El terremoto que estremeció el Eje Cafetero y buena parte del occidente de Colombia ha dejado una profunda huella no solo en viviendas y edificios públicos, sino también en el patrimonio cultural de la región. Museos, teatros, centros culturales y colecciones históricas se encuentran entre los espacios afectados por un sismo que ha obligado a interrumpir actividades, evacuar instalaciones y, en algunos casos, afrontar la pérdida parcial o total de edificios y obras.
Pereira aparece como uno de los principales focos de preocupación. La ciudad, junto con Manizales, se encuentra entre las zonas que han sufrido con mayor intensidad las consecuencias del desastre. A la emergencia humana y material se suma ahora la necesidad de preservar una infraestructura cultural construida durante décadas y que constituye una parte esencial de la memoria colectiva de la región.
El Consejo Internacional de Museos, ICOM Colombia, ha identificado al menos veinte museos afectados en el conjunto de la zona cafetera, el Valle del Cauca, Cauca y Chocó. Sin embargo, el balance todavía es provisional. La organización advierte que aún no existe una radiografía completa de los daños, tanto en los edificios como en las colecciones, especialmente porque una parte importante de los museos comunitarios del país no está registrada oficialmente.
Óscar Gaona, presidente de la Junta Directiva de ICOM Colombia, explica que las afectaciones abarcan desde grietas superficiales hasta daños estructurales de gran gravedad. En algunos centros, el problema se limita a elementos constructivos que pueden ser reparados; en otros, la estabilidad del inmueble está comprometida y también se han producido pérdidas importantes en las colecciones.
Entre los materiales que más han sufrido se encuentran las colecciones arqueológicas. Muchas de ellas están formadas por piezas de cerámica precolombina colocadas en vitrinas y estanterías que no pudieron resistir el movimiento del terreno. La caída de las piezas ha provocado roturas y pérdidas que, en determinados casos, pueden ser irreversibles. Otras deberán someterse a procesos especializados de evaluación y restauración para determinar si es posible reconstruirlas.
El Museo de Arte de Pereira, ante una demolición casi total
Uno de los casos más graves se encuentra en el Museo de Arte de Pereira. Con cinco décadas de trayectoria, la institución se ha consolidado como uno de los principales referentes culturales de la ciudad. Su sede actual, situada en la Avenida de las Américas, fue inaugurada en 1996 y este año cumple tres décadas de funcionamiento.
El edificio había superado sin daños significativos el terremoto de 1999, uno de los episodios sísmicos más devastadores de la historia reciente del Eje Cafetero. Sin embargo, el nuevo terremoto ha puesto en jaque su estructura.

Cortesía Museo de Arte de Pereira.
Los primeros estudios técnicos determinaron que el edificio no es habitable y que será necesario demoler prácticamente toda la mampostería. La estructura de vigas y columnas de dos de sus alas se mantiene en condiciones aceptables, pero el ala occidental presenta daños mucho más severos. Una de sus columnas resultó afectada y provocó que parte del edificio cediera y quedara ladeada.
La conclusión es contundente: el museo tendrá que afrontar una demolición casi total. Solo el esqueleto estructural de buena parte del inmueble podrá conservarse.
Para la institución, sin embargo, el principal desafío no está únicamente en el edificio. El equipo del museo trabaja contrarreloj para proteger las aproximadamente 530 obras que integran su colección de arte contemporáneo, una de las más importantes de la ciudad. Entre ellas figuran trabajos de artistas como Jesús Rafael Soto y María de la Paz Jaramillo, además de una pieza de grandes dimensiones perteneciente al taller de Olga de Amaral, considerada la obra de mayor tamaño realizada por ese taller a lo largo de su trayectoria.
La prioridad ahora es trasladar, proteger y evaluar las piezas antes de que nuevos movimientos, filtraciones o condiciones ambientales puedan agravar los daños.
El Teatro Santiago Londoño, otra pérdida para la ciudad
El terremoto también ha golpeado uno de los principales símbolos de la vida escénica de Pereira: el Teatro Santiago Londoño Londoño.
Ubicado en pleno centro de la ciudad, a una cuadra de la Gobernación, el teatro municipal ha sido durante décadas uno de los principales escenarios para la actividad artística y cultural de Pereira. Los estudios realizados después del sismo por ingenieros especializados desplazados desde distintos puntos del departamento de Risaralda determinaron que el edificio sufrió daños de extrema gravedad.
La evaluación técnica apunta a una pérdida total del inmueble debido a que varias de sus vigas y columnas no lograron resistir la intensidad del movimiento sísmico. La posible desaparición del teatro supone un golpe especialmente significativo para una ciudad cuya programación cultural ha tenido durante años este espacio como uno de sus principales puntos de encuentro.

Cortesía Teatro Santiago Londoño.
El Centro Cultural Lucy Tejada, otro espacio bajo evaluación
La emergencia alcanza también al Centro Cultural Lucy Tejada, construido en 2006 como parte de un proceso de resignificación de un espacio urbano que con el tiempo se convirtió en uno de los grandes epicentros culturales de Pereira.
