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Exposiciones

Arquitecturas frágiles de lo cotidiano con Anastasia Douka

Anastasia Douka explora la tensión entre construcción y disolución en su exposición Τα παιδιά ρουφάν en la galería Callirrhoë de Atenas.

Arquitecturas frágiles de lo cotidiano con Anastasia Douka
bonart atenes - 05/04/26

La galería Callirrhoë en Atenas presenta la exposición individual de Anastasia Douka, Τα παιδιά ρουφάν, una instalación que se despliega como un recorrido de fragmentos dentro del espacio expositivo. Lejos de construir una narrativa lineal, la artista propone un entorno donde los objetos —una barandilla, un cajón donde se desecha café, una máquina de coser zapatos o un taladro con cinta— aparecen como restos o indicios de acciones, todos ellos realizados en papel. Este material, intrínsecamente frágil, se convierte en el eje conceptual de la muestra: aquello que normalmente entendemos como estable o funcional se revela aquí vulnerable, provisional.

La práctica escultórica de Douka se sitúa en la intersección entre lo doméstico y lo extraño. A partir de gestos cotidianos y rutinas reconocibles, la artista descompone las formas y las reconfigura en relaciones inesperadas, generando un paisaje donde lo funcional pierde su certeza. En el centro de la propuesta —que podrá visitarse en Atenas hasta el 16 de mayo— emerge el cilindro como forma estructural: un elemento que actúa como conducto, soporte y vínculo entre los distintos objetos, articulando un sistema de conexiones tan inestable como sugerente.

Este carácter abierto y procesual está profundamente ligado a la lógica de trabajo de la artista. Douka ha señalado que, cuando sabe exactamente cómo realizar una obra, pierde el interés en llevarla a cabo. Su práctica se sostiene, por tanto, en la incertidumbre y en la posibilidad constante de transformación: “todo lo que se construye puede romperse, reconstruirse y volver a romperse”. En este sentido, las piezas no solo existen como objetos, sino como estados transitorios, atravesados por una tensión interna entre el deseo de persistir y la inevitabilidad de su descomposición.

Esa tensión se manifiesta también en el tono de las obras, que parecen desafiarse a sí mismas con un gesto lúdico, casi irónico. Como si “se sacaran la lengua”, cuestionan su propia condición de objetos construidos antes de interpelar al espectador. En ellas conviven una pulsión de existencia intensa y la conciencia de su posible desaparición. La analogía afectiva es inevitable: como en los vínculos humanos, donde el apego convive con la posibilidad de la pérdida. En este sentido, la obra de Douka evoca también la experiencia de la crianza: los hijos que crecen en estrecha proximidad para, inevitablemente, separarse.

Dentro de este entramado, la barandilla adquiere una presencia significativa. Dispuesta a lo largo del lado derecho del espacio expositivo, aparece como una forma de apoyo, un elemento funcional que remite al cuerpo adulto y a la anatomía de la mano. Sin embargo, su lectura se desplaza más allá de lo utilitario. La barandilla puede entenderse como una línea temporal, segmentada por colores que sugieren distintas etapas de la vida. Su significado se revela, además, desde la experiencia: objetos que en otro tiempo parecían secundarios o meramente decorativos —como este tipo de soportes— se vuelven esenciales con el paso del tiempo. La mirada cambia con la edad, y con ella, la percepción de lo necesario.

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