El Art Institute de Chicago abre sus salas del 14 de junio al 20 de septiembre a Willem de Kooning Drawing, una exposición histórica que revela la dimensión menos conocida de uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Aunque la figura de Willem de Kooning (1904–1997) está inseparablemente ligada al expresionismo abstracto estadounidense y a sus monumentales pinturas, esta muestra pone el foco en el verdadero punto de partida de toda su creación: el dibujo.
Con más de 200 obras procedentes de museos, instituciones y colecciones privadas de todo el mundo, muchas de ellas reunidas por primera vez, la exposición se convierte en la mayor dedicada hasta la fecha a su producción gráfica y supone, además, la primera muestra individual del artista en el museo de Chicago desde 1969.

Formado rigurosamente en la Academia de Artes Visuales y Ciencias Técnicas de Rotterdam, De Kooning desarrolló desde muy joven un extraordinario dominio de las técnicas tradicionales del dibujo. En 1926, con apenas 22 años, se embarcó clandestinamente en un carguero rumbo a Estados Unidos con el sueño de convertirse en ilustrador. Su llegada a Nueva York marcó el inicio de una intensa trayectoria en la que trabajó como pintor de brocha gorda, diseñador de escaparates y artista comercial, mientras se integraba en los círculos vanguardistas de la ciudad.
Allí entabló amistad con creadores como Stuart Davis, Arshile Gorky y John Graham, y acabó consolidándose como una figura central de la denominada Escuela de Nueva York o Los Irascibles, junto a nombres esenciales como Jackson Pollock, Lee Krasner, Barnett Newman y Mark Rothko.

La exposición recorre toda su evolución artística, desde sus primeros dibujos conservados hasta sus últimas obras de carácter casi caligráfico, revelando a un creador que nunca dejó de experimentar. De Kooning desafió constantemente los límites de los materiales y los procesos, llegando a realizar dibujos con los ojos cerrados y a incorporar procedimientos derivados de su experiencia como ilustrador y diseñador comercial.
La ambigüedad se convirtió en una de las señas de identidad de su lenguaje artístico. En su obra se desdibujan las fronteras entre la figuración y la abstracción, entre lo masculino y lo femenino, entre el arte considerado 'alto' y las expresiones visuales populares. Sobre todo, desaparece la separación tradicional entre el dibujo y la pintura, una relación que el propio artista definió con una frase reveladora: "Dibujo con pintura y, normalmente, no siento una gran diferencia entre dibujar y pintar."

Entre las piezas destacadas de la muestra se encuentran Excavation (1950), obra emblemática de la colección del Art Institute, y la célebre Woman I (1950–1952), procedente del Museum of Modern Art de Nueva York, junto a dibujos poco conocidos, esculturas, grabados y pinturas que raramente han sido exhibidos ante el público.
Más que una simple retrospectiva, Willem de Kooning Drawing invita a redescubrir a un artista en permanente transformación, para quien el dibujo no fue un paso previo a la pintura, sino un territorio de exploración continua donde nacieron algunas de las ideas más radicales y revolucionarias del arte contemporáneo.