La realidad contemporánea difícilmente puede explicarse desde una única perspectiva. Es un mosaico de voces, memorias y experiencias que conviven, se confrontan y se transforman constantemente. La polifonía se convierte así en una forma de entender el presente: no como la suma ordenada de relatos, sino como la posibilidad de escucharlos simultáneamente, sin establecer jerarquías ni reducir la complejidad a una sola narrativa. Ésta es una de las claves que atraviesan toda la trayectoria artística de Claudio Zulian.
Cineasta, videoartista, músico y escritor, Zulian ha desarrollado una obra en la que el cine, las instalaciones audiovisuales y el teatro se convierten en espacios de encuentro entre personas, territorios e historias. Su mirada se centra en lo social y político desde la proximidad, construyendo relatos que nacen de la experiencia compartida y que sitúan lo cotidiano como un espacio privilegiado para comprender los procesos de transformación de nuestro tiempo.

Del 15 de abril al 6 de septiembre de 2026, la Fundación Miró Mallorca presenta en el espacio expositivo del Auditori La montagna incantata , una exposición que recorre algunas de las obras más representativas del artista. La muestra incluye trabajos como L'Avenir (2004), A través del Carmel (2006), A lo mejor (2007) y La montaña mágica (2023), piezas que comparten una misma voluntad de construir relatos abiertos, donde convergen testimonios, memorias y formas diversas de habitar el mundo.
La formación musical de Zulian sigue resonando en toda su producción. La escucha, el ritmo y el diálogo entre registros distintos forman parte de una concepción de la creación entendida como un proceso colectivo, en el que cada voz conserva su singularidad y el conjunto se articula desde las relaciones, no desde las jerarquías. Esta forma de trabajar se traduce en composiciones audiovisuales que asumen la complejidad de lo real y dejan espacio para que las múltiples perspectivas dialoguen entre ellas.

Lejos de construir discursos cerrados, sus obras parten de la experiencia ubicada y del contacto directo con los territorios y las comunidades. La dimensión política de su trabajo emerge de la atención a los pequeños gestos, los ritmos de vida, el trabajo, los desplazamientos y las memorias que configuran los espacios compartidos. La memoria, en ese sentido, no aparece como un archivo inmutable, sino como un proceso vivo y en permanente reconstrucción.