El MAAT de Lisboa acoge hasta el 7 de septiembre A ilha púrpura: notas e paisagens, una amplia exposición dedicada a Manuel João Vieira (Lisboa, 1962), uno de los artistas portugueses más singulares y polifacéticos de las últimas décadas. Comisariada por João Pinharanda, la muestra se centra en su faceta como pintor, quizá el territorio más profundo y complejo de una trayectoria pública marcada también por su presencia en la música, la performance y la intervención política.
Figura destacada de la generación de artistas portugueses que emergió en los años ochenta, Vieira definió desde sus inicios un lenguaje pictórico absolutamente personal. Su obra, de intensa producción y marcada vocación figurativa, se construye como un vasto escenario narrativo donde conviven personajes, símbolos y referencias visuales procedentes de la tradición grecorromana y de varios siglos de historia del arte occidental.

El manierismo, el barroco, el rococó, el romanticismo, el simbolismo, la pintura metafísica y el surrealismo dialogan en sus lienzos con una libertad propia de la sensibilidad posmoderna. Esa capacidad para apropiarse del pasado y transformarlo desde una mirada contemporánea sitúa a Vieira dentro del llamado “retorno a la pintura”, una de las corrientes fundamentales de la escena artística internacional de su generación.
Sus composiciones, con frecuencia de gran formato, recuerdan decoraciones palaciegas, frescos murales o escenografías teatrales. Cada imagen funciona como un escenario habitado por criaturas extrañas, arquitecturas imposibles, paisajes fantásticos y una iconografía donde lo mítico y lo cotidiano se mezclan en una representación que oscila entre la sátira, el sueño y el misterio.
El agua constituye uno de los elementos recurrentes de este universo visual. Mares, lagos, ríos, navíos, marineros y sirenas aparecen como espacios de tránsito y conexión entre escenas, otorgando a las pinturas una dimensión de viaje físico y mental hacia territorios imaginarios.

La obra de Manuel João Vieira se mueve entre la ironía y la melancolía. Su relación con la historia del arte no es nostálgica, sino crítica y lúdica: juega con los estilos del pasado para revelar nuevas lecturas desde el presente. Sus imágenes pueden ser humorísticas y paródicas, pero también enigmáticas, requiriendo del espectador una mirada atenta y una amplia red de asociaciones culturales que abarca la literatura, la mitología, la historia y la tradición artística europea.
Esta dimensión teatral atraviesa igualmente la propia figura del artista. Músico, performer y personaje público, Vieira convierte su presencia en una extensión de su trabajo creativo, asumiendo que el mundo es un gran escenario desde el que cuestionar los discursos establecidos y desmontar sus convenciones.
A ilha púrpura: notas e paisagens permite así recorrer un territorio pictórico exuberante y contradictorio, donde la belleza, la provocación y el humor se entrelazan en una obra que desafía cualquier clasificación sencilla y confirma a Manuel João Vieira como una de las voces más originales del arte contemporáneo portugués.