La retirada de obras y documentos del Museo Nacional de Colombia ha abierto un nuevo frente de debate sobre la memoria histórica, la libertad cultural y el papel de las instituciones museísticas en la construcción del relato colectivo. Seis museos de arte moderno del país han expresado públicamente su rechazo a la desaparición de distintas piezas de la exposición permanente y han reclamado al Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes que garantice la autonomía de los centros para decidir cómo documentan, interpretan y presentan la historia de Colombia.
El pronunciamiento conjunto, dirigido a la ciudadanía y a la ministra de Cultura, Paola Holguín, está firmado por el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO), el Museo de Arte Moderno de Barranquilla (MAMB), el Museo de Arte Moderno de Cartagena, el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), el Museo Rayo, de Roldanillo, y el Museo de Arte Moderno del Tolima. Las seis instituciones advierten de que retirar piezas de la mirada pública por motivos ideológicos limita la comprensión del pasado y excluye experiencias, luchas y trayectorias que forman parte de la memoria compartida.
El conflicto se hizo visible el jueves 15 de octubre, cuando varias salas del Museo Nacional, en Bogotá, aparecieron con espacios vacíos tras la retirada de alrededor de treinta obras y objetos. Las piezas estaban relacionadas con los movimientos feministas y LGBTI, las víctimas de la violencia política, la Unión Patriótica y el proceso de paz firmado en 2016 entre el Estado colombiano y las FARC. Hasta el momento, el museo no había confirmado oficialmente el número total de elementos retirados ni había detallado las razones de cada decisión.
La coincidencia temporal con una visita del presidente Abelardo de la Espriella al Ministerio de Cultura ha intensificado las críticas. Durante ese encuentro, el mandatario anunció una campaña contra lo que calificó de 'wokismo' y afirmó haber instruido a la ministra para retirar de los espacios públicos representaciones que, en su opinión, constituyeran una exaltación del terrorismo. Entre las figuras mencionadas se encontraba Carlos Pizarro Leongómez, antiguo comandante del M-19 y candidato presidencial asesinado en 1990. El presidente describió el Ministerio como el futuro epicentro de una 'contrarrevolución cultural'.
Según las informaciones publicadas por medios colombianos, entre los elementos retirados figurarían una bandera del orgullo gay perteneciente a la activista Elizabeth Castillo, una pieza de contenido lésbico procedente de la campaña de una marcha LGBTI de 2006, una fotografía de Humberto Rincón Perfetti tomada durante una manifestación del colectivo y un impreso de la Fundación Sí Mujer dedicado a los derechos reproductivos de las mujeres.
La intervención también habría afectado a documentos de carácter político e histórico. Entre ellos se encontrarían carteles de las campañas presidenciales de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la Unión Patriótica asesinado en 1990, y de Carlos Pizarro. Asimismo, se ha informado de la retirada de objetos vinculados a la firma del Acuerdo de Paz de 2016 y de numerosas fotografías del denominado muro de la diversidad, concebido para reflexionar sobre la pluralidad cultural, social y política del país.
Frente a esta situación, los seis museos recuerdan que la función de una institución cultural no consiste en imponer una interpretación única del pasado, sino en crear espacios donde distintas memorias y perspectivas puedan coexistir, confrontarse y dialogar. También cuando los relatos expuestos resultan incómodos o suscitan discrepancias, sostienen, su presencia contribuye a una comprensión más compleja de la sociedad.
La controversia trasciende, por tanto, la discusión sobre unas piezas concretas. Afecta a la responsabilidad de los museos públicos en la conservación del patrimonio documental y artístico, a la representación de colectivos históricamente marginados y a la posibilidad de examinar críticamente episodios conflictivos de la historia nacional. Cuando una obra desaparece de una sala, no solo cambia la exposición: también se modifica el marco desde el que una sociedad puede reconocerse y discutir su pasado.