Después de haber comisariado Xavier entre libros , centrada en el siempre poliédrico Xavier Vilató y su relación con el mundo del libro y con la literatura en general, la historiadora del arte Malén Gual regresa este otoño a la Fundación Palau de Caldes d'Estrac. Lo hace, en esta ocasión, para introducirnos en la obra y el universo, llenos de poesía, de Anet Duncan (Durban, Sudáfrica, 1943). La exposición, titulada Mots robats , busca establecer un diálogo entre los trabajos de Duncan y la poesía de Josep Palau i Fabre (1917-2008). De hecho, Palau ha sido una figura decisiva en la obra de esta artista sudafricana desde que, hace más de cuarenta años, decidió instalarse en Barcelona, ciudad en la que reside.
Se conocieron en 1986, en el mítico rincón ampurdanés de Grifeu (Llançà, Alt Empordà), donde ambos veraneaban, y establecieron una estrecha amistad que se alargaría hasta los últimos días del poeta. Como ella misma explica, aquella relación creció durante largas conversaciones en torno al arte y la literatura, muchas de ellas mantenidas en sus trayectos en coche. Poco después de su muerte, el artista recordaba de Palau su mirada, intensa, y una gran memoria que le permitía recordar detalles clave de una conversación.
Conjuntamente con Manolo Valdés, Rosa M. Pujol Avellana o Pepe Yagües, entre otros, Duncan forma parte de los colaboradores y amigos que frecuentaron Palau en los últimos años de su vida. Testimonio de este vínculo son algunas de las obras que de ella se conservan en la fundación de Caldetes, como un retrato que hizo del alquimista y cinco fotomontajes, y el interés que el artista sigue teniendo por su literatura. Sobre la faceta literaria de Palau i Fabre, Duncan ha dicho: "Aunque sus poemas son lo que más me apasiona [...], escogería Alfa Romeo y Julieta, obra de teatro que refleja el lado seductor de Josep y su particular visión de la mujer."
Hija de pintor, desde pequeña Anet Duncan quedó seducida por el arte. Formada en su ciudad natal, una de las principales metrópolis de este país africano, dirigió una fábrica de estampación, trabajando la pintura y el batik —técnica de estampado textil de origen asiático. Más adelante, asentada en Europa, trajo un taller de serigrafía en Ginebra. La primera exposición la celebró en Dunkerque, en el norte de Francia, en 1974.
La figura, el retrato y el paisaje son temáticas preferentes en la producción de Anet Duncan. La luz —elemento catalizador de sus composiciones—, el color y el ambiente, tratados siempre de forma sutil, crean una atmósfera especial, fuente de paz y descanso. Con el paso de los años, su estilo ha evolucionado de un realismo figurativo a un compendio de abstracción y poesía. En estos últimos años, los paisajes han tomado gran protagonismo en su creación: son las visiones de unos lugares vividos y sentidos, espacios habitados físicamente pero también con sensaciones, sentimientos y recuerdos.
La producción de Anet Duncan ha podido ser contemplada en Caldes d'Estrac en varias ocasiones. Una fue en la exposición La colección de un poeta. Los dibujos de la Fundación Palau, con Joan Abelló como comisario, que pudo verse de noviembre de 2009 a marzo de 2010. La otra tuvo lugar pronto cumplirá diez años; en 2017, la creadora sudafricana fue una de las participantes en Encuentros con el alquimista, un proyecto de exposición en torno a la obra de Palau i Fabre y muy especialmente de su poemario Poemes de l'Alquimista (1952). Con motivo de esta muestra, Duncan expresó que le había impresionado el hecho de que muchos de los poemas de Palau hubieran sido escritos en 1943, coincidiendo con su año de nacimiento. Palabras textuales del artista fueron «he robado un montón de versos suyos para bautizar mis cuadros» y así lo podremos comprobar en Mots robats, la nueva exposición que nos presenta la Fundació Palau.