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Exposiciones

El arte como mensaje recibido

'Dictation from the Other Side' revisa la tradición surrealista desde el automatismo, la escritura, el esoterismo y las formas de creación que cuestionan la autoría individual.

André Masson, Paysage matriarcal, 1941.
El arte como mensaje recibido
bonart los ángeles - 09/09/26

Karma en Los Ángeles, presenta Dictation from the Other Side, una exposición comisariada por Laura Whitcomb que reúne a artistas de distintas generaciones y procedencias que trabajaron dentro de la tradición surrealista o prolongaron algunos de sus principios más radicales. La muestra, que podrá visitarse del 23 de julio al 12 de septiembre de 2026, reúne obras de Gertrude Abercrombie, Sara Kathryn Arledge, Paul Beattie, Wallace Berman, William S. Burroughs, Steven Lowe, Eugenia P. Butler, Bruce Conner, Enrico Donati, Renate Druks, Esteban Francés, Madge Gill, George Herms, Aleksandra Ionowa, Louise Janin, Ted Joans, Jacqueline Lamba, André Masson, Roberto Matta, Michael McClure, Grace Pailthorpe, Paulina Peavy, Betye Saar, Kurt Seligmann, Harry Smith, Marian Spore Bush, Beatrice Wood, Anna Zemánková, Unica Zürn y otros nombres vinculados a esta constelación artística. El proyecto parte de una premisa especialmente sugerente: entender la creación no como expresión de una subjetividad individual, sino como un proceso de recepción, transmisión o dictado procedente de una fuerza situada más allá de la voluntad del artista.

  • Ted Joans, Bird Lives.

La exposición recupera así una dimensión poco explorada de la historia del arte moderno: la relación entre surrealismo, mediumnidad, automatismo, investigación hermética, pensamiento teosófico y estructuras de improvisación. Desde el interés surrealista por las médiums y por figuras como Hélène Smith, considerada por los propios surrealistas una referencia de la escritura automática, Dictation from the Other Side rastrea diferentes formas de creación entendidas como canales de comunicación con aquello que permanece fuera de lo visible. Especial atención reciben los surrealistas que vivieron exiliados en Nueva York durante y después de la Segunda Guerra Mundial, entre ellos Kurt Seligmann, Roberto Matta, Enrico Donati, Esteban Francés, André Masson y Jacqueline Lamba. Para estos artistas, los rituales enoquianos y las prácticas herméticas podían convertirse en formas de resistencia psíquica frente a las fuerzas opresivas de su tiempo.

La muestra se detiene asimismo en artistas que llevaron esta idea del dictado hasta la construcción de auténticos sistemas de cosmología y profecía. Marian Spore Bush hablaba de «They» o «the People» como entidades que dirigían su mano y sus materiales; Madge Gill atribuía su extraordinaria producción de dibujos y tejidos a un espíritu llamado «Myrninerest», mientras que Paulina Peavy entendía sus pinturas, máscaras y diagramas como colaboraciones con una inteligencia etérea denominada Lacamo. En el caso de Beatrice Wood, su relación con Marcel Duchamp y su prolongado interés por la teosofía la llevaron a concebir la cerámica y el esmalte desde una perspectiva casi alquímica, convirtiendo el horno en un espacio de transformación de la materia y el color. Una sensibilidad semejante aparece en Aleksandra Ionowa y en Anna Zemánková, para quienes el mundo vegetal podía funcionar como una estructura capaz de hacer visible un orden psíquico, espiritual y emocional.

La poesía constituye otro de los territorios fundamentales de esta concepción de la creación. Paulina Peavy, George Herms, Wallace Berman, Ted Joans, Cameron y Jacqueline Lamba exploraron la palabra como un espacio susceptible de recibir y transmitir materiales que desbordaban la voluntad individual. William S. Burroughs llevó esta lógica todavía más lejos mediante sus procedimientos de cut-up y collage, sometiendo el lenguaje a interrupciones, recombinaciones y presiones externas que cuestionaban la idea convencional de autoría.

  • Gertrude Abercrombie, Lonely Table, 1963.

Uno de los capítulos menos conocidos de la exposición se centra en el salón que Lionel y Joanne Ziprin mantuvieron en el Lower East Side de Nueva York. En torno a su efímera empresa de tarjetas de felicitación, artistas como Harry Smith, Jordan Belson y Bruce Conner realizaron pequeños dibujos, piezas de mail art y otros materiales gráficos poblados de diagramas plegables y referencias astrológicas y cabalísticas. El apartamento de los Ziprin aparece así como un auténtico laboratorio de cultura gráfica dictada, donde cartas, grabaciones, poesía y documentos constituían un mismo campo experimental. En este contexto, el jazz adquirió también una importancia particular. Smith, Conner y Ziprin, junto a amigos próximos de Charlie Parker como Gertrude Abercrombie, Wallace Berman, Cameron, Ted Joans y Arthur Monroe, encontraron en la música de Parker un modelo de recepción, recombinación y transmisión de materiales que escapaba a la figura del autor solitario. La improvisación Harmolodic se convierte, de este modo, en una suerte de equivalente vital del propio concepto de dictado.

Dictation from the Other Side propone finalmente reconsiderar estas prácticas no como extravagancias biográficas o episodios marginales de la historia del arte, sino como metodologías rigurosas de creación. Imagen, escritura y composición aparecen como ejercicios disciplinados de recepción y transcripción, mientras que los lenguajes herméticos y esotéricos adquieren una dimensión política y espiritual: pueden funcionar como herramientas de resistencia frente a la tiranía, pero también como instrumentos de conocimiento, transformación y sanación. La pregunta que atraviesa toda la exposición resulta tan sencilla como radical: ¿cómo cambia la historia del arte moderno cuando la forma deja de entenderse como algo inventado por el artista y pasa a ser concebida como algo recibido?

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