La arqueología española pierde a uno de sus grandes referentes. Manuel Martín Bueno, catedrático de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Universidad de Zaragoza, ha fallecido dejando tras de sí una trayectoria marcada por la investigación, la docencia, la gestión pública y, especialmente, por su papel pionero en el desarrollo de la arqueología subacuática en España.
Nacido en Zaragoza en 1946, Martín Bueno fue una de las voces más influyentes en la defensa y estudio del patrimonio histórico español. Su paso por la Administración pública, como subdirector general de Arqueología y Etnografía del Ministerio de Cultura, resultó especialmente relevante durante la elaboración de la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985, todavía vigente. Desde esta responsabilidad contribuyó a incorporar una sólida perspectiva científica y técnica a la protección del patrimonio arqueológico.
Una de sus principales aportaciones fue defender que el patrimonio cultural subacuático debía formar parte integral del patrimonio histórico español. Una visión que anticipó el desarrollo de una disciplina que, gracias también a su trabajo, acabaría consolidándose como un campo científico de referencia. Por ello, su figura puede considerarse fundamental en la construcción de la arqueología subacuática española, tanto desde el ámbito académico como desde la gestión y la intervención sobre el terreno.
Su trayectoria estuvo ligada a numerosas campañas arqueológicas desarrolladas en distintos puntos del mundo. Desde la Antártida, donde participó en el proyecto San Telmo, hasta las costas gallegas, Martín Bueno dirigió investigaciones que contribuyeron a ampliar el conocimiento y la protección del patrimonio sumergido.
Entre sus intervenciones destaca especialmente el trabajo realizado en el cabo Finisterre, donde excavó los restos del galeón de la Armada San Jerónimo, hundido en 1596. Su investigación contribuyó además a la formación de una primera generación de arqueólogos subacuáticos en Galicia, consolidando una escuela de trabajo que tendría continuidad en las décadas posteriores.
Otros proyectos le llevaron hasta Córcega y el estrecho de Gibraltar, ampliando el alcance de una carrera dedicada a recuperar, estudiar y proteger un patrimonio que durante décadas permaneció prácticamente invisible bajo las aguas.