Guillem Viladot, poeta y escritor, y Eduard Arranz-Bravo, pintor y escultor, son dos figuras esenciales de la creación catalana del siglo XX, dos nombres que, desde lenguajes aparentemente divergentes, comparten una misma pulsión vital y creativa. Sus trayectorias, aunque marcadas por diferentes disciplinas —la palabra y la imagen, el verso y el trazo, la literatura y el arte plástico— confluyen en una visión común: el arte como territorio de resistencia e investigación, un espacio donde la revuelta, el deseo y la indagación del yo se convierten en motor de transformación. Es esta afinada sintonía entre sus imaginarios la que hace que sus obras puedan leerse como un diálogo fecundo, capaz de trascender tanto las disciplinas como las generaciones, y que invita al espectador a explorar las resonancias que se esconden.

Hoy, estos dos nombres se reencuentran en la exposición temporal de la Fundación Arranz-Bravo, organizada conjuntamente con Lo Pardal, bajo el título Guillem Viladot / Arranz-Bravo. Y sigue la vida. Y sigue el bigote. Life is not son bad . Una muestra que, hasta el 8 de febrero de 2026, ofrece al público la oportunidad de sumergirse en el universo compartido de dos creadores que, aunque nunca se han conocido en vida, parecen dialogar a través del tiempo.
Comisariada por Anna Llopis, la exposición despliega un verdadero tapiz de obras, documentos y materiales de archivo que ponen de relieve tanto las fricciones como las complicidades entre dos imaginarios que brotan desde territorios expresivos diferentes. Tanto Viladot como Arranz-Bravo abordan temas universales y esenciales -el cuerpo, la muerte, el sexo, el dolor y la represión- con una mirada incisiva y sin concesiones. Pero al mismo tiempo, su obra nunca renuncia al juego ni al humor: el placer, la ironía y el ejercicio lúdico se convierten en sus prácticas estrategias de resistencia, gestos de supervivencia y afirmaciones radicales de libertad.

Aunque sus caminos creativos nunca se cruzaron, la trayectoria de ambos revela una misma pulsión de fondo: una actitud de rebeldía tanto formal como vital. Su creación nace de la necesidad imperiosa de empujar los límites del lenguaje —visual, plástico o literario— hasta hacerlo tambalear, ponerlo en crisis y abrir grietas que desafían convenciones y dogmas establecidos. Esta voluntad de experimentación no se limita a una investigación estética: es también una toma de posición frente al mundo, un gesto de subversión contra las imposiciones políticas, morales y culturales de su tiempo. Su obra es, en última instancia, un acto de libertad radical, indócil y comprometido con la auténtica expresión del yo, un recordatorio de que el arte puede ser, siempre, un espacio de revuelta y de resistencia.