Concebida con motivo del 25 aniversario de la actual sede del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, la exposición Dioramas de Joan Fontcuberta propone una reflexión sobre la manera en que el pasado se reconstruye, se interpreta y se transmite a través de las imágenes. Lejos de plantearse como una muestra retrospectiva, el proyecto establece un diálogo con la experiencia de la visita a la neocueva y con los recursos museográficos que han permitido acercar el arte paleolítico al público contemporáneo.
La exposición reúne una decena de fotografías realizadas por el artista a partir de dioramas, recreaciones tridimensionales empleadas por museos de historia y ciencias naturales para representar escenas desaparecidas. Fontcuberta recupera imágenes captadas durante décadas y las combina con nuevas obras concebidas específicamente para Altamira, centradas en las diferentes maneras en que la sociedad moderna ha imaginado y representado a los habitantes de la prehistoria.
El punto de partida de la muestra es una paradoja visual. La neocueva reproduce la cavidad original de Altamira, mientras que el diorama recrea acontecimientos y escenas imposibles de contemplar hoy. Al fotografiar estas reconstrucciones, Fontcuberta genera una nueva capa de representación: imágenes de recreaciones que se convierten, a su vez, en nuevas ficciones. El resultado es un juego de réplicas y simulacros que cuestiona la idea de autenticidad y pone de relieve cómo el conocimiento también se construye mediante artificios visuales.
Esta reflexión conecta con una de las constantes de la trayectoria del fotógrafo barcelonés, cuya obra ha examinado durante décadas los límites entre documento, ficción y verdad. En Dioramas, el artista vuelve a explorar la capacidad de la fotografía para generar relatos y desafiar la confianza depositada en la imagen como testimonio objetivo de la realidad.
La exposición incorpora además una lectura artística del célebre techo policromado de Altamira. Fontcuberta toma algunos de sus animales más emblemáticos —como bisontes y ciervos— y los traslada a un recorrido imaginario por la historia del arte occidental. Las figuras paleolíticas son reinterpretadas a través de distintos lenguajes y estilos pictóricos desarrollados a lo largo de los siglos, sugiriendo que aquellas primeras representaciones contenían, de algún modo, el germen de todas las formas de pintura que vendrían después.
La conocida afirmación atribuida a Pablo Picasso, según la cual "después de Altamira todo es decadencia", sirve como punto de partida conceptual para esta serie de transformaciones. Más que ilustrar una evolución histórica, Fontcuberta propone una reflexión sobre la continuidad de la creación artística y sobre la capacidad de aquellas imágenes milenarias para seguir dialogando con el presente.