Entre las numerosas intervenciones que Antoni Gaudí desarrolló a lo largo de su trayectoria, la reforma de la Sede de Mallorca ocupa un lugar singular por su ambición litúrgica, arquitectónica y artística. Ahora, más de un siglo después de su ejecución, esta actuación se convierte en el hilo conductor de la exposición Gaudí en la Seu de Mallorca. Liturgia, Arte y Modernidad , una propuesta que permite redescubrir el profundo impacto que el arquitecto catalán dejó en la catedral de Palma entre 1904 y 1915.
La muestra, organizada por el Área de Gestión Cultural de la Seu, se inscribe dentro de los actos del Año Gaudí, que conmemora el centenario de la muerte del arquitecto. Con una duración prevista de un año, la exposición combina investigación documental, trabajos de restauración y divulgación patrimonial para ofrecer una lectura renovada de uno de los episodios menos conocidos de la trayectoria gaudiniana.
La intervención de Gaudí nació a raíz de la voluntad del obispo Pere Campins de modernizar el templo. La catedral presentaba desperfectos en la fachada provocados por un terremoto, varias vidrieras permanecían cegadas y la disposición del corazón, situado en el centro de la nave, dificultaba la funcionalidad litúrgica del espacio. Ante esta situación, Campins confió a Gaudí una reforma que iba mucho más allá de una simple restauración arquitectónica: pretendía adaptar la Seu a los nuevos planteamientos litúrgicos sin renunciar al respeto por su legado gótico.

La exposición propone un recorrido que transita por el interior de la catedral, el claustro y el Museo de Arte Sacro de Mallorca, espacios en los que se explican las diferentes fases del proyecto y se exhiben numerosas piezas originales diseñadas por el arquitecto. Entre los objetos más destacados se encuentra una escalera plegable de altar construida en madera y hierro forjado, revestida con fieltro verde, así como las dos maquetas originales de la capilla Mayor y de la capilla de la Santísima Trinidad, elaboradas en madera e intervenidas directamente por Gaudí con dibujos y anotaciones.
El visitante también puede contemplar el monumental baldaquino del altar mayor, diversas luces, mobiliario litúrgico y diferentes elementos simbólicos vinculados al obispo Campins, como el báculo episcopal, el conope y el tintináculo, piezas que permiten entender la dimensión espiritual y ceremonial de la reforma concebida por el arquitecto.
La muestra estructura el relato siguiendo las tres grandes fases de la intervención. La primera, desarrollada entre junio y diciembre de 1904, transformó radicalmente la organización interior del templo. Se retiró el corazón de la nave central, se desmontaron varios retablos, se redefinió el presbiterio para dar protagonismo al altar ya la cátedra episcopal y se incorporó la iluminación eléctrica, un elemento innovador para la época.
La segunda etapa, entre 1905 y 1908, profundizó en la renovación del conjunto con la revalorización de la capilla Mayor. Durante estos años Gaudí intervino en las vidrieras para mejorar la entrada de luz natural y diseñó nuevo mobiliario destinado al culto, siempre buscando una estrecha relación entre arquitectura, simbología y funcionalidad litúrgica.

La última fase, que se extiende de 1908 hasta 1915, corresponde al momento de mayor desarrollo ornamental del proyecto. En esta etapa participó también Josep Maria Jujol, colaborador habitual de Gaudí, que contribuyó a enriquecer el programa decorativo y lumínico del presbiterio. Pero el proyecto no llegaría a culminarse.
Después de doce años de trabajo, las discrepancias entre Gaudí, los constructores y algunos miembros del capítulo catedralicio provocaron su desvinculación de la obra en 1914. La muerte del obispo Campins al año siguiente puso fin definitivamente a su participación. La dirección de los trabajos pasó provisionalmente a Joan Rubió y Bellver hasta el nombramiento de un nuevo arquitecto.
La marcha de Gaudí dejó sin ejecutar parte importante del proyecto original. Quedaron pendientes seis de las nueve vidrieras previstas, varias piezas de mobiliario litúrgico, las cubiertas y las tumbas reales, testigos de una intervención que, pese a quedar inacabada, transformó profundamente la percepción espacial y simbólica de la Seu.