Del 23 de mayo al 1 de noviembre de 2026 se exhiben en la Biblioteca-Museo Inguimbertine de Carpentras (Provenza, Francia) unas doscientas obras, algunas de ellas inéditas, creadas entre 1988 y 2015 en Nápoles por el artista Ernest Pignon-Ernest (Niza, 1942). En Francia, Pignon-Ernest fue el primero en apropiarse de los muros de las ciudades, treinta años antes de la irrupción del arte urbano. Desde 1966, ha convertido las calles en el escenario principal de su obra, pegando imágenes a tamaño real en las paredes de los edificios.
La exposición provenzal, que lleva por título Ombres de Naples (Sombras de Nápoles), reúne las huellas de una actuación que fue muy meditada desde el punto de vista artístico, pero deliberadamente efímera. Entre finales de los años ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, el artista pegó sus dibujos (en blanco y negro y a tamaño real) y sus serigrafías en algunos rincones del casco antiguo de Nápoles. Los temas representados evocaban la tradición pictórica napolitana del siglo XVII, especialmente Caravaggio y los caravagistas, y se inspiraban en fragmentos de cuadros que se conservan en los museos y galerías napolitanos.

Paradójicamente, el contraste entre imágenes que evocaban una realidad de muerte, enfermedad (la peste) y miseria —que al principio debió resultar bastante sorprendente para los napolitanos— creaba una conexión entre el pasado y el presente extremadamente vívida e impactante. En aquellos años, Nápoles aún conservaba crudas huellas del terremoto de 1980: los papeles pegados a las paredes dialogaban con la basura que invadía cada rincón, con los andamios que sostenían los edificios en ruinas, con el desempleo generalizado, con un desorden existencial de la vida cotidiana que constituía uno de los rasgos más íntimos de la ciudad. Aún no había comenzado la reconstrucción material y simbólica de la ciudad, que desde hace ya algunas décadas ha dado lugar a un exceso de turismo que resulta difícil de soportar para quienes viven allí.
Esas imágenes, cuyas esquinas deshilachadas ponían de manifiesto la precariedad de su material, utilizaban las formas artísticas para expresar el sufrimiento, el dolor, la esperanza y la vida. Muchas de ellas fueron fotografiadas por el propio artista y esas fotos se exponen en la muestra junto con decenas de bocetos preparatorios; otras las fotografió Alain Volut, quien en 1996 publicó el libro Les ruelles de la mémoire para documentar las intervenciones napolitanas de Pignon-Ernest.

El catálogo de la exposición de Carpentras, comisariada por el propio artista, incluye dos textos (además de los del artista): uno de Jean-Yves Baudouy (director de la Inguimbertine) dedicado a las obras y los libros napolitanos o de temática napolitana conservados en las colecciones de la biblioteca-museo; el otro, de Gennaro Toscano (consejero científico de las colecciones de la Biblioteca Nacional de Francia y napolitano de origen), que repasa de forma evocadora, desde un punto de vista histórico-artístico, las fuentes figurativas del siglo XVII de la obra de Pignon-Ernest, y nos ofrece también un pequeño ensayo de «ego-historia».
No es casual que la exposición se celebre en este magnífico lugar del Vaucluse, ya que el diálogo con las obras del museo refleja un vínculo común con Italia. La exposición de la Inguimbertine, que rinde homenaje a la ciudad de Nápoles, supone un enlace directo con los poetas que también dejaron su huella cerca del monte Ventoux, como Petrarca.