conectan a través de la escalera, donde el ascenso se convierte en un umbral simbólico: un paso de un estado a otro. Este eje vertical actúa como una interrupción en la continuidad, un «ahora» que atraviesa los distintos planes temporales. Entre lo profundo y lo distant plantea, de este modo, una reflexión sobre cómo el tiempo se arraiga en el paisaje y cómo toda geografía es, en esencia, temporal.
Canepa da forma a estos "espacios de confluencia simbólica donde dialogan la mitología clásica y las cosmologías indígenas andinas", detalló Blanca De la Torre, un planteamiento construido, precisamente, a base de capas. La primera, pero no menos relevante, parte de una experiencia estética en la que los colores vivos y las figuras geométricas marcan el ritmo de una sala sugerente que parece poblada por piezas de juguete.

El uso del color no es casual, ya que hay detrás de una idea potente: "En el disfrute hay política". Ésta fue una de las lecciones que el artista obtuvo durante una residencia en Puerto Rico, un mensaje que todavía hoy orienta su práctica. "Normalmente, lo que es académico y serio debe ser en blanco y negro, elegante; yo creo que utilizar el color es una manera de cuestionar esta idea […] Reivindicar las tradiciones y el hecho de que es popular es absolutamente válido y constituye, a la vez, una forma de resistencia".