"El virtuosismo no me interesa lo más mínimo, nada. El virtuosismo es sólo es una demostración de destreza, y la destreza, en relación con el arte, queda reducida a la categoría de ejercicio circense"
El mundo del arte argentino despide a Juan Carlos Distéfano, escultor y pintor considerado una de las voces más relevantes de la creación latinoamericana contemporánea, fallecido este sábado a los 92 años. Su trayectoria estuvo marcada por una profunda reflexión sobre el ser humano, la violencia, la memoria y las heridas colectivas, convirtiendo la escultura en un territorio de resistencia y pensamiento.
Artistas, curadores e instituciones han destacado la singularidad de una obra que, durante más de seis décadas, exploró la capacidad del arte para enfrentarse a los episodios más dolorosos de la historia. “Tuvo la capacidad de plasmar los horrores”, una frase que resume una de las características esenciales de su producción: la representación de cuerpos atravesados por el sufrimiento, pero también por la dignidad y la resistencia.
El director del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, Andrés Duprat, recordó al artista como “excepcional”, destacando su aportación “original y singular” a la historia del arte argentino, además de su carácter cercano, generoso y comprometido. La institución recordó también la relación mantenida con Distéfano durante los últimos años, especialmente con la exposición La memoria residual, presentada en 2022 con curaduría de María Teresa Constantin, considerada su última gran muestra.
Nacido en Argentina, Distéfano inició su formación en la Escuela Nacional de Artes Gráficas N.º 9 y continuó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Tras un viaje a Italia para profundizar en el conocimiento de los maestros del Trecento y el Quattrocento, regresó al país y se convirtió en una figura clave de la renovación artística argentina.

En 1960 asumió un papel fundamental en la creación y organización del Departamento de Diseño Gráfico del Instituto Di Tella, uno de los grandes centros de experimentación cultural de América Latina durante la segunda mitad del siglo XX. Algunos de sus trabajos de aquella etapa forman parte actualmente de la colección del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York.
Durante los años sesenta consolidó su lenguaje dentro del movimiento neofigurativo. Su primera exposición individual tuvo lugar en 1964 en la Galería Riobóo Nueva y, pocos años después, su participación en la IX Bienal de São Paulo, en 1967, provocó una fuerte repercusión por la intensidad de sus imágenes y la ruptura con las formas tradicionales de representación.
Distéfano encontró en materiales como la fibra de vidrio y la resina poliéster un territorio de experimentación. Aunque definía el poliéster como un material 'desagradable' para trabajar, valoraba sus posibilidades para construir volúmenes y formas imposibles de conseguir con técnicas escultóricas más convencionales. Esa elección técnica se convirtió en una de las señas de identidad de su obra.
Su vida estuvo estrechamente vinculada a la escritora Griselda Gambaro, con quien compartió más de siete décadas de trayectoria personal. En 1977, durante la última dictadura militar argentina, ambos se vieron obligados a exiliarse en Barcelona. Regresaron a Argentina en 1980, momento en el que Distéfano retomó su producción artística y profundizó en algunas de las cuestiones centrales de su obra: la represión, el autoritarismo, la tortura y las huellas que la violencia deja sobre los cuerpos y la memoria colectiva.
A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos. En 2015 representó a Argentina en la Bienal de Venecia con la exposición La rebeldía de la forma, un proyecto centrado en la condición humana y en la capacidad del arte para cuestionar la realidad. En 2018 recibió el Premio Nacional a la Trayectoria Artística, otorgado por el entonces Ministerio de Cultura de la Nación.
Su última gran exposición, La memoria residual, reunió en 2022 en el Museo Nacional de Bellas Artes diecinueve esculturas realizadas entre 1973 y la actualidad. La muestra reafirmó la vigencia de un artista que nunca dejó de interrogar el pasado y que convirtió la memoria en una materia escultórica capaz de hablar del presente.