El Museo Textil de Oaxaca presenta Ladbeej. El textil teñido con cochinilla, una exposición que se adentra en uno de los textiles más significativos del pueblo didxzaj —zapoteco— de Mitla y, a través de él, reivindica un patrimonio construido desde la transmisión de conocimientos, la práctica cotidiana y la continuidad de una tradición que hunde sus raíces en la época prehispánica. La muestra podrá visitarse del 9 de agosto de 2026 al 10 de enero de 2027.
El estudio de los textiles procedentes de los pueblos originarios de México permite descubrir un universo de conocimientos en el que convergen sabiduría, práctica, ciencia y tecnología. Son saberes que han atravesado generaciones y que no se conservan únicamente como testimonios del pasado, sino que permanecen vinculados a las comunidades que los producen, los utilizan, los cuidan y los incorporan a su vida cotidiana. En este contexto, el ladbeej ocupa un lugar singular dentro de la cultura textil de Mitla.

El ladbeej, elaborado con fibra teñida mediante grana cochinilla, ha experimentado transformaciones en sus usos a lo largo del tiempo, aunque mantiene su presencia en la comunidad. En la actualidad continúa utilizándose principalmente como envoltorio de tipo enredo o como falda por las mujeres de Mitla y de otras localidades próximas. Su permanencia permite observar cómo una tradición textil puede adaptarse a los cambios sin perder el vínculo con los conocimientos que la sostienen.
La exposición propone aproximarse al ladbeej desde la experiencia de las maestras y los maestros que todavía dominan las diferentes técnicas necesarias para su elaboración. No se trata de un conocimiento aprendido exclusivamente a través de instrucciones escritas. Al contrario, buena parte de este legado se transmite mediante la práctica, la observación, la repetición y el dominio progresivo de las herramientas y de las materias que intervienen en cada etapa del proceso. El aprendizaje pasa así por el cuerpo y encuentra en las manos uno de sus principales espacios de transmisión.
Tejer, teñir y preparar cada elemento implica reconocer tiempos, materiales, movimientos y procedimientos que difícilmente pueden separarse de la experiencia acumulada por quienes los practican. Las manos adquieren, en este sentido, una dimensión casi documental: conservan gestos, identifican procesos y reproducen una memoria técnica que se transmite de generación en generación. El ladbeej no es únicamente el resultado final de una elaboración artesanal, sino la expresión material de un conocimiento colectivo.

La muestra permite detenerse en los diferentes elementos que intervienen en la creación de estas piezas, desde el origen de la fibra hasta las personas que participan en su elaboración y aquellas que finalmente las llevan. En este recorrido adquieren especial relevancia los maestros tejedores y tintoreros, responsables de una cadena de operaciones en la que cada fase requiere dedicación, precisión y un profundo conocimiento de los materiales.
La grana cochinilla ocupa un papel esencial en este proceso y convierte el color en uno de los rasgos fundamentales del textil. Pero más allá de su dimensión visual, el teñido permite acercarse a un sistema de conocimientos en el que naturaleza, técnica y cultura permanecen estrechamente vinculadas. La obtención y aplicación del color forman parte de una práctica que ha sobrevivido gracias a su transmisión directa y a la continuidad de quienes todavía la ejercen.
En este sentido, Ladbeej. El textil teñido con cochinilla plantea una mirada que se aleja de la consideración del textil como simple objeto artesanal o pieza de museo. Cada tejido reúne una historia de materiales, técnicas, comunidades y personas. También contiene una memoria que no siempre queda registrada en documentos, pero que permanece en los gestos de quienes saben hacerlo. La exposición pone precisamente el foco en esa dimensión viva del patrimonio.
El Museo Textil de Oaxaca presenta así el ladbeej como una pieza compleja y, al mismo tiempo, como un territorio de conocimiento. Su importancia no reside únicamente en la antigüedad de las técnicas que lo hacen posible, sino en el hecho de que estas continúan formando parte del presente. Los saberes vinculados al tejido y al teñido siguen habitando las manos y la mente de quienes los practican, demostrando que la conservación de una tradición también puede producirse a través de su uso, su aprendizaje y su transmisión cotidiana.