La tradición del realismo español es el punto de partida desde el que Andrés García Ibáñez ha construido una obra que, sin renunciar a los géneros clásicos de la pintura, incorpora lecturas alegóricas, reflexiones sobre la propia naturaleza de la representación y, en determinados momentos, una dimensión crítica y deformante cercana a la expresión. La Fundación Bancaja presenta en Valencia una amplia exposición monográfica dedicada por primera vez al artista almeriense, una mirada concentrada sobre los principales ejes de una trayectoria desarrollada a lo largo de más de tres décadas.
Nacido en Olula del Río, Almería, en 1971, García Ibáñez mantiene una relación especialmente intensa con la tradición figurativa y naturalista española. Su pintura parte de una voluntad de representación precisa, pero esa fidelidad a la imagen no implica una actitud pasiva frente al mundo. El retrato, el paisaje o la naturaleza muerta se convierten en instrumentos para explorar cuestiones vinculadas a la identidad, la memoria, las pasiones humanas y la propia historia del arte.
El proyecto reúne 84 obras realizadas entre 1994 y 2026, muchas de las cuales se presentan por primera vez al público. El conjunto permite aproximarse tanto a las primeras etapas del artista como a obras más recientes ya algunas de sus piezas más significativas. A lo largo del recorrido, la producción de García Ibáñez establece un diálogo directo con once obras de grandes maestros del arte español: Francisco de Goya, Joaquín Sorolla, Antonio López, Ignacio Zuloaga y Juan Valdés Leal.

Este diálogo no funciona únicamente como contextualización histórica, sino que evidencia las filiaciones y tensiones que recorren la pintura de García Ibáñez. Los maestros del pasado aparecen como referentes e interlocutores de una práctica que asume la tradición como un territorio todavía activo, susceptible de ser revisidad y cuestionado desde la contemporaneidad.
Las obras reunidas proceden de diversas colecciones e instituciones, entre ellas la Fundación Zuloaga de Madrid, la Colección Fernando Masaveu de Madrid, el Museo del Realismo Español Contemporáneo (MUREC) de Almería, el Museo Casa Ibáñez de Olula del Río y la Fundación de Arte Ibáñez Cosentino, también ubicada en Olula del Río. La diversa procedencia del conjunto contribuye a construir una panorámica amplia sobre una trayectoria que ha mantenido el realismo como eje, pero que ha explorado diferentes formas de abordarlo.
La exposición se articula en cuatro ámbitos que permiten seguir las principales líneas de trabajo del artista. Los géneros tradicionales reúne retratos, paisajes y naturalezas muertas que conectan directamente con la tradición clásica de la pintura figurativa. García Ibáñez recupera estos géneros desde una perspectiva contemporánea, manteniendo la atención sobre la corporeidad, luz y precisión de la representación, pero introduciendo también una mirada personal sobre los códigos que han definido la pintura realista.
Mito y alegoría amplía este territorio hacia una pintura de mayor carga simbólica. Algunas de las obras, de gran formato y vinculadas a los primeros años de la trayectoria del artista, recuperan asuntos procedentes de la mitología clásica para trasladarlos al presente. Otras piezas recurren a la alegoría ya la reinterpretación de grandes obras de la historia del arte para plantear cuestiones relacionadas con la naturaleza humana y sus pasiones. El pasado se convierte así en un repertorio de formas y narrativas que García Ibáñez revisita para hablar del presente.
Las Series beethovenianas constituyen otro de los núcleos del recorrido. Se trata de un conjunto de telas realizadas también durante la juventud artística del pintor en la que la obra y la figura de Ludwig van Beethoven sirven como punto de partida para expresar vivencias y pensamientos íntimos. La música se transforma aquí en una estructura conceptual que permite abordar aspectos de la condición humana y, al mismo tiempo, provocar en el espectador una reflexión sobre sus propias experiencias.

El último ámbito, Amistat i treball , se centra en la relación de García Ibáñez con Antonio López. La sección presenta obras realizadas conjuntamente por ambos artistas, principalmente escultóricas, e incorpora también las respectivas miradas pictóricas frente a un mismo paisaje. El encuentro entre dos creadores vinculados a la tradición figurativa española permite observar coincidencias, diferencias y formas diversas de entender la representación de lo real.
En ese sentido, la presencia de Antonio López adquiere una dimensión particular dentro de una exposición que reivindica el diálogo entre generaciones. García Ibáñez no plantea la tradición realista como fórmula cerrada, sino como lenguaje susceptible de transformaciones, desplazamientos y nuevas lecturas. La representación se mantiene como centro de su práctica, pero sus significados pueden variar según el contexto, tema y relación que el artista establece con la historia del arte.