El complejo ocupa una manzana completa y concentra una amplia variedad de actividades. En sus instalaciones se desarrollan programas de formación en teatro, artes visuales, danza y música dirigidos a personas de todas las edades. Más de 14.000 estudiantes participan en estos programas.
El centro alberga además una biblioteca pública, una emisora, el auditorio Lucy Tejada y diferentes oficinas administrativas. Por su dimensión y por la diversidad de servicios que concentra, cualquier afectación estructural no solo comprometería un edificio, sino una extensa red de actividades culturales y educativas que tiene un impacto directo en la población.
Un patrimonio cultural todavía difícil de cuantificar
El balance regional continúa siendo incompleto. ICOM Colombia calcula que al menos veinte museos han sufrido algún tipo de afectación, aunque otras evaluaciones preliminares sitúan en catorce los museos afectados específicamente dentro de la zona más próxima al epicentro de los daños.
Libardo Díaz, director del Museo Rayo de Roldanillo, ha señalado que su institución también sufrió daños significativos y que, dentro del conjunto de museos afectados, el Museo de Arte de Pereira se encuentra entre los que presentan una situación más grave.
La dificultad para establecer un número definitivo responde, entre otras razones, a la existencia de numerosos museos comunitarios que no figuran en los registros oficiales. Solo en el Valle del Cauca podrían existir alrededor de ochenta instituciones de este tipo, según las estimaciones recogidas por ICOM Colombia.
La magnitud real del desastre cultural, por tanto, todavía está por determinarse.
Después del rescate humano comienza también el rescate de la memoria
En los primeros días posteriores al terremoto, la prioridad absoluta ha sido localizar a los desaparecidos, atender a los heridos y garantizar la seguridad de quienes han perdido sus hogares. Pero, una vez superada la emergencia inmediata, aparece otra tarea igualmente compleja: preservar los lugares y objetos que construyen la memoria de las comunidades.
Los museos se encuentran en una situación especialmente delicada. Una obra rota puede ser restaurada, pero no siempre puede recuperar su estado original. Un edificio puede reconstruirse, pero su desaparición también implica la pérdida de una parte de la historia urbana.
En Pereira, la posible demolición de buena parte del Museo de Arte, la pérdida del Teatro Santiago Londoño y la incertidumbre sobre otros espacios culturales dibujan un escenario que trasciende los daños materiales. Se trata de una fractura en el tejido cultural de una ciudad que durante décadas ha construido sus espacios de encuentro alrededor de museos, teatros, bibliotecas y centros de formación.
Mientras los equipos de emergencia continúan trabajando entre los escombros y las instituciones culturales intentan poner a salvo sus colecciones, comienza una segunda carrera contra el tiempo. Ya no se trata únicamente de reconstruir edificios, sino de decidir qué puede salvarse, cómo conservarlo y de qué manera recuperar una infraestructura cultural que, en algunos casos, tardó décadas en construirse.
La cultura ante el nuevo gobierno
La reconstrucción del patrimonio cultural colombiano afronta una incertidumbre añadida: el cambio de rumbo político que ha comenzado con la llegada a la Presidencia de Abelardo de la Espriella. El nuevo mandatario, que asumió el cargo el pasado 7 de agosto, ha planteado una profunda reducción del tamaño del Estado como una de las principales líneas de su gobierno. Durante la campaña prometió recortar la estructura estatal en un 40 %, con el objetivo de reducir el gasto y generar ahorros de entre 25 y 30 billones de pesos anuales.
Ese programa de austeridad abre ahora un interrogante particularmente delicado para el sector cultural. El programa de gobierno de De la Espriella propone reorganizar la política cultural bajo criterios de mérito, auditoría y gestión, pero también plantea un modelo orientado a convertir la cultura en un sector con mayor capacidad de generación económica, mediante el impulso de las industrias audiovisual y musical, la propiedad intelectual, el emprendimiento creativo y la atracción de grandes eventos. Entre sus propuestas figuran además un bono cultural para jóvenes y una línea anual de 125.000 millones de pesos destinada a capital semilla y coinversión en proyectos creativos.
La cuestión es cómo encajará este modelo en una emergencia como la provocada por el terremoto. El nuevo Gobierno se ha encontrado, apenas iniciado su mandato, con la necesidad de afrontar una reconstrucción de enormes dimensiones que amenaza con tensionar todavía más sus planes de reducción del gasto público. La magnitud de los daños ha obligado a situar la recuperación de infraestructuras entre las prioridades inmediatas del Ejecutivo, precisamente cuando su programa económico apuesta por reducir el tamaño del Estado.
Para los museos afectados, la pregunta es especialmente urgente. ¿Habrá recursos públicos para reconstruir el Museo de Arte de Pereira, recuperar el Teatro Santiago Londoño o reparar los centros culturales dañados? ¿Qué papel asumirá el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes ante la pérdida de edificios y colecciones? Y, sobre todo, ¿cómo se compatibilizará la política de austeridad con la obligación del Estado de proteger el patrimonio cultural?