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Exposiciones

Sokrates, el cuarto de las maravillas de Sa Bassa Blanca

Un espacio de arte, contemplación y diálogo en Alcúdia donde obras de diferentes épocas y culturas conviven con 'Juke Blue', la instalación de James Turrell.

Sokrates, el cuarto de las maravillas de Sa Bassa Blanca
bonart alcudia - 21/08/26

En la finca de Sa Bassa Blanca, en Alcúdia, el arte se presenta de forma que rehuye las clasificaciones habituales. Entre las dependencias del Museo Sa Bassa Blanca, la Sala Sokrates propone una experiencia en la que las obras no se organizan siguiendo una cronología o procedencia geográfica, sino a partir de las conexiones que pueden establecer entre ellas.

El espacio se concibe como un Gesamtkunstwerk, una obra de arte total que funciona como un cuarto de las maravillas contemporáneas. Aquí, el interés no está tanto en la acumulación de objetos como en la relación que se establece entre cada uno de los elementos que forman parte del conjunto. Pinturas, esculturas, objetos y piezas de procedencias diversas comparten un mismo escenario y construyen una experiencia concebida como una unidad.

La historia del proyecto está estrechamente vinculada a la Fundación Yannick y Ben Jakober, creada en 1993 por iniciativa de los artistas y coleccionistas Yannick Vu y Ben Jakober, junto al filántropo Georges Coulon Karlweis. Ese mismo año, un antiguo aljibe subterráneo de la finca de Sa Bassa Blanca fue rehabilitado para acoger una singular colección de retratos infantiles datados entre los siglos XVI y XIX, conocida como la Colección Nins.

Con el tiempo, este proyecto cultural ha ido ampliando sus perspectivas y ha convertido a Sa Bassa Blanca en un espacio donde la creación contemporánea dialoga con obras y objetos de diferentes momentos de la historia.

En Sokrates, las piezas no siguen una línea temporal ni responden a una estricta clasificación por culturas o territorios. El criterio es más intuitivo y asociativo: formas, materiales, colores, gestos y conceptos establecen puentes entre obras aparentemente alejadas. Esta disposición genera una narrativa abierta en la que cada pieza puede conducir hacia otra. Una escultura puede encontrar su contrapunto en un objeto de una cultura distante, mientras que una forma o una textura pueden actuar como nexo entre creaciones separadas por siglos.

El resultado es un recorrido que invita al visitante a mirar con calma ya construir sus propias conexiones. Las obras se relacionan, reflejan y también entran en tensión, creando una trama visual que combina dimensión estética y simbólica.

Sokrates propone una experiencia basada en la contemplación activa, el pensamiento asociativo y el descubrimiento. El visitante deja de ser un simple espectador y pasa a formar parte de un espacio que celebra la diversidad de culturas y formas artísticas como una posible expresión de unidad.

Uno de los grandes atractivos del espacio es la presencia de Juke Blue , del artista norteamericano James Turrell, instalada en el Espacio Sokrates desde la primavera de 2017. La obra se integra en este particular universo museístico y refuerza una de las ideas fundamentales del proyecto: la capacidad del arte para transformar la percepción del mundo y transformar la percepción del mundo.

Turrell, una de las figuras más reconocidas del arte contemporáneo internacional, ha dedicado gran parte de su trayectoria a investigar la luz, el color y la percepción. En el caso de 'Juke Blue', esta búsqueda se traduce en una experiencia inmersiva que invita a abandonar la mirada rápida y adentrarse en un estado de contemplación.

La instalación ofrece así una pausa dentro del recorrido y sitúa al visitante ante una experiencia en la que la luz deja de ser simplemente un elemento de la arquitectura para adquirir una presencia propia.

La singularidad de Sokrates reside precisamente en esa capacidad para combinar piezas, épocas y sensibilidades sin necesidad de imponer una única interpretación. El espacio funciona como un organismo en el que cada elemento tiene sentido en relación con los demás.

En este contexto, el Museu Sa Bassa Blanca amplía su condición de museo para convertirse también en un territorio de contemplación y descubrimiento, donde el arte se percibe a través de las relaciones que establecen las obras y de la mirada particular de cada uno de los visitantes.

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